El premio Arturo Barea de este año refleja la Extremadura prerrepublicana

MERCEDES BARRADO TIMÓN M. B. T.
María Jesús Milán Agudo y Manuel Díaz Ordoñez, que han recibido el octavo Premio Arturo Barea./
María Jesús Milán Agudo y Manuel Díaz Ordoñez, que han recibido el octavo Premio Arturo Barea.

El VIII Premio Arturo Barea que otorga la Diputación Provincial de Badajoz ha servido este año para descubrir la personalidad de Ramón Tristancho García, un republicano extremeño, carpintero de profesión y activo difusor de sus ideas políticas a través de la prensa, que nació en Torre de Miguel Sesmero en 1883 y fue asesinado en Badajoz el 15 de octubre de 1936. Es una sorpresa agradable el descubrimiento de los autores de este trabajo titulado 'Las virutas de la memoria. Ramón Tristancho García: prensa y republicanismo rural en el Badajoz del siglo XX'. Se trata de Manuel Díaz Ordóñez y María Jesús Milán Agudo, que viven en Dos Hermanas (Sevilla) y nacieron en Barcelona y que recibirán el premio el próximo día 20 en la capital pacense. Con esta investigación, que les ha llevado cinco años, la pareja de autores, que son padres de tres hijos entre los 8 años y los 20 meses, ahondan en el conocimiento del periodo prerrepublicano en Extremadura y de la Guerra Civil en un pueblo, Torre de Miguel Sesmero, del que procede la familia de María Jesús y en el que ella ha pasado siempre los veranos. 'Las virutas de la memoria. Ramón Tristancho García...' es la continuación de la primera investigación que ambos realizaron juntos en relación a Torre de Miguel Sesmero y que se tituló 'Y los muertos mataron a los vivos', un estudio para el que acumularon unos 5.000 folios de datos sobre la represión en esa localidad durante la Guerra Civil. Humanista Fue en el curso de ese estudio donde surgió el nombre de Ramón Tristancho García, una personalidad que han reconstruido a través de los periódicos en los que escribió desde 1909, de entrevistas personales y de los documentos pertenecientes a la Hemeroteca Nacional y al Archivo de Torre de Miguel Sesmero que se conserva en la Diputación Provincial. Ramón Tristancho García era un hombre de profunda cultura a pesar de haber cursado sólo la escuela elemental, que hacía arreglos de carpintería y tenía una pequeña tienda en la Torre. Autodidacta, se levantaba todos los días a las 5 de la mañana para dejar escrita la crónica que realizaba para algunos diarios de Badajoz. Como «humanista y republicano acérrimo» le definen ambos autores, que explican que empleó el periodismo como medio de difusión de sus ideas políticas escribiendo en periódicos de ideología republicana. También se aprecia en sus crónicas un periodo más costumbrista en el que comenta tanto alguna reyerta que hubiera en las calles de la Torre como diversos aspectos de la lucha política municipal. Manuel y María Jesús han seguido sus escritos en 'La Voz Extremeña' hasta 1933, periodo hasta el llega los ejemplares de ese periódico que han localizado por el momento. Como tarea futura se plantean el desescombro de una casa de Torre de Miguel Sesmero cuyo tejado se ha desplomado recientemente y en la que piensan que quizá puedan encontrar ejemplares de periódico de este periodo. Consideran fundamental encontrar los diarios de esta etapa para conocer las posturas del carpintero de la Torre durante el Bienio Negro. Concejal Ramón Tristancho García fue concejal en diversos periodos: durante la Dictadura de Primo de Rivera entre 1921 y 1922 y también tras las elecciones del 12 de abril de 1931. Perteneció al Partido Republicano Federal y en sus escritos describe su ideología como socialista y se pronuncia en contra de la violencia política. Las razones que condujeron a su detención y posterior fusilamiento en Badajoz son hipótesis todavía para los autores de la investigación. Ramón Tristancho había denunciado con frecuencia los abusos de los grandes propietarios de la Torre y de las localidades cercanas y criticado las condiciones en que se contrataba a los obreros del campo. Uno de esos propietarios fue detenido el 14 de agosto de 1936 y coincide que, a los pocos días, guardias civiles desplazados expresamente hasta la Torre de Miguel Sesmero detuvieron a Ramón Tristancho y le trasladaron hasta la cárcel de Badajoz. María Jesús y Manuel han encontrado la orden de ejecución del concejal y saben el lugar donde se llevó a cabo: la Cañada de Sancha Brava. Pero su cuerpo no fue recuperado y se ignora su paradero. Ramón Tristancho estaba casado con Sara y, aunque tuvo varios hijos, sólo dos le sobrevivieron: Virtudes y Tubal, llamado así en honor de un tío materno y de las sagas germánicas que gustaban a la familia de su madre. Ninguno de ellos tuvo descendientes, aunque en la Torre es posible encontrar todavía a familiares en distinto grado. Su afán por la escritura no se agotó en su vocación periodística. Escribió una obra de teatro, 'Alma y fuerza', que no llegó a estrenarse porque el alcalde de la localidad se vio reflejado en el personaje del cacique que figura en el reparto. También es el autor de una novela titulada 'Hermosa judía'. María Jesús y Manuel dicen que Tristancho fue siempre un personaje «en la frontera», cuestionado tanto por los socialistas de la localidad como por los grandes propietarios a los que criticaba. Independiente y tolerante, siempre defendió que la gran tarea era construir la República, al margen de las ideologías gobernantes y pidió tiempo para poder hacerla realidad. Manuel y María Jesús no tienen un trabajo relacionado con la historia aunque nunca han dejado la investigación histórica. Manuel tiene una especialización que llama la atención, porque a base de interesarse por un material relativamente humilde como el cáñamo, que hace las cuerdas, ha acabado por encontrar muchos de los secretos del poderío naval español del siglo XVIII. En la relación de títulos de sus artículos están 'Lo legal y lo ilegal en la contratación del asiento de Jarcia para la armada española' y 'El cáñamo y la Corona española en Ultramar: América y Filipinas (siglos XVI-XVII)'. Sobre el trabajo de Tristancho, María Jesús dice que no quiere reactivas viejas rencillas ni reabrir heridas sino tan sólo rescatar la historia de Torre de Miguel Sesmero. Allí, en 1902, se celebró un Congreso Obrero al que Ramón Tristancho siempre se refirió como un pasado heróico que condicionaba la vida de sus habitantes.

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