'Purito' Rodríguez, de bronce

Cadel Evans logró el título mundial por delante del ruso Kolobnev El corredor del Caisse d'Epargne estuvo cien kilómetros escapado

BENITO URRABURUMENDRISIO (SUIZA)
Alexander Kolobnev y Joaquín Rodríguez luchan por la plata. / AFP/
Alexander Kolobnev y Joaquín Rodríguez luchan por la plata. / AFP

«No he podido ni disputar el 'sprint'. Cuando me he ido con Kolobnev me han dicho que le diese relevos, que colaborase con él, que por detrás no llegaban. Le he comentado a De Santos que iba muerto». Joaquín Rodríguez, un peso pluma del ciclismo, un corredor menudo, explicaba lo que había pasado en esos últimos kilómetros en los que terminó por decidirse el título mundial que se llevó el australiano Cadel Evans.

Una victoria histórica, puesto que es la segunda medalla que consigue Australia en todos los mundiales que se han disputado y la primera de oro. La otra, de plata, fue para Robbie McEwen en 2002, en el circuito de Zolder en el que se impuso Mario Cipollini.

Evans contó en esta ocasión con la colaboración de sus compañeros de equipo. Australia nunca ha sido una selección que ha funcionado como grupo. Tienen buenos ciclistas, pero cada uno hace la guerra por su cuenta. Hasta este domingo, que se comportaron.

Llegó besando su anillo de casado, que lleva colgando al cuello.

El único corredor que fue capaz de abrir hueco en los momentos decisivos fue Evans. Quedaban tres kilómetros de un Mundial marcado por dos largas fugas de las que salieron dos medallas. Evans formaba parte de un grupo en el que estaban Cancellara, Breschel, Kolobnev, Joaquín Rodríguez, Valverde, Samuel Sánchez, Cunego y el belga Philippe Gilbert.

Fabián Cancellara ya había probado a falta de diez kilómetros para desmembrar lo poco que quedaba en pie del Mundial. Primero fue capaz de meterse en el grupo de los mejores, luego de atacar tanto subiendo como bajando. Hasta Samuel Sánchez tuvo problemas para poder seguirle.

Cancellara, que sigue creciendo como ciclista, sin ponerse límites, probó, pero en ese grupo los marcajes resultaron asfixiantes.

Valverde estaba pegado a Cunego y Samuel Sánchez, a Cancellara. Los cuatro se quedaron fuera de la lucha por las medallas.

La escapada buena

El que atacó fue Alexander Kolobnev, un ruso incombustible, que ya había sido segundo en el Mundial de Stuttgart, en 2007, una lapa de ciclista, de los que se pegan y no terminan por soltarse nunca.

Joaquín Rodríguez, que llevaba una paliza de cien kilómetros encima, es un ciclista vivo, listo en carrera, intuitivo. Se pegó a Kolobnev, al que apenas dio relevos. Parecía en principio una cuestión táctica. La realidad, según confesaba él mismo, es «que iba muerto». «No estaba para nada, ni para esprintar, ni para nada».

La selección española decidió jugarse esa opción visto el cariz que tomaba la carrera en pocos kilómetros. En ciclismo, y más en un Mundial, las situaciones cambian en décimas de segundos, en metros.

La selección tenía a cuatro corredores delante cuando se iniciaba la última vuelta al circuito, de las diecinueve programadas.

Valverde, Freire, Joaquín Rodríguez y Samuel Sánchez formaban parte de un grupo de veintiún corredores.

Eran más de los previstos. Italia había intentado hacer una selección a lo largo de siete horas quemando a muchos efectivos. No consiguieron la criba prevista. Estaban también Pozzato, Cunego, Basso, Breschel, Vinokourov, Paolini, Evans, Kolobnev o Gilbert, entre otros.

Asegurar la medalla

Cancellara, a diez kilómetros, se encargó de hacer una limpieza importante. Freire se quedó cortado. Los que sobrevivieron se iban a jugar las medallas. Hasta que Evans atacó, primero; hasta que lo hicieron más tarde Kolobnev y 'Purito' Rodríguez.

Cadel Evans sí entraba en la lista de favoritos. Los marcajes cercenaron muchas posibilidades. Ni Cancellara conseguía imponer su fortaleza, ni tampoco Samuel Sánchez, que hubo un momento en el que dio la impresión de que podía irse hacia delante. Nadie estaba para regalar nada.

Los diez primeros de la general son corredores que llegaban de la Vuelta a España. Todos han tenido la oportunidad de verse durante veintiuna etapas y tampoco sucedieron grandes cosas. Por eso la capacidad de sorpresa de los mundiales también acaba muy cercenada. Basta con ver lo sucedido con Italia.

España, donde Juan Manuel Garate dirigió el equipo por dentro y movió a sus compañeros en algunos momentos complicados, frenando incluso los ímpetus del seleccionador, José Luis De Santos, no tiene nada que reprocharse tácticamente. Aseguraron una medalla, que tal y como estaba la situación, hay que valorar.

Cadel Evans, a los 32 años, se resarce de una temporada que llevaba camino de resultar catastrófica después del Tour que realizó. Acabó tercero en la Vuelta y ahora le llega este oro. Es un corredor extraño, con muy pocos amigos en el pelotón, complicado de dirigir, de los que va a su aire. Todo eso es verdad, pero también lo es que es de lo mejorcito que hay a nivel mundial para las grandes pruebas del calendario. Evans no realizará grandes exhibiciones pero de vez en cuando hace cosas importantes.

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