Anís del Mono para la policía

J. R. ALONSO DE LA TORRE

La pasada semana subieron los sellos y nadie ha protestado. Enviar una carta a Torrelavega o Navaconcejo costará 32 céntimos, un 3'22 % más que antes, aunque la inflación prevista sea del 2%. Ninguna asociación de consumidores ha puesto el grito en el cielo porque sigue siendo barato y, sobre todo, porque ya casi nadie escribe cartas ni postales. Era muy emocionante recibir cartas: te avisaba el trinar de un silbato, el grito del cartero anunciándose: «¿Carteeeeroooo!». Y antiguamente, hasta voceaban tu nombre. Eso era cuando yo vivía en Antonio Hurtado, encima de Transportes Abajo. No había buzones y tenías que bajar a por las cartas. ¿Qué fatiga para los Perlado y los Javato! Porque mi piso era el primero, pero ellos vivían en los de arriba y no teníamos ascensor. En aquellos años había que ir a por algunas cartas a un apartado que tenía mi padre en Correos. Recuerdo su número: 196. El edificio de Correos estaba en el cruce de Sergio Sánchez con Pizarro y se inauguró en 1927 ( hoy alberga los servicios territoriales de Economía). Los coches podían venir de ambas calles y no había señal de stop, pero un discapacitado (entonces se llamaban inválidos) daba paso en la esquina. En Navidad le dejábamos algún obsequio, como si fuera un guardia municipal. En aquellos años, hace más de 30, por Navidad los guardias municipales dirigían el tráfico en las intersecciones rodeados de botellas de Anís del Mono y cajas de turrón, que los conductores les dejaban como aguinaldo. ¿Se imaginan hoy regalarle anís a un guardia de servicio? Pondría la misma cara que si le llega una carta.

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