De maestra a mujer de artista

Nacida en Ceclavín en 1933, la vida de Mercedes Guardado Olivenza cambió a finales de los años cincuenta cuando conoció en Guadalupe, donde estaba de maestra, al artista Wolf Vostell (Leverkusen, Alemania, 14 de octubre de 1932 - Berlín, 3 de abril de 1998), pionero del Happening y del Movimiento Fluxus y fundador desde el año 1976 del Museo Vostell Malpartida (MVM), un insólito y sugerente proyecto cultural encuadrado en el paisaje natural de Los Barruecos y gestionado desde el año 1994 por la Junta de Extremadura. Mercedes Guardado nunca dice «mi marido» o «Wolf», sino «Vostell», y se refiere a él en primera o en tercera persona. -En esta casa es imposible que pase un día sin percibir la presencia de Vostell. -Ni un minuto. Ella no ha vuelto a Guadalupe, -donde acudió tantas veces con él y con amigos- pero ese lugar está muy presente también en su memoria porque prepara un libro acerca de su vida con el artista. «Estoy escribiendo ese libro porque es una terapia para mí. Cuado Vostell murió, había vivido cuarenta años con él. Hemos ido a todos los sitios juntos. Hemos estado en casa juntos. Pocas veces nos separábamos. En viajes, cuando los niños eran pequeños, alguna vez. Y claro, al quedarme sola completamente, empecé a escribir y a escribir. Los recuerdos de lo que me sostuvo en vida. Siempre con una persona a la que has querido tanto. Escribir es lo que me ha salvado la vida». Juntos desde el desayuno: «el desayuno alemán», con algo de fruta, algún tomate y queso sin grasa sobre el que ponía pimentón y trocitos de ajo crudo picado. «Él desayunaba siempre todo con ajo. De tal manera que yo también lo tenía que tomar, porque si no, no podía vivir con Vostell», comenta entre risas. -Su padre tuvo en Cáceres una fábrica de caramelos. ¿Usted sabría hacer caramelos todavía? -¿Yo? Yo no lo aprendí, yo le ayudé, pero nunca me interesé por aprenderlo porque mis padres fueron muy tolerantes y me dejaron hacer lo que yo quisiera. Se les ocurrió llevarnos al mejor colegio de Cáceres, o a uno de los mejores, el Sagrado Corazón, y me encontré con chicas allí que no trabajaban en casa y entonces, ¿como iba a trabajar en casa? Únicamente recuerdo haber ayudado en momentos cuando había mucho trabajo. Mercedes Guardado completa esos recuerdos con una afirmación: su padre se adelantó al invento del chupa-chup, «el lo llamó chupa-chupa», explica, «pero no lo patentó porque los extremeños no han sido nunca negociantes y siguen sin serlo; gente muy trabajadora, muy todo lo que quieras, pero negociantes...» concluye con una sonrisa acaso más de resignación que de reproche. Antes de marcharnos se levanta a por un catálogo del tríptico 'Shoah 1492-1945', que Vostell pintó en 1997 en memoria de la expulsión de los judíos españoles y de las víctimas del Holocausto. No le importa posar para el fotógrafo. Y bromea acerca del libro que está escribiendo, pendiente aún de la revisión de un historiador del arte. «José Antonio [Agúndez, director del MVM] también me ha dicho: 'dejate que lo vea yo no vayas a estropear lo que nos ha costado tanto tiempo'». Y sigue sonriendo, pero hay melancolía en su mirada.

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