Ascenso heroico del Cacereño

El equipo logra sobreponerse al 'infierno' de La Palma y alcanza la Segunda B ganando además el partido con un gol de Rubén Jurado

CLAUDIO MATEOS| ENVIADO ESPECIAL / LA PALMA
Los jugadores del Cacereño lo celebran en el vestuario. / CÉSAR BORJA/
Los jugadores del Cacereño lo celebran en el vestuario. / CÉSAR BORJA

El CP Cacereño triunfó ayer en todos los sentidos en los que lo puede hacer un equipo de fútbol. Los hombres de verde rubricaron una de las actuaciones más serenas y valientes de la historia de este club, una hazaña que cobra aún mayor relevancia porque se trataba del último escollo que había que salvar en la lucha por el ascenso.

Con el 2-0 de la ida en el Príncipe Felipe, el Tenisca necesitaba salir a morder desde el pitido inicial. Primero intentó jugar al fútbol, pero cuando vio que con el balón en los pies no tenía nada que hacer ante futbolistas que, simplemente, eran mejores, recurrió a la violencia y a la marrullería.

Los jugadores cacereños, soportaron, sobre todo en la segunda parte, patadas, empujones, puñetazos, codazos y hasta un pisotón en la cabeza a Palero, mientras el árbitro balear al que le tocó en desgracia dirigir este encuentro, el balear Miguel Guardiola, hacía como que no veía lo que estaba ocurriendo sobre el terreno de juego.

Control y fútbol

Pero el Cacereño ni se amilanó ni perdió la cabeza. Contestó a las provocaciones de un rival cada vez más desesperado con hombría y señorío. Y con fútbol. De ahí que, tras aguantar el arreón que lanzó el Tenisca al principio de la segunda parte, lograra controlar el partido hasta el final con una gran actuación de la defensa y, sobre todo, del portero Josete, uno de los héroes más destacados en el estadio Virgen de las Nieves.

A medida que se acercaba el pitido final parecía cada vez más claro que el ascenso no se escapaba, pero por si acaso, y para evitar más sufrimientos, Rubén Jurado se encargó en el minuto 87 de rematar una contra con un gol que vale un ascenso, que además fue el tanto número cien del Cacereño en esta gran temporada.

El equipo explotó de alegría y se lanzó a los pies de la grada donde se encontraban el centenar de aficionados que han acompañado al equipo a esta aventura de La Palma con final feliz. El máximo accionista, Antonio Martínez Doblas, no pudo aguantar más en el palco y se dirigió a la tribuna de prensa para seguir los últimos minutos con lágrimas en los ojos.

Ese gol de la tranquilidad podría haber llegado antes y haber matado así la eliminatoria, pero tanto Rocha como Toni no lograron culminar las dos mejores ocasiones del encuentro, el primero porque se lo impidieron casi en la línea de gol entre el portero y un defensa, y el segundo porque la pelota se fue alta por un palmo tras un disparo desde dentro del área.

Tuvieron sus ocasiones

El Tenisca también dispuso de algunas buenas oportunidades, sobre todo a balón parado y en internadas por la banda al inicio de la segunda mitad, pero no lograron un gol que, entonces sí, le habría puesto las cosas muy difíciles al Cacereño, ya que la presión de la grada se hubiera incrementado aún más.

El campo finalmente no se llenó. Acudieron unas 2.000 personas y hubo un fuerte dispositivo policial con fuerzas de Intervención llegadas desde la vecina isla de Tenerife. Aunque por momentos los ánimos se caldearon tanto en el césped como en las gradas, el encuentro concluyó sin incidentes serios, ya que en ningún momento los aficionados más radicales del Tenisca entraron en contacto con los del Cacereño.

Mientras en Santa Cruz de la Palma se conseguía y se empezaba a celebrar el sueño del ascenso, en Cáceres la afición hacía lo propio en el Paseo de Cánovas. El Cacereño emprendió el viaje de regreso desde Canarias en un ambiente de euforia que ya empezó a manifestarse nada más terminar el partido en el estadio del Tenisca. La comitiva extremeña salió directamente hacia el aeropuerto escoltada por varios furgones policiales.

La llegada de los jugadores al aeródromo palmero fue una completa fiesta. Allí se encontraron por vez primera con la afición cuerpo a cuerpo tras el partido. Los vítores y los abrazos se sucedieron ante la mirada sorprendida del resto de viajeros ajenos al éxito Cacereño. «Adiós a Tercera, adiós», «El año que viene, Arroyo-Badajoz», y por supuesto «Ca-ce-re-ño, Ca-ce-re-ño» eran los cánticos más coreados, aunque el que mayor fortuna hizo por lo apropiado del momento fue «Este infierno lo hemos apagado», una referencia festiva a las advertencias que durante toda la semana habían llegado desde la isla sobre el ambiente que se iba a encontrar el equipo en el Virgen de las Nieves.

«Que nos esperen en la Plaza Mayor que ya vamos para allá», gritaba Rocha ante los micrófonos de las radios. El cacereño fue uno de los que más sufrieron el juego marrullero que practicó el Tenisca, por lo que la victoria le sabía aún mejor.

Una vez en el avión, el protagonista indiscutible fue Lolo Guerrero. El sevillano recurrió a su don de gentes para apropiarse del micrófono de la megafonía y armarla. Ante una afición entregada, recitó uno a uno los nombres de toda la plantilla y el cuerpo técnico, cantó todo lo que quisó y logró arrancar ovaciones para todos, desde el utillero hasta el presidente. También tuvo un recuerdo emocionado para el tío de Sergio Sánchez, que falleció la semana pasada.

La anécdota fue que el club invitó a trasladar en su avión a una veintena de estudiantes gaditanas, que el día anterior habían perdido su vuelo desde Tenerife y que se unieron a la fiesta bailando, coreando las consignas y haciéndose fotos con los futbolistas, sobre todo Valtierra y Rubén Jurado.

La tensión que en la víspera reflejaban los rostros de todos los componentes del equipo se habían transformado en caras de felicidad. Al presidente, Antonio Martínez Buzo, no se le caía la sonrisa de la boca mientras saludaba casi uno por uno a todos los miembros de la expedición, unas 180 personas entre jugadores, técnicos, directivos, amigos y familiares, seguidores, periodistas y estudiantes gaditanas. Hasta alguien habitualmente serio como es el entrenador, Ángel Alcázar, se reía a mandíbula batiente con las ocurrencias de sus jugadores, que a ratos adquirieron tintes surrealistas. Incluso hicieron la conga por el pasillo del avión para 'visitar' a los seguidores que viajaban en la cola.

Las ganas de llegar a Cáceres eran grandes, pues a través de los móviles habían ido recibiendo noticias de la que se estaba armando en el Paseo de Cánovas tras la retransmisión televisiva que los aficionados verdiblancos pudieron seguir en la pantalla gigante instalada para la ocasión. La fiesta no había hecho más que empezar.

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