Miles de vascos desbordan Bilbao para exigir en silencio la desaparición de ETA

La viuda garantiza a los terroristas que «no van a conseguir nada más, porque hay mucha gente como mi marido y no van a poder con ellos»

MELCHOR SÁIZ-PARDO| COLPISA. BILBAO
Miles de manifestantes llenaron las calles de Bilbao bajo el lema 'ETA no. por la libertad'; a la cabeza de la manifestación los familiares de Puelles y de otras víctimas de ETA. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
Miles de manifestantes llenaron las calles de Bilbao bajo el lema 'ETA no. por la libertad'; a la cabeza de la manifestación los familiares de Puelles y de otras víctimas de ETA. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Miles de ciudadanos vascos (algo más de 25.000, según la Policía Municipal) secundaron ayer la convocatoria del 'lehendakari' del Gobierno vasco y se manifestaron por el centro de Bilbao en repulsa por el asesinato del inspector de policía Eduardo Antonio Puelles García. Aunque la protesta debía ser silenciosa, los aplausos en homenaje al agente retumbaron durante buena parte de los 50 minutos que duró la marcha y que concluyó en la escalinata del Ayuntamiento de la capital vizcaína.

Allí, de manera imprevista, Paqui Hernández, viuda del agente, se acercó al micrófono que acababa de usar Patxi López y quiso dirigirse a los asistentes a la marcha, aunque su mensaje iba dirigido a los asesinos de su marido: «Lo único que han conseguido son dos huérfanos y una viuda. No van a conseguir nada más, porque gracias a Dios hay mucha gente como mi marido y no van a poder con ellos... porque van a salir más y más», prometió.

La marea humana había recorrido casi 2,5 kilómetros encabezada por una única pancarta con el lema 'Por la Libertad. ETA no', en castellano y en euskera. Tras ella se situaron los familiares más cercanos de Puelles, entre ellos sus hijos Rubén y Asier y dos de sus hermanos. Junto a ellos, familiares de Ignacio Uría, Jesús María Pedrosa, José María Korta, Isaías Carrasco o Juan María Jáuregi, también asesinados por ETA. En primera fila hubo asimismo representantes de Policía, Guardia Civil y Ertzaintza, así como compañeros del funcionario muerto.

El acto fue una muestra de la unidad de los demócratas frente a ETA. Esta vez no hubo disensiones. Detrás de los familiares y amigos se situaron el presidente vasco y todos sus consejeros, miembros del Ejecutivo central como la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y dirigentes de todo el arco parlamentario: Leire Pajín, Antonio Basagoiti, Arantza Quiroga, Ana Mato, Cayo Lara, Iñigo Urkullu y líderes sindicales y patronales vascos.

Mucho antes de que a las 18.10 horas arrancara la protesta, los alrededores de la plaza del Sagrado Corazón estaban ya repletos con manifestantes que portaban algunas banderas de España e ikurriñas. Otros miles de ciudadanos, animados por el buen tiempo que reinó durante la tarde en Bilbao, acompañaron desde las aceras el paso de la manifestación con continuas ovaciones a los familiares del policía y al resto de víctimas del terrorismo que, por primera vez, encabezaban en el País Vasco una protesta tan multitudinaria.

La manifestación de ayer, la primera que el Gobierno vasco convoca en una gran ciudad desde que enero en enero de 2007 encabezara una marcha de 80.000 ciudadanos en repulsa contra el atentado de Barajas que acabó con la tregua, transcurrió sin incidentes.

Tras recorrer el corazón de la ciudad, la marcha concluyó en el Ayuntamiento de Bilbao, donde la viuda de Puelles, Paqui Hernández, abrazada aún a la bandera nacional que cubría el féretro de su marido durante las exequias de la mañana, se unió a la protesta. La viuda besó a sus hijos entre una nueva ovación de los presentes.

Fue allí, en la escalinata del Consistorio donde Patxi López, pasadas las 19.00 horas, tomó la palabra. Primero en euskera para leer un poema escrito por él mismo, y luego en castellano para garantizar que su gobierno «no va a ceder un solo milímetro a los liberticidas, a los silencios cómplices, a las almas cargadas de odio y a los chivatos» del entorno etarra.

El presidente vasco prometió a la mujer e hijos de Puelles que nunca estarán solos y que el País Vasco «se construirá sobre la memoria de las víctimas y no sobre la de los verdugos». El 'lehendakari' volvió a usar la expresión «uno de los nuestros», advirtió a ETA de que «ya ha perdido», y gritó «¡Queremos vivir en libertad, sin ETA y sin violencia!», antes de abrazarse a Paqui Hernández y a los hijos del policía.

La viuda, muy emocionada, tomó entonces la palabra para gritar a los asesinos que no podrán salirse con la suya.

En una intervención desgarradora, la viuda de Puelles reconoció que «me han hecho daño», pero dijo a quienes mataron al inspector de la Policía Nacional que «les va a costar mucho poder conmigo y con mi familia». «A mi no me van a llorar, lloraré en mi casa, aquí no. No les voy a dar ese gusto», añadió.

Tras dar un «viva» al País Vasco y explicar que «aquí se puede vivir muy bien porque hay gente muy decente, muy honrada», indicó que «cada uno tiene sus ideas pero las defienden hablando y no matando».

Finalmente, señaló que quienes asesinaron a su marido «son asesinos, no son presos políticos» y pidió «que no vengan sus familias pidiendo dinero para ir a verlos porque son presos políticos. No, mentira, son asesinos», concluyó.

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