«Extremadura y Badajoz son las dos cosas que más me motivan»

Se me olvidó pregúntarselo pero a Antonio Franco simplemente le hubiera gustado ser invisible. Metódico, sistemático y con un enorme sentido de la responsabilidad como 'funcionario público', está al frente desde mayo de 1995, fecha de su inauguración del MEIAC de Badajoz, un museo que reúne ya más de mil obras y que se ha convertido en el buque insignia imprescindible para rastrear, comprender y admirar la evolución del arte contemporáneo en Extremadura

ZONA DE PASO POR JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ
DIRECTOR. Antonio Franco, durante la entrevista, en uno de los despachos del MEIAC en cuyas paredes cuelgan obras del artista extremeño Juan Barjola./ J.V ARNELAS/
DIRECTOR. Antonio Franco, durante la entrevista, en uno de los despachos del MEIAC en cuyas paredes cuelgan obras del artista extremeño Juan Barjola./ J.V ARNELAS

-¿De qué pintor fue del primero del que tuvo una obra en su casa? -De Fernando Carbajal. Un cuadro de cierto porte, abstracto. Creo que fue de las primeras cosas que yo tuve. No estoy muy seguro, pero siempre le he guardado un gran cariño. -Nació en Badajoz. -Sí, en mayo de 1955, Tauro. -Estudió Historia del Arte. -Bueno, yo empecé estudiando Ciencias Económicas. -O sea, que había hecho un Bachillerato de Ciencias. -Sí, hice un Bachillerato de Ciencias. Y quise ir a estudiar Ciencias Económicas porque los 'progres' de mi época pensábamos que era en la economía donde se encontraban ciertas explicaciones para encontrarle sentido al mundo en el que vivías. Mi primer chasco fue que cuando llegué a la facultad, el curso no acababa nunca de empezar porque la facultad, en Sevilla, no estaba terminada. Y entonces ya no se llamó de Ciencias Económicas, sino de Ciencias Empresariales. Y claro, en cuanto empecé a oír hablar de «maximización de beneficios», «minimización de costes» y «costes marginales» empezaron a salirme sarpullidos. Entonces entré en una crisis vocacional porque había ido a hacer lo que me interesaba. -Y se pasó a Filosofía y Letras... -Me pasé a Filosofía y Letras e hice Historia del Arte. Y cuando acabé la carrera todavía intenté hacer Historia Antigua. -¿Su primer trabajo fue directamente en la Junta? -Mi primer trabajo fue complicado. Primero, yo estuve mucho tiempo en paro. Entonces ese tiempo lo aproveché para hacer unas prácticas en un museo, para empezar a escribir en las revistas de arte. Realmente yo no encontré el camino profesional hasta que no terminé la carrera. Lo que si encontré muy claro es que no tenía vocación ni le encontraba sentido a ejercer la docencia. -De cárcel a museo. ¿El MEIAC es un buen escaparate para el arte contemporáneo? -Yo, sinceramente, pienso que sí. No es sólo un escaparate, es un lugar de encuentro con la cultura de Portugal, con la cultura iberoamericana y también un sitio para ponerse 'en relación con'. Nosotros cuando empezamos el museo nos hacía falta encontrar un sitio... ¿Te acuerdas aquello que se llamaba «la normalización»? -Sí. -Pues efectivamente, un sitio donde normalizar nuestras relaciones culturales con el resto del país. Luego encontramos además una definición, una singularidad para el proyecto, que era su relación con Portugal y su vocación iberoamericana. Yo creo que en los 15 años que el MEIAC lleva trabajando, efectivamente, ese papel se ha cumplido y es un buen exponente de la cultura moderna en Extremadura. -El museo tiene dos grandes colecciones: la iberoamericana y la extremeña. ¿La colección de arte extremeña tiene lagunas importantes? -Toda colección tiene lagunas. Todo museo es una colección en proceso. Pero es verdad que a lo largo de estos 15 años el museo ha hecho un esfuerzo