En busca de los olivos bonsais

Investigadores de la Junta buscan la manera de evitar que los olivares modernos crezcan demasiado, lo que reduce la producción y dificulta la recogida

LUIS EXPÓSITO
En busca de los olivos bonsais

EL tamaño sí importa, por lo menos si de olivos se trata. El cultivo de aceitunas ha sido tradicionalmente una actividad económica que se ha relacionado con la rentabilidad. Más en los últimos años, donde las nuevas técnicas permiten multiplicar la rentabilidad y reducir los costes. Ahora, investigadores de la finca La Orden trabajan para eliminar alguno de los problemas colaterales que tienen. Estudian la manera de prolongar la vida útil de los árboles reduciendo su crecimiento. Buscan el olivo bonsai. Los olivares se plantan para los hijos. Esta expresión tan usada de siempre ha dejado de ser cierta, y el concepto de producción ha cambiado radicalmente. Ahora, en apenas tres años, una planta puede estar a pleno rendimiento. Primero fue el olivar intensivo, con más árboles por hectárea y el riego como elemento novedoso. El agua abría insospechadas posibilidades. Con el paso del tiempo, la densidad de plantas y la producción se fue incrementando, dando pie al concepto superintensivo. Además del incremento del rendimiento, tenían la ventaja de la reducción de costes, ya que las operaciones de recogida están mecanizadas. El último estadio se alcanza con el olivar en seto, que puede alcanzar los 2.000 plantas por hectárea y rendimientos de hasta 20.000 kilos por hectárea, hasta 20 veces por encima de uno tradicional. Se llaman así porque con el paso del tiempo es difícil distinguir las ramas de un árbol de otro, dando la apariencia de un seto decorativo. De una década a esta parte, este tipo de plantaciones han proliferado en toda la geografía regional. También en Portugal, donde muchos españoles se han instalado atraídos por los bajos precios de la tierra y las facilidades de riego que ofrece la macropresa de Alqueva. Problemas Sin embargo, no era todo tan bonito como lo pintaban. El olivar de regadío tiene muchas ventajas pero, también algunos inconvenientes. El principal deriva de su vida productiva. Cierto es que produce a pleno rendimiento a los tres años, menos de la mitad que uno de secano. Pero también funcionan durante mucho menos tiempo. Después de los seis años, su curva de rendimiento baja considerablemente. Nada que ver con los bíblicos olivos del monte de Getsemaní, donde fue apresado Jesús, que todavía están vivos dos mil años después. Son varias las razones que influyen en esta circunstancia, como la mayor posibilidad de sufrir alguna plaga. Pero la más recurrente es la 'competencia por sombreamiento'. Es decir, su excesivo crecimiento provoca que las ramas de los árboles se 'estorben' entre sí y se roben la luz del sol. La poda no es una opción demasiado recomendable. Una de las ventajas de este sistema es que se ahorran costes, con lo que no tiene demasiado sentido incrementarlos con una labor que se debe hacer a mano. Además, pasado el tiempo, las ramas se hacen más gruesas y salen más rápido, en un intento de la planta de equilibrar el crecimiento de las raíces. Otro de los problemas derivados pasa por las dificultades que sufren la modernas máquinas recolectoras con tanto follaje. Para coger las aceitunas, es necesario que el árbol 'entre' por el hueco destinado para ello en la máquina. De no lograrse, sufre el vehículo y también la planta. Llega un momento en el que resulta más rentable arrancar el árbol y plantar otro que seguir trabajando con el que existe. Para evitar todo eso, la finca de investigación agraria La Orden, dependiente de la Junta, forma parte de un proyecto de nivel nacional para solucionar el problema. También colabora el Intaex (Instituto Tecnológico Agroalimentario de Extremadura), que igualmente es de capital público. «El proyecto consiste en encontrar los medios para controlar el vigor productivo de los árboles», aseguran Juan Manuel Pérez y Manuel Pueblas, dos de los investigadores que forman parte del proyecto. Concretamente, Extremadura se está dedicando al trabajo de campo, estudiando de qué manera se puede controlar el crecimiento mediante la dosificación del agua. Es lo que se conoce como riego deficitario. Para ello, La Orden cuenta con un plantación de olivos en seto donde se van realizar las pruebas. Durante las distintas estaciones del año, se realizan análisis del estado hídrico de los árboles. Es decir, de qué manera mantienen una humedad mínima sin crecer demasiado. «Vamos a hacer recortes de riego en determinados periodos. Dependiendo de la época del año, la planta es más susceptible o menos a esas limitaciones. Hemos marcado tres periodos de riego a lo largo del año», aseguran. De esta investigación se obtiene una ventaja añadida. El ahorro de agua siempre es importante, pero mucho más en estos tiempos de tanta conciencia ecológica. Aprendizaje «Hoy en día, casi todas las explotaciones se instalan en riego. Y muchos agricultores no saben cómo se plantan, piensan que regando mucho se obtiene mucha producción», añaden estos investigadores. El proyecto de investigación está siendo financiado por el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA), de carácter estatal y se está desarrollando en tres ámbitos distintos. Los dos primeros se están desarrollando en Córdoba, donde se investiga sobre las mejores variedades genéticas que se pueden encontrar y sobre la gestión por semillas que es capaz de 'enanizar' las plantas. La tercera pata del proyecto, el control del riego, es el objetivo de la finca La Orden. Igualmente, Extremadura también corre a cargo del trabajo para mejorar la calidad del aceite especial en la variedad arbequina.