Arzak y el desayuno extremeño

J. R. ALONSO DE LA TORRE

Dentro de unos días viene a Cáceres el reputado cocinero Juan Mari Arzak en compañía de dos maîtres franceses (todos ellos, tres estrellas Michelín). Debatirán sobre gastronomía con José y Toño del restaurante Atrio (dos estrellas Michelín) bajo los auspicios de la Embajada francesa, la oficina del 2016, la Consejería de Cultura, etcétera. Supongo que la visita y el debate serán muy interesantes, pero por ahora me quedo con una apasionante polémica que anima la visita. A saber: ¿Es pertinente servir a estos cocineros de primera línea un típico desayuno extremeño o pueden quedar alucinados para los restos cuando prueben la 'tostá con manteca colorá' e higadillos? Me consta que entre los organizadores del encuentro existe una corriente favorable a servir a los cocineros una buena tostada con trozos de lomo en manteca junto al café con leche, para que sepan de verdad lo que es desayunar. Esta corriente estaría liderada por Francis, alma gastronómica del restaurante Corregidor de Cáceres. Pero hay otra corriente que considera estos desayunos 'mantecosos' como un dislate gastronómico, cuando no una aberración dietética. Esta opinión se movería en el entorno de lo que podríamos llamar el factor Atrio y yo me sumo a ella. En realidad, lo que subyace bajo esta polémica es el desayuno cacereño, centrado en los churros y las migas, frente al desayuno pacense con la cachuela como estrella. En eso aún no nos hemos puesto de acuerdo, aunque la cachuela gana cada vez más adeptos en Cáceres. Estaría bien que Arzak dictara sentencia, si su estómago no sucumbe en el intento.

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