muy grande por ir dotándose de los fondos de los que carecíamos. Partíamos de unas carencias históricas. Cuando comenzamos no teníamos nada. Hemos empezado por buscar a los artistas extremeños que tuvieron un protagonismo señalado en los momentos fundacionales de la vanguardia histórica española. Hemos recuperado a artistas que en su momento tuvieron una relación programática con Extremadura porque se habían visto obligados a tomar el camino de la emigración y tenían un pasado que les complicaba su vuelta. Los hemos ido recuperando. Hemos recuperado a todos, a Timoteo Pérez Rubio, a Ortega Muñoz, a Juan Barjola y a muchos otros después, porque la cuestión del museo no es solamente la recuperación de estos nombres digamos fundacionales, sino la articulación de un proceso generacional que dará el relevo a otros artistas que también han venido y que están vinculados a un contexto artístico español. Además lo hemos hecho sin incurrir en localismos. -Ha citado a Pérez Rubio, a Barjola y a Ortega Muñoz. ¿Se podría considerar esos nombres los tres ejes básicos de la pintura extremeña del siglo XX? -No me quiero olvidar tampoco de Isaías Díaz, de Wolf Vostell y de Ángel Duarte. Yo creo que si partíamos de una carencia grande, lo que teníamos realmente, lo que habíamos heredado sobre todo era un modelo obsoleto. Un modelo histórico que para la manera que nosotros tenemos de contar nuestra propia historia, ya no servía. Porque, efectivamente, no se puede basar sólo en esos nombres importantes. -Una pregunta obligada hablando de museos. ¿Qué cuadro salvaría Antonio Franco en caso de un incendio? -Es una pregunta complicada... -Ya sabe aquello que dijo Bernard Shaw cuando le plantearon esa pregunta: «Salvaría el cuadro que estuviera más cerca de la puerta, por supuesto». -Es complicado responder, desde luego... Mejor intentamos apagar el fuego a tiempo. (Risas). -¿Le gastaban bromas sus compañeros por apellidarse Franco? -Pues no, ni en la clase ni en la universidad. No estaba el tiempo aquel para bromas. (Risas). Además Franco tiene la ventaja de que es un apellido muy común. -¿Deporte o cine? -Cine, cine. Deporte miro, pero no practico. -¿Ha fumado alguna vez? -Sí. -¿Ya no? -No, ya no. -¿Cuál es la última novela que ha leído? -Pues novela últimamente no recuerdo. He leído una narración novelada, 'Pasatiempo. La vida de un pintor', de Luis Quintanilla. Rastreando una cosa que me interesa mucho y es la presencia de artistas que, no siendo extremeños, tuvieron alguna relación con Extremadura en algún momento. Quintanilla fue un pintor castellano muy importante y he documentado su presencia en Plasencia a mediados de los años 10 y principios de los años 20. Bueno, también he leído recientemente el libro 'Espíritus contemporáneos', de Antonio Sáez. -¿Fue más de los Beatles o de los Rolling Stones? -No, no, más de los Rolling. -Vayamos a un supuesto. Imagine que le ofrecen la dirección del Museo del Prado y del Reina Sofía. ¿Cuál elegiría? -Pues yo preferiría no tener que elegir ninguno de los dos. Porque yo tengo una vocación muy clara, y para estar trabajando en esto hace falta una motivación. Y en este caso la motivación a mí me la da mi vinculación con Extremadura. Sinceramente, no es por una especie de falsa modestia. Si no fuera por eso, yo no trabajaría en esto. El compromiso con la cultura y el territorio incluso más cercano. Extremadura y Badajoz son las dos cosas que más me motivan. -¿Alguna vez ha intentado pintar un cuadro? -No. Ni pintar un cuadro ni escribir un libro. -¿Plantar un árbol, si? -Tampoco. Tener un hijo. [Es padre de dos hijos]. -Cuenta Helga de Alvear que con motivo del décimo aniversario del MEIAC le dijo que podían tirar la casa por la