Entregado el Premio Arturo Barea al trabajo sobre 'el carpintero de la Torre'

Los autores Manuel Díaz y María Jesús Milán reconstruyen la peripecia política y vital de Ramón Tristancho (1883-1936)

MERCEDES BARRADO TIMÓN
Manuel Díez y María Jesús Milán reciben el premio de manos del vicepresidente de la Diputación Provicinal de Badajoz, Ramón Ropero (derecha). / J.V.ARNELAS/
Manuel Díez y María Jesús Milán reciben el premio de manos del vicepresidente de la Diputación Provicinal de Badajoz, Ramón Ropero (derecha). / J.V.ARNELAS

«Mi divisa es humanidad, humanidad y humanidad», escribió en 1910 en el periódico 'Región Extremeña' Ramón Tristancho García, el carpintero y concejal de Torre de Miguel Sesmero (Badajoz) que fue fusilado en el otoño de 1936 por su pertenencia al Partido Republicano Federal y su defensa de los humildes. Son fogonazos del pensamiento de este personaje sobre cuya vida han investigado los historiadores Manuel Díaz Ordóñez y María Jesús Milán Agudo para escribir el trabajo que este año ha resultado ganador del octavo Premio Arturo Barea que otorga la Diputación Provincial de Badajoz. Se titula 'Las virutas de la memoria. Ramón Tristancho García. Prensa y republicanismo en el Badajoz del siglo XX'. El premio les fue entregado ayer a ambos en una ceremonia que tuvo lugar en el Palacio de la Diputación, en el que estuvieron presentes el vicepresidente Ramón Ropero y la delegada de Cultura, Inmaculada Bonilla, así como integrantes del jurado del premio. Uno de ellos, el catedrático Juan García Pérez, explicó la estructura de la investigación llevada a cabo por Díaz y Milán y destacó la extensión y calidad de las fuentes empleadas por ambos. También se refirió al personaje estudiado, «un carpintero extremeño con inquietudes intelectuales y políticas». Definió a Tristancho como «un hombre negociador y de consenso, ligado al republicanismo federal y al socialismo democrático». Tanto Manuel Díaz como María Jesús Milán destacaron las reflexiones de Tristancho en contra del estamento eclesiástico y su defensa de una enseñanza pública y laica. Su postura en defensa de los desfavorecidos cristalizó tras la llegada de la Segunda República en su interés por el problema de la tierra. Cuando el ejército nacional llegó a Torre de Miguel Sesmero, no huyó. Compareció ante la gestora militar para dar cuenta de su labor. Luego fue detenido, encarcelado y fusilado en Badajoz.

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