Una propiedad inestable

Desde 1993, con al conversión en SAD, el club decano del fútbol extremeño ha conocido ya ocho propietarios.

JAVI PÉREZBADAJOZ
De izquierda a derecha, Luis Refolio, Antonio Barradas, Julio Del Camino, Vicente Montes y Eloy Guerrero, en Cáceres, tras firmar el acuerdo de compra. / HOY/
De izquierda a derecha, Luis Refolio, Antonio Barradas, Julio Del Camino, Vicente Montes y Eloy Guerrero, en Cáceres, tras firmar el acuerdo de compra. / HOY

De mano en mano va. Así se podría resumir la historia del Badajoz desde que en 1993 se convirtiera en Sociedad Anónima Deportiva. Desde entonces, el club decano del fútbol extremeño ha conocido ya ocho propietarios. Obligado por la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas, el club blanquinegro cambió radicalmente su filosofía y para muchos significó el principio del distanciamiento de la afición con la entidad. La ciudad de Badajoz representada en sus abonados de siempre convertidos en accionistas minoritarios, Bahía Torneos y Conciertos, Marcelo Tinelli, Javier Tebas, Antonio Barradas, la terna Julio Del Camino-Luis Refolio-Eloy Guerrero, este último en solitario, y ahora el nuevo grupo representado por Carlos Uriarte forman parte de la historia mercantil del Badajoz.

EMPRESARIOS Y AFICIONADOS

Una ciudad volcada con su equipo

En diciembre de 1993 comenzó una nueva era para el Badajoz. La transformación del club en SAD consiguió involucrar aún más a instituciones, empresas, aficionados y particulares con el club de la ciudad, enganchada en parte por el tirón del ascenso a Segunda conseguido un año antes. Había que cubrir un capital social de 113.000 millones de las extinguidas pesetas y toda la ciudad se volcó en la compra de acciones, principalmente liderada por Golf Guadiana y Marcial Duarte, que fueron los que más títulos suscribieron. El Ayuntamiento de Badajoz también participó con 25 millones de pesetas para cerrar 'in extremis' el proceso.

El Badajoz era de los pacenses y sus accionistas decidieron mantener a Félix Castillo como presidente de la entidad. Este idilio club-ciudad apenas duró cuatro temporadas, que por otra parte coincidieron con la mejor época del Badajoz en la parcela deportiva, justo hasta el desembarco de Bahía Torneos y Conciertos en noviembre de 1997.

En la retina del aficionado blanquinegro aún permanece imborrable la excelente primera vuelta con Marco Antonio Boronat en la 93-94 o aquella histórica temporada 95-96 en la que el Badajoz se quedó a un solo gol de la promoción de ascenso de la mano de Colin Addison y sus pupilos Carlos Torres y Zegarra. Inolvidables también fueron la campaña siguiente con Maceda en el banquillo y el internacional Eloy y la 97-98 que comenzó con el bueno de Miguel Ángel Lotina y concluyó con el 'maestro' Joaquín Peiró y el 'galáctico' Munitis -lástima de lesión- como primeras actuaciones de Bahía.

BAHÍA TORNEOS Y CONCIERTOS

La revolución Munitis

A partir de ahí, el Badajoz comenzó a mostrar los primeros síntomas de un divorcio anunciado. El club pasó a manos foráneas y el sentimiento blanquinegro comenzó a diluirse, aunque en las gradas ya hacía tiempo que el cemento se asomaba. Bahía Producciones presentó su oferta de compra y los pacenses no dudaron en correr para desprenderse de sus acciones. El grupo madrileño dedicado a la representación de jugadores colocó al mítico Adelardo Rodríguez en la presidencia en lugar de Félix Castillo.

