El objetivo es ayudar también a los habitantes del Tercer Mundo

L. E.| BADAJOZ

La vuelta al mundo. La artemisina cultivada y extraída en Extremadura puede ser convertida en pastillas en Italia y luego ser consumida en cualquier país de la África negra donde la malaria sea un problema. Por ejemplo, por un infante de Marina del Ejército de los Estados Unidos que esté destinado en cualquier lugar problemático.

El laboratorio Sigma-Tau tiene ya acuerdos con la fuerza armada más importante del planeta para suministrarle su futuro fármaco contra la malaria. La intención es que la puedan usar los contingentes que son enviados a las zonas donde la enfermedad sigue actuando.

Viendo la presencia de las tropas yanquis por todo el mundo, parece que el consumo de estas píldoras va a ser considerable.

Además de efectivos militares, el perfil de usuarios con el que quiere trabajar la farmacéutica transalpina es la del occidental que debe viajar a países 'problemáticos'.

Es decir, comerciantes, personal diplomático, turistas en el caso de algunos países... Clientes con la capacidad adquisitiva suficiente para adquirir un medicamento de estas características.

«Pero es que luego tenemos el problema de la población nativa de estos países, que por lo general no tienen acceso a estas medicinas debido a su precio», comenta José Lucena, director de Ctaex, el centro de investigación que ha desarrollado el proyecto.

Altruismo

Para este perfil, están trabajando en una segunda línea de trabajo, «más altruista». Se trata de ofrecer remedio para la enfermedad también a los habitantes locales.

En este sentido, se están esforzando en la administración del principio activo en los pacientes de otras formas. Concretamente, a través de infusiones.

Para potenciar sus efectos, y poder utilizar menos cantidad, los investigadores extremeños están trabajando con la oleoeuropeína, que es el componente fenólico mayoritario de la pulpa de la aceituna, que le da el característico sabor amargo. También se puede encontrar en las hojas coriáceas del propio olivo.

Sinergia

Los primeros análisis demuestran que ambos componentes ejercen una gran sinergia entre ellos, de forma que el segundo potencia los efectos del primero.

Los trabajos 'in vitro' ya se han realizado en colaboración con la Universidad de Florencia. A partir de ahora, toca probar la teoría sobre el terreno.

Para ello, se va a colaborar con una fundación que trabaja en la República Centroafricana, una de las zonas del planeta que más padecen la malaria actualmente.

La idea también repercutiría en beneficio de la propia región, puesto que ayudaría a solucionar el problema de residuos que generan las hojas de olivo.

Si la iniciativa funcionara, se acabaría con la malaria para ricos y para pobres. «Sería como lograr la cuadratura del círculo», dice Lucena.

Javier Donoso, director general de Acorex, reconoce que uno de los fundamentos que les están animando a que la idea adquiera forma es la «gran cantidad de vidas humanas» que se podrían salvar si sale adelante.