ventana y dedicarle una gran exposición. ¿Fue un descubrimiento su colección? -La frase es puramente metafórica. Lo que yo creo que sí era importante es que ella tuviera la seguridad de que nosotros vamos a apoyar su proyecto porque es un proyecto muy importante para Extremadura. Claro que se hizo un esfuerzo que se vio amplísimamente recompensado por el hecho en primer lugar de que es algo bueno para Cáceres, algo bueno para Badajoz y algo bueno para Extremadura. Y que una colección de esa importancia en un momento muy importante, porque estamos cerrando una década y abriendo otra, le va a dar a Extremadura una presencia en el mapa cultural de España de primerísimo orden. -¿Los museos son las nuevas catedrales? -No deberían. El museo es un artefacto complicado, que tiene muchos prismas y desde luego en mi mentalidad no está solemnizar la cultura en el sentido de una catedral. Podemos tener una imagen muy común y muy modesta en el sentido de que realmente son almacenes, son archivos, son contenedores de memoria, contenedores de patrimonio, pero realmente tienen que ser espacios de relación, espacios de diálogo entre lo que hacen los artistas y lo que le gusta al público, y también un espacio de relación entre lo que el público puede demandar y buscar en los artistas y lo que los artistas hacen. A mí eso me interesa más que no la liturgia de mirar en las paredes, o digamos en el retablo, de lo que uno tiene simplemente que 'admirar'. Yo creo que si hay algo que le hace interesante al arte contemporáneo es precisamente que es un espacio para ejercer la crítica, no es un espacio de silencio, como las catedrales. Y eso es lo que hace que los espacios estén vivos. -Ha viajado por muchos países. ¿Dónde cree que se entiende mejor, que se aprecia más el arte contemporáneo? -Yo soy un pésimo viajero. Realmente soy hombre sedentario y de gustos rutinarios. Y además yo si viajo es por las hemerotecas. Esa es una afición que no se me conoce mucho. Pero claro, tengo que viajar, como es lógico. Más que nada por donde me ha llevado el museo; esa es la verdad. Los comportamientos respecto al arte contemporáneo son muy parecidos en todos los sitios. -¿No hay países con alguna sensibilidad especial? -Vamos a ver, yo creo que no. Hombre, la única diferencia quizás se mide en escala demográfica. Las ciudades grandes son más cosmopolitas, tienen unos círculos de interés más abiertos y más numerosos que en las ciudades pequeñas o en los lugares digamos más provincianos ¿no? Pero siempre hay grupos de acompañamiento, grupos de apoyo y el debate de recepción y de divulgación de las ideas es el mismo, naturalmente salvando las escalas. Por ejemplo, yo tengo documentada la recepción del cubismo en Extremadura y sorprendentemente es muy temprana. Las primeras noticias que se dan del cubismo en la prensa local son de 1912, cuando empiezan a aparecer en Madrid o en Barcelona. La diferencia es que en Barcelona encontró algunos elementos de apoyo y aquí, como en tantísimos otros sitios, incluido París, tardó muchísimo. -¿Por qué cree que la gente joven se gasta un dineral por ejemplo en un sofá o en un coche, que son bienes que se acaban 'gastando' y no en unas obras de arte, que siempre se revalorizan? -Son hábitos de consumo. Yo creo que de todas maneras es verdad que en los últimos treinta años hemos asistido a un cambio espectacular y el arte contemporáneo va ocupando un lugar en el espacio cotidiano de mucha gente, cada cual a la medida de sus posibilidades. -¿Con qué se distrae Antonio Franco cuando no está trabajando? -Pues yendo al cine... Haciendo cosas muy comunes y corrientes. Cuando no estoy estudiando estoy intentando buscar cosas en periódicos antiguos. Es que me gusta.