Tobías ya es mayor de edad

Sería interesante enterarse de a quién vota Tobías y con qué criterios decide. Y también discernir si él y sus amigos son una minoría entre nuestra juventud o son representativos de una generación

JESÚS GALAVÍS REYES

NO sé si se acuerdan de aquel muchacho, Tobías, que a sus quince adolescentes años tenía la costumbre de irrumpir en las calles con su ciclomotor por la dirección prohibida, sin ser consciente de su temeridad. Asentaba su comportamiento en la observancia de tres principios básicos: 'el Principio de la Utilidad', 'el Principio de la Diversión' y 'el Principio del Consumo'. Y, combinándolos sabiamente, transitaba por la vida prácticamente sin ninguna preocupación. Pues bien, Tobías ya ha cumplido dieciocho años. En realidad ya tiene casi veinte, y hace tres que sus padres, en un momento de lucidez amarga, decidieron apartarle de los estudios. De todos modos no fue nada grave, pues Tobías, al menos tácticamente, ya se había distanciado de ellos, -de los estudios, claro-, hacía bastante tiempo, si hacemos caso a los informes de sus sucesivos profesores tutores, y a las notas que esos padres, en continuada evaluación continua, recibían cada trimestre del instituto. Tras su abandono de las aulas, Tobías trabajó brevemente en un hipermercado, pero ahora ejerce de repartidor a domicilio de comida ya cocinada, montado en una flamante motocicleta. Hay que decir enseguida que, bien por las multas recibidas, bien porque ha comprendido que es extremadamente peligrosa su afición, nuestro joven amigo ya no arriesga su vida en las calles accediendo por la dirección incorrecta. Aunque, seamos sinceros, su forma de conducir como mínimo es temeraria, y para los automovilistas que con él coinciden en el asfalto, resulta heterodoxa y harto turbadora. Por supuesto, Tobías se gana un dinero todas las semanas que le permite adquirir una parte de las suculentas ofertas con que la publicidad de nuestra sociedad de consumo le tienta. Desde las de «todo a un euro» hasta las de electrónica y compañías de teléfonos móviles, no hay tienda en su barrio en la que no sea más famoso que el mismísimo Bisbal. Pero ha habido progresos. A aquellos tres principios vitales, Tobías ha añadido recientemente dos más: el de 'Lo Saludable' y el de 'Lo Solidario'. Su encuentro con 'Lo Saludable' se produjo un día que con su novia, que aún está en FP, acudió al instituto para celebrar el Día del Centro. A eso de las doce del mediodía tomaron un «desayuno saludable». Aquello molaba y fue divertido. Luego recibieron una charla con información de lo que era cardiosaludable y sus enormes ventajas. Durante unos días procuró aplicar aquellos conocimientos a su dieta. Mas pronto los abandonó, al enterarse de que las hamburguesas y las pizzas no eran aptas para su saludable vida. Una vez más, prevaleció el principio de 'La Utilidad'. Sin embargo, el novedoso precepto de 'Lo Solidario' le está durando bastante más: lo adquirió una noche que asistió a un concierto solidario y, tras ponerse a tono con unos cuantos calimochos y fumarse unos «petas» con los colegas, comprendió que lo solidario es lo más guay de la muerte total, tú. Asiste desde entonces a cualquier evento que lleve en su convocatoria la sagrada palabra de «solidario» y muchas veces, para acudir acompañado, se cita con los de la peña tras gastarse, cada uno de ellos, una verdadera fortuna en mensajes y llamadas de teléfono móvil. A Tobías no se le ocurre que ese dinero desembolsado de forma gratuita, junto con otros muchos caudales que él y sus colegas derrochan en adquirir y consumir objetos y servicios que no tienen demasiada utilidad, o que son realmente prescindibles, lo podrían entregar a una ONG en un acto de verdadera solidaridad. Y nadie le ha informado de que las zapatillas deportivas tan de moda que calza, o el 'foulard' medio contestatario que se anuda al cuello, o los vaqueros raídos que viste, están fabricados en países donde se emplea mano de obra casi infantil, y pagando salarios bastante miserables. O que en muchas épocas del año hay infinidad de rincones del cuarto mundo que necesitan gente joven que vaya allí a ayudar en tareas de auténtico compromiso solidario, bien con las personas, bien con el medio ambiente. Ni siquiera sus padres han sabido ponerle a raya en casa y explicarle que las tareas domésticas son comunes y, muy solidariamente, deben ser desempeñadas por todos tras un solidario y ecuánime reparto de las mismas. Un día no sé quien vino a decir algo al respecto, y Tobías y la basca coincidieron en que eran cosas de antiguos o de «pringaos». Pero no crean que lo sé todo sobre Tobías. Por ejemplo, puesto que ya es mayor de edad, una cuestión interesante sería enterarse de a quién vota Tobías, si es que vota, y con qué criterios decide su opción. Y otra que también me preocupa es discernir si Tobías y sus amigos son una minoría entre nuestra juventud, o son más o menos representativos de toda una generación. En fin, que Tobías ya es mayor de edad y, como ven, poco a poco va caminando hacia la madurez.

Fotos

Vídeos