Evo Morales y sus opositores autonomistas buscan una solución negociada que ponga fin a la crisis boliviana

Mientras se prepara el diálogo, los seguidores del presidente siguen movilizados en el departamento de Santa Cruz para cercar su capital

EFE |LA PAZ
El prefecto de Tarija, Mario Cossío, estrecha la mano del gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas. /EFE/
El prefecto de Tarija, Mario Cossío, estrecha la mano del gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas. /EFE

El presidente Evo Morales convocó para hoy, un día antes de lo previsto, el inicio del "diálogo nacional" con la oposición para superar la crisis que vive Bolivia, mientras sus bases mantienen un cerco sobre la ciudad de Santa Cruz, feudo de los autonomistas.

La apertura del proceso de diálogo para pacificar Bolivia, convulsionada por los conflictos en las últimas semanas, se produce cuando el departamento norteño de Pando llega a su quinto día en estado de sitio y con su prefecto (gobernador), Leopoldo Fernández, confinado en un lugar aún no aclarado tras ser detenido.

A pesar de que el acuerdo entre Gobierno y opositores establecía el comienzo de las conversaciones para el jueves en Cochabamba, en el centro del país, inesperadamente Morales ha decidido llamar a los prefectos de Santa Cruz, Beni, Tarija y Chuquisaca para hoy mismo.

Críticas a la Iglesia, intermediaria en el proceso

En sus primeras declaraciones tras acordarse el diálogo, Morales se ha mostrado satisfecho, pero ha vertido algunas críticas contra sus opositores y, sobre todo, contra la Iglesia católica, una de las instituciones que actuará como "facilitadora" del diálogo.

"Lamento mucho que el cardenal (...) defienda a la gente que defiende los intereses del Imperio y no al pueblo", ha asegurado Morales en su discurso, en el que también pidió que las iglesias Metodista y Evangélica que se incorporen a la mediación.

Morales se refería a la presencia del cardenal Julio Terrazas -presidente de la Conferencia Episcopal de Bolivia - en la firma del preacuerdo por parte de los opositores, que se celebró anoche en un local de la capital de Santa Cruz perteneciente a la Iglesia.

El presidente también introdujo cambios en la metodología de trabajo acordada con los opositores y propuso negociar a tiempo completo, a puerta cerrada y sin parar hasta que se concreten los acuerdos definitivos para no prolongar durante un mes o más las conversaciones, como sugiere el texto.

Presencia de representantes internacionales

A pesar del adelanto de la convocatoria, la mayoría de los gobernadores de oposición intentarán llegar hoy a Cochabamba, según han confirmado fuentes de los distintos departamentos, que no obstante han advertido de los problemas "logísticos" que puedan tener por la premura de la llamada del presidente.

También está previsto que comiencen a llegar a Cochabamba los delegados de los organismos internacionales y entidades que actuarán como testigos del proceso de diálogo: la Iglesia católica, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), la ONU, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA).

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, tiene previsto llegar mañana a Cochabamba, Unasur también enviará a sus representantes y Brasil ha anunciado la llegada de una comisión de diputados.

Luchas contra los "pro-yanquis"

Mientras se prepara el diálogo, los seguidores de Morales siguen movilizados en el departamento de Santa Cruz para cercar su capital: unos 5.000 campesinos bloquean el puente sobre el río Yapacaní, a cien kilómetros al norte de la ciudad, y no permiten el paso de vehículos en un trayecto de unos 30 kilómetros.

Estos "marchistas", como se definen ellos mismos, piden la devolución de las instituciones estatales tomadas por los autonomistas en Santa Cruz y han añadido una nueva reivindicación: la renuncia inmediata e irrevocable del prefecto cruceño, Rubén Costas.

Algunos de estos campesinos han asegurado que "aquí no va a haber diálogo" y que no pararán hasta derrotar "a los corruptos", aunque lo pida el mismo Evo Morales.

Pero no parece que Morales vaya a desmovilizar a sus bases a pesar del inicio del diálogo: esta misma mañana, el presidente boliviano selló un pacto con los líderes sindicales y movimientos sociales del país para que encabecen "las luchas" contra los grupos oligárquicos, terratenientes y los "pro yanquis" del país.