Elvas, algo más que marisco

A ocho kilómetros en línea recta de Badajoz: Elvas. Para muchos extremeños, un lugar al que se acude a comer marsico, pero también la tercera ciudad del Alentejo y tal vez la más inquieta, más incluso que Évora. Elvas, marisco, compras y seis museos, y 19 hoteles, y 21 iglesias, y la ciudad más fortificada de Europa...Elvas.

Dos vendedores ambulantes buscan un lugar idóneo para vender sus productos en la principal calle comercial de Elvas. /ESPERANZA RUBIO./
Dos vendedores ambulantes buscan un lugar idóneo para vender sus productos en la principal calle comercial de Elvas. /ESPERANZA RUBIO.

La crisis se nota en Elvas de domingo a miércoles. Durante esos días, la Rua de Alcamim y las plazas de la República y del 25 de abril tienen ambiente local y hay tiendas que ni abren. El jueves, la cosa empieza a animarse: abren más tiendas, es difícil encontrar una silla libre en las terrazas y se escucha hablar español en la calle. Para sumarse a la fiesta, decenas de nativos se citan en las plazas y se mueven por el entorno de las zonas comerciales.

Al llegar el viernes, Elvas vuelve a ser la ciudad fronteriza y comercial de siempre: la Rua de Alcamim rebosa de señoras comprando y maridos esperando, en las pastelerías no dan abasto sirviendo tostadas y bollos de nata y ese día, los restaurantes contratan a más camareros porque saben que llega la invasión extremeña.

Elvas revive. De agonía, nada de nada. La ciudad siempre fue populosa y rica. En 1801 tenía 16.963 habitantes. Cien años después superaba los 21.000. Llegó a su apogeo demográfico, como casi todas las villas del Alentejo y Extremadura, en 1960 con 28.562 ciudadanos de derecho. Languideció una pizca después con la emigración (22.691 en 2003), pero ha vuelto a resurgir y hoy alcanza las cifras de hace 40 años (28.279, censo de 2008).

Conciertos de verano

Elvas es la ciudad más poblada del distrito de Portalegre, pero en lo que destaca sobre las demás capitales alentejanas es en su vitalidad y en su modernidad. Este verano, escuchando en sus conciertos nocturnos a Marco António y los Lucky Luckies o a la elvense Raquel Guerra, triunfadora en televisión, se palpaba en el estilo, en la manera de vestir y en las conversaciones un aire desenfadado y vital que no encontramos en noches anteriores ni en Évora, ni en Portalegre, ni tan siquiera en Castelo Branco.

La ciudad fronteriza vive esperanzada con la llegada del AVE y con la construcción de la plataforma logística Elvas-Caia, para la que se han presupuestado 59 millones de euros. Pero estas ilusiones tienen un nubarrón en el horizonte que las amenaza. Esa nube se llama PSD. El partido de Manuela Ferreira Leite ha avisado de que si gana las elecciones dentro de un mes, no habrá dinero para esos proyectos y los socialistas elvenses, liderados por José Rondão Almeida, el gran patriarca, intentan convertir a doña Manuela en la madre de todas las brujas.

Padre y patrón

José Rondão, alcalde sempiterno, padre y patrón, da en vida nombre al coliseo elvense (6.500 plazas) y en las noches de verano, cena en una terraza de la plaza de la Catedral mientras las actuaciones nocturnas se suceden y los vecinos lo saludan con fervor. Su partido arrasó hace cuatro años en las 11 parroquias del municipio, consiguiendo seis de los siete concejales. Las encuestas pronostican una nueva victoria.

La ciudad se ha desarrollado bajo su mandato y su autoridad y predicamento es semejante a la de Miguel Celdrán en Badajoz. Elvas cuenta con seis pequeños centros comerciales y con siete supermercados de tamaño medio tipo Intermarché o el flamante Pingo Doce. Faltan grandes superficies porque Rondão no deja que se instalen, aunque pujó con Badajoz por conseguir Ikea. El Centro de Negocios Transfronterizos es el marco donde tienen lugar 10 salones feriales de cierta importancia y, además del comercio, actividad tradicional de la ciudad, cuenta con industrias alimenticias (tomate, aceitunas, arroz, brandy).

En Elvas hay una Escuela Superior Agraria y en el aspecto del ocio y la cultura, llaman la atención sus siete complejos municipales de piscinas, sus nueve instalaciones ecuestres, los magníficos estadios de atletismo y fútbol y las siete plazas de toros del término municipal, con capacidad para 15.600 espectadores en total. Hay 19 hoteles, un camping, tres complejos de turismo rural y varios emblemas monumentales: el acueducto de Amoreira levantado entre 1498 y 1622, la Catedral, el Puente de Ajuda y los seis fuertes militares, que con el castillo medieval convierten a Elvas en la ciudad mejor fortificada de Europa.

Eso es al menos lo que se puede leer en informes, libros y folletos y mejor será no dudar de ello. Los portugueses, y los elvenses los primeros, son un pueblo que necesita ser amado. Presumen de lo que tienen y lo ensalzan incluso desmesuradamente. Son un pueblo con menos amor propio que otras naciones europeas, por eso se autocritican fácilmente y no confían demasiado en ellos mismos. Pero soportan difícilmente la crítica de los extranjeros. Quieren gustarles, destacan lo que creen que los singulariza y les duele más que a otros pueblos que se minusvaloren sus encantos.

Por ejemplo, esos siete fuertes espectaculares que rodean Elvas o ese Museo de Arte Contemporáneo que en pleno centro, a un paso de la calle comercial, se ha convertido en uno de los atractivos fundamentales de la ciudad. En él se atesora la formidable colección António Cachola, responsable económico del imperio cafetero de Rui Nabeiro. Inaugurado en 2007, el museo ocupa el antiguo Hospital de la Misericordia y está formado por obras de 73 artistas contemporáneos portugueses. En el último piso tiene una cafetería muy agradable desde la que se contemplan unas vistas muy bellas de la ciudad.

Hotel de lujo

Hay otros cinco museos y dos más en construcción. También se proyecta un hotel de lujo en el Forte de Graça. Este fuerte es uno de los seis que conforman el recinto abaluartado de Elvas, que los españoles visitan muy raramente. El sistema defensivo elvense se basa en las suaves elevaciones que rodean la ciudad. En cada una de ellas se levanta un fuerte.

Las fortificaciones aspiran desde el pasado 21 de mayo a ser declaradas Patrimonio Mundial de la Unesco. Estas fortalezas son el mayor conjunto de construcciones abaluartadas que existe en el mundo y convirtieron a Elvas en una posición estratégica en las diferentes guerras con España, además de dibujar su identidad a partir de la alteridad: el otro como enemigo, pero también como detonante de sentimientos colectivos.

Elvas resistió los seis sitios españoles de 1644, 1658, 1663, 1706, 1711 y 1801. En 1659, la victoria portuguesa en la batalla de las Linhas de Elvas salvó la ciudad y el país de caer en poder de Felipe IV y de España.

Esa batalla se ha convertido en la referencia mítica local y da nombre al semanario más influyente de la localidad. Pero si Elvas debe su importancia a su resistencia episódica contra España, también debe su desarrollo a su relación amistosa con España.

Esta fraternidad se palpa en su hermanamiento tan solo con dos ciudades: Olivenza y Badajoz, en su trato deferente hacia los españoles y en esa retórica que lleva a Marco Antonio, cantante de los Lucky Luckies, a dedicar siempre en sus conciertos veraniegos de Elvas una canción a los «irmãos de Badajoz».

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