«Portugal es, sobre todo, una literatura y, desde ahí, un paisaje de paisajes»

«En lo esencial, me gusta ver al país vecino como una Extremadura extensa y con mar», afirma

«Portugal es, sobre todo, una literatura y, desde ahí, un paisaje de paisajes»

Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) da clases en un colegio de su ciudad natal. Ha sido coordinador del Plan Regional de Fomento de la Lectura y ha dirigido la Editora Regional de Extremadura. Fue presidente de la Asociación de Escritores Extremeños y comisario del expotren Marca Extremadura. Es autor de libros de poemas como Una oculta razón (Premio Loewe), A debida distancia, Ensayando círculos, Mecánica terrestre y Desde fuera, de las novelas Las murallas del mundo y Alguien que no existe y de los libros de ensayo literario El lector invisible y Lejos de aquí. Su relación con Portugal viene de antiguo. Fue cofundador de la revista hispano-lusa, en dos lenguas, Espacio/Espaço escrito, a su paso por la Editora Regional abrió una línea, Letras Portuguesas, para dar a conocer libros publicados originalmente en el país vecino. Reconoce haber leído con fervor la poesía portuguesa contemporánea, gracias a las excelentes traducciones, entre otras, de su amigo Ángel Campos Pámpano.

- ¿Qué significa para usted Portugal?

-Quizá porque no lo conozco como debiera, por no haber nacido o vivir allí, un país ideal. Quiero decir que para uno es algo más imaginario que real, más mítico que otra cosa. Portugal es, sobre todo, una literatura y, desde ahí, un paisaje. Un paisaje, cabe precisar, de paisajes. Una suma de, pongo por caso, el Tras-Os-Montes de Torga y el Alentejo de Andrade; la Lisboa de Cesário Verde o Pessoa y el Algarve de Teresa Rita Lopes, etc. A estas alturas de mi vida no sé si quiero conocer el país concreto o si prefiero quedarme a vivir en el entrevisto a través de unos cuantos viajes y, por encima de todo, en el leído. Por ejemplo, acabo de recorrer, de la mano de António Cândido Franco, los lugares de Pascoaes, en el «noroeste galaico de la Península Ibérica», en torno a la quinta familiar de São João de Gãtao, Amarante y Travassos. En lo esencial, me gusta ver a Portugal como una Extremadura extensa y, lo que no es poco, con mar. Además, y por aquello de la saudade, uno diría que tiene un carácter portugués. Ruy Ventura ha traducido unos poemas míos que bien podrían haber sido escritos en esa lengua: la de la melancolía.

- ¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de su contacto con Portugal?

- Lo mejor, todo. No tengo ningún mal recuerdo de esos pocos pero intensos viajes y, menos aún, de lo visto desde fuera o lo leído. No he dejado de ir y venir, primero cruzando la frontera y luego ya sin ella. Por cierto, nunca me pareció menos necesaria. Según creo, el espíritu rayano no sólo afecta a las localidades limítrofes sino a Extremadura entera. Al menos de un tiempo a esta parte y para no pocos extremeños. Lo peor de Portugal, casi para cualquiera que no sea ciudadano portugués, es un conjunto de tópicos que el tiempo se ha encargado de desgastar. Esa hora menos es una bonita metáfora.

-¿Cuál cree que debe ser el papel de Extremadura como región fronteriza?

-El que ha venido jugando. El normal en una relación de favorable vecindad. Como es lógico, a uno le interesa, ante todo, el papel cultural. Espacio/Espaço escrito se encargó de definirlo hace muchos años: dar a conocer lo de aquí allá y viceversa. Respetando, por encima de todo, las lenguas respectivas, que es tanto como decir los correspondientes territorios artísticos, musicales y literarios. De igual a igual. Al fondo, por qué no, puede subyacer un viejo anhelo que sigue siendo tabú: el del iberismo. Pero esa es otra utópica historia.

- ¿Cuáles son sus principales proyectos y retos, de cara al futuro, en su relación con Portugal?

-Ya decía que quizá uno debería conocer Portugal mejor, viajando más por el país. Hay zonas que no conozco; a veces, muy cercanas. No me cabe duda de que seguiré leyendo a los poetas portugueses con la misma pasión de siempre. Por suerte, cuento para ello con excelentes traductores, a pesar de pérdidas tan dolorosas como las de Campos y Merlino.