Una visión desde Lusitania romana

Trescientos especialistas de todo el mundo se reunirán en Mérida para participar en el XI Coloquio Internacional sobre Arte Romano Provincial

TRINIDAD NOGALES BASARRATE |
Museo Nacional de Arte Romano./HOY/
Museo Nacional de Arte Romano./HOY

A partir de mañana lunes, Día Internacional de losMuseos, y hasta el jueves 21 demayo, se darán cita en Mérida, en el Palacio de Congresos y Exposiciones, casi tres centenares de especialistas de todo el mundo en el XI Coloquio Internacional sobre Arte Romano Provincial, para debatir sobre el tema Roma y las provincias: modelo y difusión. Por vez primera, en los más de veinte años de existencia de estos coloquios, se celebra en la Península Ibérica. El encuentro, coorganizado por el Departamento de Investigación del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR) y el Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC), situará a la capital de la antigua Lusitania, Augusta Emerita, en el punto focal de la investigación internacional sobre arte romano. Sirvan estas reflexiones para entender cuál ha sido y es el papel de los museos en la investigación, teniendo Extremadura en el Museo Nacional de Arte Romano uno de sus referentes desde 1838, al que acuden centenares de especialistas todos los años no sólo en visitas de estudio con sus grupos de alumnos, sino investigadores individuales que trabajan en su magnífica biblioteca de más de 40.000 volúmenes especializados y que sacan adelante importantes proyectos, muchos de los cuales son la base de una futura proyección internacional de nuestro territorio.

El concepto de Arte Romano

Hasta hace algunos años en la investigación sobre temas romanos, en particular los dedicados a la producción artística, el concepto provincial tenía una cierta carga peyorativa, y los grandes programas y proyectos se articulaban sobre centros neurálgicos del Imperio, la propia Roma o las grandes ciudades del oriente romano, quedando el resto relegado a un segundo plano. No eran los asuntos de provincias objetos de grandes análisis ni debates. Los asuntos provinciales se trataban a una escala local, y pocas eran las grandes escuelas arqueológicas, en especial la alemana y anglosajona, las que tenían líneas de investigación destinadas a analizar la producción de las provincias. Pero los avances científicos de los últimos treinta años han auspiciado que el papel de las provincias haya irrumpido en el panorama internacional dedicado a la romanización. Desde los distintos territorios de las antiguas provincias del Imperio Romano, tanto orientales como occidentales, se han iniciado nuevas vías de apertura, entendiendo que en el concierto del Imperio romano todos los territorios tuvieron su papel, en mayor o menor medida. Teniendo en cuenta que las provincias deseaban sistemáticamente «emular» a Roma, puesto que muchas de sus elites locales eran romanos trasladados a provincias o provinciales que deseaban asemejarse a su gran urbe, los patrones artísticos provinciales solían inspirarse en los modelos romanos. Y este flujo desde las provincias a la metrópoli y viceversa hoy es el guión de un importante filón argumental que los investigadores sobre la romanidad venimos desarrollando.

Nuevo territorio en el arte del Imperio

El occidente de la Península Ibérica, lo que iba a ser a partir de época de Augusto a fines del siglo I a.C. una nueva provincia hispana, era un territorio culturalmente muy diverso. Los pueblos que habitaban en este oeste peninsular poseían una tradición artística muy variada, donde se fundían elementos celtas en el norte, vetones por la región central y orientales en el sur, pero comparados con otras regiones de Hispania apenas tenían una entidad creativa de gusto clásico. Cuando Roma inicia su proceso de conquista y ulterior creación de centros urbanos no existía en esta zona un arte de la calidad del romano, en especial en el terreno de la escultura. Eran obras de materiales locales las producidas aquí, los famosos verracos vetones o los guerreros de tradición celta, entre otros ejemplos. El mármol, como material escultórico era desconocido por estos pagos, y serán los artistas romanos los que traigan este nuevo lenguaje plástico y lo enseñen a los locales, creando así nuevas líneas de trabajo. Los colonizadores romanos aportan un nuevo arte, y para ello han de venir maestros itálicos que decorarán las nuevas ciudades siguiendo los gustos de Roma. Estas versiones provinciales de los patrones metropolitanos serán muchas veces fieles reflejos de las grandes creaciones. Los restos que hoy nos han llegado, las más de las veces del entorno provincial, nos han servido para conocer cómo fueron los originales. En el terreno de la investigación sobre el Arte Romano en Lusitania el Museo Nacional de Arte Romano lidera uno de los equipos más productivos al respecto, no sólo por los numerosos programas que tutela con la participación de las más prestigiosas entidades lusas y de origen internacional,