MARCELO TINELLI (ESFINGE 20)

El 'show' argentino

La nave blanquinegra iba a la deriva, pero en junio de 1998 emergió Marcelo Tinelli desde el otro lado del Atlántico y estalló la denominada 'Badajozmanía'. Finalizada la temporada 97-98, se hizo efectivo el contrato de compra-venta del Badajoz por el 'showman' argentino (Esfinge 20, nombre del grupo de ocho empresas que compró el club a Bahía). Tinelli centralizó todo el protagonismo blanquinegro con una entrada en escena estratosférica. Prometió a Maradona, Caniggia, Bebeto..., pero finalmente ninguno apareció por el antiguo Vivero, y convirtió en una macrofiesta de luces y fuegos artificiales al más puro estilo americano cada presentación del equipo en pleno mes de agosto. Pepe Macías accedía al sillón presidencial y el vestuario se llenó de argentinos. Mancuso, los hermanos D'Amico, Romagnoli, Ezequiel Castillo, Bisconti, Bracamonte... El Badajoz era conocido en Buenos Aires casi tanto como el Boca Júniors o el River Plate y hoy los porteños entre tangos y churrascos todavía siguen recordando al club blanquinegro, incluso un equipo aficionado, el Real Extremadura, juega con su escudo y equipación oficial. Tanto creció el juguete en manos del televisivo Tinelli que acabó descontrolado y hecho trizas.

JAVIER TEBAS (ESFINGE 20)

El poder en la sombra

El globo fue deshinchándose poco a poco hasta que le estalló en sus propias manos. Tinelli se borró y le vendió el club a Javier Tebas (oficialmente a Esfinge 20) en enero de 2000. Entre medias (1 de junio de 1999), Macías había anunciado en rueda de prensa su dimisión y el Consejo de Administración designó por unanimidad a Manuel Ligioiz como su sustituto. El viejo Vivero cerraba sus puertas a finales de 1998 y con el vetusto estadio muchos aficionados dijeron adiós sin ni siquiera dar la bienvenida al Nuevo Vivero, que se inauguró en diciembre de ese mismo año.

El Badajoz había concluido en sexta posición durante las tres temporadas anteriores al aterrizaje frustrado de Tinelli y su 'show' mediático. La experiencia argentina terminó siendo desesperante para la grada en tres campeonatos al filo del alambre (14º en la 98-99, 16ª en la 99-00 y 14º en la 00-01).

ANTONIO BARRADAS

Un buen guiso mal 'alhinhado'

Con la huida hacia delante de Tinelli el club quedó gestionado por Tebas hasta que en octubre de 2001 Antonio Barradas entró en el club como un elefante en una cacharrería. Se autoproclamó presidente en detrimento de Ligioiz y le dio las riendas del equipo a Carlos Alhinho como relevo del defenestrado Juanjo Díaz. La aventura portuguesa no pudo comenzar mejor. Alhinho firmó un '7 de 7' como carta de presentación y el Nuevo Vivero parecía recuperar esa ilusión de las grandes tardes de su anciano progenitor. Pero todo resultó un espejismo y el técnico de Cabo Verde acabó en la calle, sustituido por Rodri. El carismático capitán, ahora entrenador, arregló el entuerto como pudo y logró salvar la temporada (2001-02) de forma digna.

DEL CAMINO-REFOLIO-GUERRERO

Los salvadores de la 'patria pacense'

El Badajoz había jugado tanto con fuego que acabó quemándose en el infierno de Segunda B en el ejercicio 2002-03. Barradas puso fin a una década prodigiosa en la categoría de plata y dejó al club centenario extremeño abandonado a su suerte. La entidad blanquinegra entró en coma profundo y el alcalde Miguel Celdrán recurrió a los empresarios de la ciudad para resucitar a un Badajoz moribundo. Después de interminables noches de reuniones y de promesas que luego desaparecieron con el viento y compromisos de los que nada se supo, sólo tres industriales pacenses dieron el paso al frente. Luis Refolio, Julio Del Camino y Eloy Guerrero cogieron el toro por los cuernos y el 8 de agosto del 2003 firmaron en Cáceres el acuerdo de 'precompra-venta' del Badajoz, mientras Felines aguardaba en el Hotel Río para coger las riendas del equipo.

