Un artista 'secreto' para el gran público

Desde mediados de los años ochenta del pasado siglo, el nombre de Ceferino Lópéz figura junto a otros tan destacados del panorama fotográfico como Tony Catany, Gabriel Cualladó, Schommer, Joan Fontcuberta o Javier Vallhonrat. Presente en las primeras ediciones de la Feria ARCO, en 1983 y 1984, Ceferino López es uno de esos genios semiocultos todavía para la mayoría de los extremeños, obligado a la ardua tarea de los «trabajos alimenticios» a pesar de que su figura aparezca analizada en libros tan prestigiosos como 'La fotografía en España', Summa Artis, de Espasa Calpe; 'Historia de la fotografía', de Marie-Loup Sougez (Cuadernos Arte Cátedra); 'Historia de la fotografía en España', de Publio López Mondéjar, publicada por Lumwerg o en el exhaustivo 'Fotografía de creación', de José Gómez Isla, publicado por la Editorial Nerea.

Nacido en Mérida en 1954 («aunque yo me considero de Calamonte»), sus obras figuran en colecciones como las de Polaroid (USA), Museo Español de Arte Contemporáneo, Colección Cualladó, IVAM, Colección Forum (Tarragona) o en la del MEIAC de Badajoz. Becado en Artes Plásticas de los Premios Constitución del año 1986, en 1991 recibió el primer Premio Constitución de Fotografía de la Junta de Extremadura.

Antes de trabajar para distintos proyectos de imagen del Museo Nacional de Arte Romano y del Festival de Teatro Clásico de Mérida, Ceferino López, casado y padre de dos hijas, recorrió mundo buscándose la vida. Cursó toda la enseñanza secundaria interno en el Colegio de los Salesianos de Mérida y el Preu en el Instituto Santa Eulalia. Aunque en un principio pensó estudiar Matemáticas, al final se matriculó en Magisterio en Badajoz, pero abandonó esa carrera para «aprender fotografía». Trabajó en Bilbao, «repartiendo propaganda», hizo la mili en Jerez de la Frontera y se trasladó a Barcelona. Después a Almaraz, a la Central Nuclear «donde acabé haciendo fotos e informes técnicos de las soldaduras». El siguiente paso, Suiza, y de ahí a Azuaga, donde conoció a Amalia, su mujer. Para entonces ya había pasado por Sevilla, donde montó un estudio con un amigo alemán y se ejercitó en los retratos (incluidos ferias y acontecimientos públicos). Durante varios años trabajó también como fotógrafo de prensa de HOY y abrió en Mérida una tienda tan singular como él mismo, bautizada con el nombre 'El Museíno'. ¿En qué trabaja ahora? Muy sencillo. «Estoy centrado en el proyecto 'Círculo vicioso'. Es un dominio: , un sitio web con tienda on line, donde puedes comprar directamente. Por un lado vendo productos ya hechos y por otro productos personalizados, por encargo», explica. «Por ejemplo, me acaban de pedir un presupuesto de cuánto costarían cincuenta imanes para el bautizo de sus hijos, porque tienen dos y los van a bautizar. Yo lo que hago son imanes, espejos y chapas. Siempre en formato chapas. No tiene más misterio. También tiene otra vertiente, que es la artística. Por ejemplo, la colección 'Emérita plástica', con esos tres formatos: imanes, chapas y espejos, de artistas de Mérida: Manolo Acedo, Javier Fernández de Molina, Enrique Flores, Antonia Santolaya y Ana López, mi hija». En su estudio, rodeado de cuadros, ordenadores, fotografías y una colección de vacas en miniatura «porque mi padre tenía vacas», Ceferino López pasa ahora su vida.