La leyenda y la historia se mezclan en las fiestas de la Octava del Corpus

Declaradas de interés turístico nacional en 1973, reviven la conquista del castillo de Capilla a los moriscos en el siglo XVI

JOSÉ ÁLVARO VILLAREJO| PEÑALSORDO
El sargento marca los tiempos y pautas de la fiesta. / J. A. VILLAREJO/
El sargento marca los tiempos y pautas de la fiesta. / J. A. VILLAREJO

Peñalsordo celebra a partir de hoy una de las fiestas más singulares y pintorescas de la región en la que se mezclan la historia y la leyenda. Con la Octava del Corpus, declarada de interés turístico nacional en 1973, el pueblo revive la conquista por las tropas cristianas del castillo de Capilla a los moriscos en el siglo XVI.

El jefe de las mesnadas castellanas se encomendó al Santísimo y obtuvo la victoria con la estratagema de utilizar un rebaño de carneros con teas sobre los cuernos ante cuya visión el enemigo abandonó la fortaleza. En agradecimiento, fundó la cofradía que aún pervive.

El 'abuelo', la 'abuelita' y el 'nieto' o 'Rafaelito' son los personajes centrales de los festejos que se rigen por unas pautas y tiempos muy precisos marcados por el sargento de la cofradía. Acompañado del tamborilero, hoy, festividad del Corpus Christi, recorrerá las casas de los cofrades y los convocará en la casa del mayordomo o 'bullidor'. Juntos marcharán a celebrar la misa y posteriormente salir en procesión con la custodia con sus jefes al frente. Al final, el sargento, que ha mantenido su insignia boca abajo, la levanta al grito de «¡Alabado sea el Santísimo Sacramento!», que es coreado por todos con la frase «Por siempre alabado sea». Delante del Santísimo y andando de espaldas, el 'abuelo' y la 'abuela' van tocando unas grandes castañuelas.

El domingo de la Octava, el día central, por la mañana, los cofrades, vestidos con unos pintorescos trajes van a recoger al abuelo y a la abuela y se dirigen al Cacho Dehesa, donde los burros forman un círculo, y en el centro quedan los jefes y dos vaquillas. Al sonar un disparo, los burros se espantan y las vaquillas cornean a los cofrades derribados.