El Badajoz volvía a ser de Badajoz después de seis años de amargas experiencias nacionales y hasta internacionales. La operación se cerró por 100.000 euros, pero lo más difícil empezaba en esos instantes. Había que reflotar el club y para ello era necesario restablecer el equilibrio patrimonial de la sociedad anónima deportiva con una ampliación de capital social. La presidencia del Consejo de Administración pasaba a ser de Manuel Pérez Lozano. Se configuró un proyecto en tiempo récord y casi sin hacer pretemporada (el club se compró el 8 de agosto) se plantó en junio en la fase de ascenso tras completar con Juanma Generelo como revulsivo en las últimas once jornadas una remontada de ensueño.

La etapa blanquinegra del tridente formado por Del Camino, Refolio y Guerrero estuvo plagada de dificultades, pero consiguió aplazar las deudas con Hacienda y Seguridad Social, esquivar un descenso de categoría al que parecía abocado en el verano de 2004 al pagar 319.765, 24 euros de las denuncias de los jugadores ante la AFE, levantar embargos de taquillas y de ayudas institucionales, aunque no se libró de que la ciudad le diera la espalda. Pero todo tenía un límite y ese llegó con la entrada de 2005.

El Badajoz comenzó el año de su centenario con los jugadores encerrados en el vestuario por impagos. La crisis institucional precipitó la salida de Del Camino y Refolio del club. Justo un año y cinco meses después, aquel acto de valentía de estos 'quijotes' pacenses acabó cediendo al pulso de los jugadores, pero antes de abandonar el barco quisieron dejar todo atado. Los dos empresarios pacenses anunciaron el 8 de enero sus deseos de vender su porcentaje de las acciones de la SAD, aunque antes de irse ambos abonaron -Guerrero no puso dinero- 100.000 euros para pagar las mensualidades atrasadas a los futbolistas, incluido el mes de diciembre.

ELOY GUERRERO

El llanero solitario

Eloy Guerrero asumía el control en solitario tras comprar en abril de 2005 la parte correspondiente a sus antiguos socios (el 66,6 por ciento de Éxitos Reunidos) por medio de una fórmula de canje por deuda, esto es a cambio de convertir en acciones la deuda de unos 700.000 euros que mantenía el Badajoz con Del Camino y Refolio.

Se desprendió de Generelo y apostó por Antonio Montero 'Nene para la campaña 2005-06. Pero los problemas económicos seguían asfixiando al Badajoz. Los jugadores hicieron público su malestar porque no cobraban y al final tanto desgaste le superó. Cansado de las críticas de cierto sector de la afición y del abandono total del Ayuntamiento, el propietario del Complejo Alcántara puso el club en venta a final de esa temporada.

Consumado el descenso administrativo entró en escena Antonio 'Cachola', quien gracias a una 'operación-chanchullo', que derivaría posteriormente en un contencioso judicial, evitó su desaparición y de paso colocaba a su Cerro en Segunda B. La plataforma 'Ambición blanquinegra' cubrió ese vacío de poder en ese periodo. Después de tres temporadas a flote con dos juntas gestoras como remeros, el Badajoz, por fin, cambiaba de dueño. Este verano, Carlos Uriarte hizo escala en Badajoz para conocer el nuevo estadio y vio el cartel de 'se vende'. Convenció a este grupo del que poco ha trascendido salvo que se trata de cuatro empresarios, uno de ellos conocido en el fútbol europeo, y nada que ver con petrodólares ni turbantes. «No va venir ningún jeque árabe a ponerle nombre al estadio, ojalá. Ni tampoco se dedican a inversiones en el fútbol. Tranquilos, que os llevaréis una gran sorpresa», apuntó el artífice de la operación.

Fotos

Vídeos