sino también por la creación de programas como el de STVDIA LVSITANA, en el que se han editado ya 5 volúmenes monográficos sobre estas cuestiones, gracias al concurso de instituciones regionales, especialmente el Gabinete de Iniciativas Transfronterizas y los programas regionales de I + D de la Dirección General de Universidad y Tecnología de la vicepresidencia segunda y Consejería de Economía, Comercio e Innovación de la Junta de Extremadura, además de entes portugueses, alemanes o franceses que mantienen desde hace décadas la ligazón académica y científica con el MNAR, como auténtico Centro Nacional de Estudios Romanos.

Augusta Emerita

El papel de la capital provincial, Augusta Emerita, fue el de catalizador de los patrones y directrices de Roma, esencialmente por su rango político- administrativo, como capital provincial que deseaba alzarse en un territorio poco romanizado como espejo e imagen de la capital del Imperio, la propia Roma. Los colonos itálicos que llegaron a Lusitania y se establecieron en su capital traían consigo las tradiciones de susmayores en el arte. Los retratos que poseemos en las espléndidas colecciones del MNAR nos reflejan unos rostros en mármol salidos de las manos de escultores que conocían esta noble piedra. Estos mismos escultores se hubieron de aclimatar a la carencia de artistas que pudieran resolver los trabajos a su modo y manera. No estaban las canteras de mármol en plena producción hasta los primeros decenios del siglo I d. C., y estos años iniciales se habrían de importar algunas obras de alto nivel, como eran las efigies de los emperadores. Al igual que la capital provincial, las ciudades lusitanas tendrán una primera fase artística en granito o piedraslocales, que en Emerita se plasma en los primeros años del Teatro (16- 15 a.C.) o el Foro colonial-Templo de Diana y sus edificios circundantes, de los que poseemos cada día una mejor visión de su identidad y patrones artísticos. Tras superar este estadio, las ciudades lusitano-romanas empiezan un rápido proceso de marmorización artística, plasmado en todos sus programas tanto arquitectónicos como escultóricos. El fenómeno del culto al emperador, tras la muerte de Augusto (14 d.C.), supondrá la auténtica eclosión de los grupos estatuarios marmóreos de exaltación de la figura del emperador, de su familia y de cuantas virtudes éstos encarnaban para el pueblo romano. El arte romano se había ido homogeneizando a lo largo del siglo I, aportando las provincias sus creaciones propias, pero tamizadas todas ellas por los esquemas iconográficos que la propaganda política romana imponía. Llegarán a Augusta Emerita talleres, artistas y modelos desde la propia Roma, pero también desde rincones tan alejados del Imperio como Afrodisias, ciudad oriental de Caria, en la actual Turquía, y cuyas escuelas escultóricas inundaron los centros más destacados del Imperio, entre ellos los de la capital de Lusitania. Conocemos los nombres de estos artistas que trabajaron y crearon nuestro legado cultural, los griegos que firman las cornisas del teatro romano de Mérida, como un tal Hyllas, o Caius Aulus que firma con orgullo sobre las piernas de los togados del Foro colonial, o aquel Demetrios que en el año 155 d.C. ejecuta las estatuas del posible Mitreo halladas siglos más tarde bajo la plaza de toros. Hubieron de crear escuela, posiblemente conocerían los grandes monumentos de oma, posiblemente habrían sido discípulos de grandes maestros en el arte de hacer hablar al mármol. Todos estos tesoros de Augusta Emerita, custodiados en el MNAR, son un pálido reflejo de lo que hubo de formar parte de nuestras ciudades lusitanas, de ese legado patrimonial que nos ha hecho herederos de una cultura clásica a la que debemos la lengua, el derecho o las comunicaciones de Hispania. Lusitania Romana, y Augusta Emerita como su capital, van a ser estos días receptores de los estudios sobre las restantes provincias del Imperio Romano. Como anfitriones y organizadores de este evento tenemos el reto de mostrar lo mejor de nuestro patrimonio y de nuestro trabajo científico.