Extremadura planta cara a la malaria

Acorex planea construir una industria para extraer la materia prima de la planta artemisa que se cultive en la región y que puede servir así de alternativa al futuro incierto del tabaco

LUIS EXPÓSITO| BADAJOZ
José Lucena, director del Ctaex, muestra un bote de comprimidos y hoja sseca de artemisina. / C.M./
José Lucena, director del Ctaex, muestra un bote de comprimidos y hoja sseca de artemisina. / C.M.

ARTEMISA annua'. Quédense con ese nombre, porque si las cosas salen como está previsto, buena parte de los agricultores extremeños estará cultivando esta planta en un futuro no muy cercano. Ante el más que incierto destino que le espera al tabaco y con las oscilaciones que vive el tomate, esta planta se perfila como una seria alternativa en la región. Y además con mucho recorrido.

La característica que hace a esta planta tan interesante desde el punto de vista económico está en su componente, la 'artemisina'. Se trata de un potente agente contra la malaria, una enfermedad que afecta aún a millones de personas en el planeta.

El Centro Tecnológico Agroalimentario de Extremadura (Ctaex) lleva cuatro años trabajando en un proyecto para facilitar la adaptación de la planta al ecosistema extremeño y además optimizar el rendimiento del principio activo que se extrae. Ahora el siguiente paso es desarrollar las posibilidades que ofrece la idea.

La semana pasada, miembros de Ctaex y del consejo rector de la cooperativa Acorex, la más importante de la región, viajaron a Italia para comprobar la viabilidad de instalar una industria de extracción de esa artemisina en Extremadura. Es decir, una fábrica que 'aísle' la materia y la convierta después de una serie de procesos en un polvo blanco.

«Estamos en un proceso de valoración de la idea, especialmente en lo referente a los aspectos económicos, pero en principio la decisión de hacerla está tomada», asegura Javier Donoso, que es el director general de Acorex. La inversión puede rondar los 2,5 millones de euros.

Una vez obtenido el polvo, sería enviado a una industria farmacéutica que elaborara la medicina. Ya existe una firma interesada. Se trata de la italiana Sigma-Tau, que tiene muy avanzados los trámites. «Ya han realizado los análisis clínicos y se encuentran en proceso con la Agencia Europea del Medicamento y y su homóloga norteamericana», asegura José Lucena, director de Ctaex.

Este año

Esperan lanzar el producto antes de fin de año, momento en el que empezarán a necesitar cantidades importantes de artemisina.

Ahí es dónde Extremadura puede entrar. El cultivo es viable y la operación, rentable. El eslabón que falta es realizar la primera transformación en la región. En este proceso está el beneficio económico, el valor añadido lo llaman los economistas.

Además, trasladar la masa vegetal, por muy comprimida que esté, parece inviable desde el punto de vista logístico. Por este motivo, para que este cultivo prospere en Extremadura parece imprescindible la existencia de la industria. «Si no, no vale la pena cultivar», opina Lucena.

Por el momento, en Acorex hacen cuentas. Uno de los requisitos que parece claro antes de cerrar cualquier decisión es garantizar la salida del producto, que se conseguiría firmando un contrato de suministro a largo plazo de la materia prima con este laboratorio farmacéutico.

«El proyecto está en manos de los investigadores. Se ha comprobado que el cultivo se comporta de forma extraordinaria en la región. Estos trabajos están a punto de finalizar, y si las perspectivas siguen siendo las mismas que teníamos, estaremos ante algo interesante», cuenta Donoso. Añade que será vital asegurar el beneficio económico, tanto para el agricultor como para la industria.

Lucena explica que la fábrica sería una inversión muy bien aprovechada. No sólo trabajaría en la artemisina; también valdría para otras utilidades, aprovechando la estacionalidad que siempre tiene este tipo de transformación agroindustrial.

Por ejemplo, con el licopeno, que se ha convertido en algo así como la aspirina de la vida sana. Se trata de un nutriente con muchas propiedades antioxidantes que se concentra especialmente en la piel del tomate. Retrasa el envejecimiento, además de tener otros beneficios para la salud, sobre todo en la prevención de enfermedades cardiovasculares o degenerativas, como el cáncer.

En el caso de que Extremadura no responda en su momento, la alternativa que tendrá la farmacéutica italiana es China, país de donde es originaria la artemisa. La diferencia en la calidad del producto de ese país y la que se puede conseguir en Extremadura hace que estemos en una posición privilegiada.

El proyecto de investigación de Ctaex nació, por encargo de Acorex, con una doble intención. En primer lugar, se trataba de investigar un cultivo alternativo a los que existen en las Vegas del Guadiana, del Tajo y del Tiétar. Fundamentalmente, se pensaba en el tabaco, que prácticamente tiene su futuro hipotecado a partir del año que viene si no cambia radicalmente sus estructuras.

Colateralmente, también en el tomate, que ha pasado por una profunda crisis en los últimos años y parece abocado a una dinámica de tobogán en su rentabilidad.

Se adapta

Después de trabajar con 30.000 plantas procedentes de China cultivadas en diversas zonas del país, se demostró que las plantas se adaptaban al clima y la tierra tanto de las Vegas Bajas como del norte de Cáceres. De forma paralela se trabajaba para sincronizar la cosecha con la fase de crecimiento en el que la planta presente mayores concentraciones de artemisina.

«Hemos cultivado la planta en las zonas tabaqueras y se adapta bien. Puede ser una alternativa seria al cultivo de tabaco. Además, con la industria conseguiríamos cerrar el ciclo productivo. Y no hay que olvidar también que salvaríamos muchas vidas», recuerda Donoso. La segunda pata del proyecto era precisamente obtener la materia prima. En el transcurso de sus investigaciones, se consiguió duplicar la riqueza de principio activo que presenta la planta en China. Con estos números, por cada hectárea de cultivo se pueden obtener entre 6.000 y 10.000 dosis de medicamento. No había un estudio análogo que se estuviera desarrollando en todo el mundo.

Los resultados fueron óptimos, y en teoría «el proyecto debería estar terminado», recuerda José Lucena. Pero todavía siguen trabajando para optimizar todos los procesos. Por ejemplo, mejorar la técnica de secado del producto sin que pierda propiedades.