Inventores con mucho futuro

Manuel Rebollo y Javier Flores ganan el premio especial de energía del concurso nacional Don Bosco de Zaragoza

ISABEL VALDÉS
Manuel y Javier con su invento sobre energía solar. / CEDIDA/
Manuel y Javier con su invento sobre energía solar. / CEDIDA

Con tan sólo 18 y 16 años, Manuel Rebollo y Javier Flores, ya se han hecho un hueco en el mundo de la tecnología y la ciencia ganando el premio especial de energía del concurso nacional Don Bosco organizado por el instituto salesiano Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. Estos dos estudiantes de primero de Bachillerato tecnológico del IES Santiago Apóstol han conquistado al jurado con un trabajo que consiste en un generador eólico-solar de eje vertical. La novedad que aporta es su forma helicoidal y que va cubierto con placas fotovoltaicas flexibles. Cinco meses de trabajo Llevar a cabo esta idea, que surgió de un trabajo propuesto en la asignatura de tecnología por su profesor Juan Fernández de Vega, les ha llevado cinco meses de trabajo en clase y fuera de ella dedicándole su tiempo libre. Javier cuenta que se decantaron por este proyecto debido «a la importancia que van adquiriendo las energías renovables» y por su apuesta por la utilización de las energías no contaminantes. El premio que consiste en un trofeo y 1.500 euros les fue entregado por el presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias Los dos estudiantes inventores con mucho futuro por delante ya hablan como grandes científicos de cómo fueron apoyados por directivos de la eléctrica Endesa y sólo piensan ahora en mejorar su prototipo y quien sabe si algún día llega al mercado. A la fase final del concurso llegaron 40 trabajos de casi todas las comunidades, de los cuales cinco eran de este instituto, así el resto que han participado son otro generador multiturbina, un GPS alimentado con energía solar, un robot pintor y un estudio sobre determinación de la actividad microbiana de plantas aromáticas autóctonas sobre la carne picada de cerdo ibérico. Este último trabajo ha sido desarrollado durante los dos últimos cursos por estudiantes del ciclo formativo de Industrias Alimentarias. Fernández de Vega señala que este tipo de concurso suponen una motivación extra para los alumnos y que en su caso han servido para que aprendan la asignatura de una forma más amena.