Extremadura con su Patrona

La amenaza de la gripe A no hace cambiar la costumbre de los fieles de besar el manto de la Virgen de Guadalupe

SERGIO LORENZOGUADALUPE
Extremadura con su Patrona

Son las once y media de la mañana en la basílica de Santa María de Guadalupe. Parece que no cabe una persona más en el templo lleno de gente, pero por las escaleras de la entrada una mujer de unos 70 años sube los peldaños de rodillas. La mujer es delgada, va vestida de negro, muy arreglada, negro también el bolso. Atraviesa como puede el bosque de piernas con la cabeza mirando hacia las baldosas. En los altavoces se escucha la homilía del arzobispo de Toledo y primado de España, el cardenal Braulio Rodríguez que habla de la alegría de ser cristianos, una alegría «que no se compra en el súper ni en las grandes superficies comerciales, que sólo tiene el Padre de los cielos». Habla desde el altar en el que le acompañan los tres obispos de Extremadura (Coria-Cáceres, Plasencia y Mérida-Badajoz) y el obispo de Segovia, Ángel Rubio, que ha nacido en la Puebla de Guadalupe.

Detrás de Braulio Rodríguez, que es la primera vez que preside esta misa del 8 de septiembre como arzobispo de Toledo, se encuentra la talla negra de la Virgen de Guadalupe con su hijo, cubiertas las dos figuras con mantos dorados, bajo un dosel de terciopelo rojo y sobre flores blancas.

Calor y abanicos

Frente al altar, en primer término, se encuentran las autoridades: el presidente de la Junta de Extremadura, el presidente de la Asamblea, la vicepresidenta primera, la consejera de Cultura, los presidentes de las dos diputaciones, la delegada del gobierno, los dos subdelegados, el presidente regional del PP, la alcaldesa de Cáceres, el alcalde de la Puebla de Guadalupe, el delegado de Defensa... Detrás un mar de hombres y mujeres que combaten el calor con abanicos.

El arzobispo termina la homilía pidiendo a Santa María de Guadalupe que todos tengan un mayor conocimiento de la Biblia, y más alegría por pertenecer a la Madre Iglesia.

Doscientos descalzos

La misa había empezado a las once y cuatro minutos de la mañana en un templo abarrotado que daba vivas a la patrona de Extremadura, a la patrona de la Hispanidad, «a la reina de los Extremeños», y concluyó a las doce horas y doce minutos con los mismas vivas.

A esa hora comenzó la procesión de la imagen de la Virgen de Guadalupe por el claustro. Encabeza la marcha religiosa 54 personas de rodillas y unas doscientas personas descalzas.

Al terminar el recorrido por el claustro, personal de Cruz Roja atiende a los fieles en una habitación. Limpian con agua oxigenada las rodillas desolladas de las mujeres. Algunos de los penitentes eran hombres, como un padre que realizó el recorrido agarrado por la mano a su hijo de unos 10 años, al que abrazó llorando cuando terminó la procesión. La mayoría sufren de esta manera para pedir una promesa, y muchos son de pueblos de la zona.

Al terminar el recorrido algunos lloran y otros hacen verdaderos esfuerzos por no hacerlo. «Lo mejor para la gente que hace la promesa de ir en rodillas - dice un voluntario de Cruz Roja -, es que lo hagan con las rodillas al aire, si lo hacen con los pantalones es peor».

A los doce voluntarios de Cruz Roja llevan en volandas a un muchacho de unos 13 años que ha tenido una lipotimia por el calor.

«¡Tráenos agua!»

Los vivas a la Virgen no cesan en toda la procesión. Cuando llega a la zona de la sacristía, a la una y cuarto, le reciben los caballeros de la Virgen de Guadalupe entre aplausos, uno de ellos grita: «¡Agua, Virgen Santísima. Tráenos Agua!». La mayoría de los caballeros van vestidos con chaqueta azul oscura, cruzando el pecho una banda azul celeste. Hay más de 1.100 caballeros de la Virgen de Guadalupe, unos 100 están aquí.

Llega la hora de llevar con cuidado a la Imagen, del paso al altar, y muchos fieles, sobre todo mujeres, hacen todo lo que está en su mano para llevarse alguna de las flores blancas de las andas.

A la una y media comienza el besamanto y se ve entonces que el temor a la gripe A no ha cambiado la costumbre religiosa. De cada 20 fieles sólo uno no besa el manto. Muchos primero besan la tela dorada y luego se la acercan a la frente, hay una mujer que incluso se pasa la tela por los hombros y el cuello. Muchos también pasan por el manto estampitas de la Virgen.

El manto lo realizó hace dos años la comunidad franciscana como regalo a la patrona de Extremadura. Lo diseñó Fray Javier Córdoba y lo cosió Josefa Rubio.

Corazón de Extremadura

La gente se arremolina alrededor de la Imagen haciendo cola. Un sonriente fraile llama la atención al periodista, «de lo que nunca hablan ustedes - señala -, es del corazón de Extremadura que lleva la Virgen de Guadalupe». El fraile le lleva junto a la Imagen para enseñárselo, «mire, está detrás de la cabeza del niño Jesús, es un corazón formado por rubíes que se hizo en los años cincuenta, es una joya de mucho valor que se compró con aportaciones económicas de los extremeños, por eso se le llama el corazón de Extremadura».

El cardenal Braulio Rodríguez, el nuevo arzobispo de Toledo se muestra satisfecho después de celebrar una misa tan multitudinaria, llena de tanto sentimiento. «Tenía ganas de estar aquí el 8 de septiembre - comenta a HOY-. He sentido una alegría muy grande porque se ve en la gente un gran cariño a la Virgen, ...y esa manera de expresar su fe. Unos han venido caminando, otros llevan aquí unos cuantos días. Este es un lugar especial y grato».

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