El campo, muro contra la crisis

LUIS EXPÓSITO
El sector primario creció un 2,5% de su PIB./ RÁUL HABA/
El sector primario creció un 2,5% de su PIB./ RÁUL HABA

La tierra como refugio frente a la crisis. Siempre se ha considerado que comprar una finca era una de las maneras más seguras de mantener el patrimonio. Hay alternativas más rentables, pero no más seguras. La consigna se repite mucho más en coyunturas como ésta. Se dice con insistencia que Extremadura está notando menos la recesión por el mayor peso que la agroganadería, además del sector público, tiene en nuestro sistema productivo. Y es cierto, aunque eso no evite que la crisis empiece a colarse por algunas rendijas. Eso, sin tener en cuenta que el campo tiene su propia crisis, de las que son ajenas el resto de sectores productivos. El año 2008, sin ir más lejos, fue bueno para las explotaciones agrícolas, pero pésimo para las ganaderas, según ha reconocido el propio consejero de Agricultura, Juan María Vázquez. Los grandes indicadores económicos no admiten lugar a la duda, por lo menos de momento. El sector primario, (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca) creció el año pasado un 2,5% de su PIB en la región, de forma que contribuyó notablemente a que Extremadura creciera por encima de la media nacional. Precisamente, la actividad agroganadera cayó un 0,6% en todo el país a lo largo del mismo periodo. Así lo asegura el último Boletín de Coyuntura Económica, hecho público esta misma semana. El mismo también indica que este sector registró una caída del 2,3% en el cuarto trimestre del año pasado con respecto al anterior. Sin embargo, parece que este dato tiene más que ver con la propia estacionalidad del trabajo agrícola que con otra cosa. De hecho, los últimos tres meses de cada año siempre son los peores para la actividad agrícola. En el año 2006, por ejemplo, cuando aún se crecía a velocidad de crucero, la caída fue del 0,6% del PIB. Empleo El segundo indicador que se debe tener en cuenta tiene que ver con el empleo. La evolución de las cifras de desempleo dentro de este sector resulta mucho más positiva que la del resto. De hecho, conocida es la historia que dice que el campo está sirviendo de refugio para muchos trabajadores expulsados del sector de la construcción. Así lo aseguraba por ejemplo Paloma Ferrera hace unos meses en este periódico. Esta vecina de Cheles se lamentaba que «ahora cada vez hay más hombres en casa parados, por lo que se van al campo. Y, a la hora de contratar, los empresarios prefieren a los hombres aunque nosotras trabajemos mejor». Sin embargo, Ignacio Huertas, secretario regional de la organización agraria UPA, matiza este extremo. «Es cierto que existe un trasvase de trabajadores y ahora se está notando más oferta de empleo. Pero lo que abunda mucho más es el trabajador agrícola que deja su actividad en suspenso o parcialmente aparcada y se dedica a la construcción por ser más rentable. Es el caso de los miembros de las cuadrillas que viajaban semanalmente a Madrid o la costa a trabajar. Cuando escasea el trabajo en la obra, se vuelve a retomar la actividad agraria, incluso con cultivos que requieren más cuidados». Sea como fuere, lo cierto es que las oficinas del Sexpe recogían el pasado enero los datos de 5.268 desempleadas del sector de la agricultura. Se trata de una cifra mucho menor que los 19.199 consignados de la construcción, pero hay que tener en cuenta que Extremadura cuenta con un Régimen Especial Agrario que cambia la perspectiva desde la que hay que afrontar los datos de desempleo rural. En todo caso, el crecimiento del paro en este sector es parecido al de otros porcentualmente . En los últimos doce meses ha sido del 29%, similar al 31% del conjunto de desempleados, pero muy lejos del 91% consignados en la construcción. Tomando como referencia sólo enero, hubo 180 parados más en el campo. La renta Existe un tercer baremo de referencia, la renta agraria. Es decir, el valor generado por la actividad de la producción agraria, de forma que mide la remuneración de todos los factores de producción (tierra, capital y trabajo). Los primeros datos disponibles hablan de una caída del 4% en Extremadura el año pasado. Pero, sobre todo, este indicador demuestra que este sector funciona de forma independiente al resto. Por ejemplo, este indicador también cayó en 2004 y 2005, cuando la situación económica general era buena. Concretamente, la caída del año pasado tiene más que ver con la caída de los precios de las producciones y la subida de los costes (abonos, piensos, fitosanitarios) que con la actividad agrícola en sí misma. Ignacio Huertas resume todos estos datos estadísticos de una manera muy clara. «El campo es un sector estable, que no desaparece de la noche a la mañana. Quizás no tenga grandes rentabilidades, pero las tierras no se van a ningún sitio. El sector agrario y el cooperativismo siempre van a estar aquí, frente a otros sectores que han crecido más y que son mucho más volátiles». Falta de dinero Sin embargo, la crisis ya se está notando de varias formas. Pero, fundamentalmente, la coyuntura económica afecta a los profesionales agroganaderos con la misma mecánica que al resto de sectores, con la falta de financiación. En algunos casos, conseguir circulante resulta tan difícil como si se tratara de firmas de materiales de construcción, por ejemplo. Básicamente, es el dinero necesario para poder sufragar los gastos de la campaña hasta que se cobre por el producto. Así lo constatan por ejemplo las fuentes del mundo cooperativista consultadas por este diario. Aseguran que aunque de momento se «está resistiendo», lo peor está por llegar. Opinión parecida tiene Ignacio Huertas. Asegura que ya está habiendo «una dificultad manifiesta» en algunos casos para conseguir circulante, pero que puede ser un fenómeno que se recrudezca cuando comiencen los preparativos para esta campaña. Destaca que sufrirán más los que se dediquen a cultivos y especies que dependen más del mercado; esto es, los que no cuentan con ayudas directas. Fundamentalmente, se trata de la fruta, la uva y el ganado porcino. En los otros, siempre se podrá ofrecer como garantía el importe de esa subvención. Por este motivo, Huertas ya pedía en la pasada Agroexpo que las entidades financieras no cortaran los préstamos, ya que «las empresas del sector agroganadero siguen siendo rentables y en ellas no ha caído el consumo a pesar de la crisis». Abundó en que se trata de «uno de los sectores que tiene menor morosidad del conjunto de los sectores profesionales y es de vital importancia para Extremadura». Ampliación, no Siguiendo estos razonamientos, uno de los subsectores que más sufriera debiera ser el de la fruta, por cuanto no recibe ayudas directas. Sin embargo, el gerente de la asociación sectorial (Afruex), Miguel Ángel Gómez, matiza esta impresión. «Con carácter general, estamos viendo que sí se están financiando las operaciones para los agricultores que podríamos denominar 'de campo'. Es decir, las dedicadas a sufragar la actividad agrícola. Donde sí que está habiendo problemas es con la financiación destinada a otros destinos. Por ejemplo, para la ampliación de los negocios». Efectivamente, encontrar dinero para construir una nave o una nueva infraestructura resulta más complicado. Así lo corroboran fuentes cercanas a distintas entidades financieras consultadas. El orden de prioridades es distinto, y se está llegando a rechazar operaciones que cuentan con alguna línea de subvenciones por parte de la Junta. Ser nuevo cliente es complicado, ya que se prefiere a los conocidos y las pólizas deben ser renegociadas al alza para que puedan ser prorrogadas. En el caso de los cultivos subvencionados, rara vez se concede más de un 70% o 75% del importe solicitado.