Rentabilidad y ecología tabaquera

La cooperativa Coolosar sustituye los combustibles fósiles por pipos de aceituna y cáscaras de almendra para abaratar los costes de su producción y beneficiar al medio ambiente

ELOY GARCÍA
Trabajadores de Coolosar ultimando el llenado de uno de los contenedores de hoja./ E.G.R/
Trabajadores de Coolosar ultimando el llenado de uno de los contenedores de hoja./ E.G.R

Muchas veces se ha hablado sobre biomasa y combustibles ecológicos en la región, pero pocas veces como ésta se ha constatado su uso y aplicación práctica a un sector agrícola en peligro, como es el tabaquero, conjugando a la perfección rentabilidad económica con beneficio medioambiental. Nos referimos a la pionera iniciativa de Coolosar, la cooperativa de Losar de la Vera (Cáceres), que ha eliminado los combustibles fósiles -gasóleo y gas- del proceso de secado del tabaco. En su lugar emplea biomasa (en este caso pipos de aceituna y cáscaras de almendra), dejando de quemar un millón de litros anuales y ahorrando más de 600.000 euros a los cultivadores.

Como cualquier innovación de este tipo (aseguran que el proyecto en su conjunto es pionero a nivel europeo), el riesgo ha sido una constante. No solo se han sustituido los quemadores de gasóleo de las anteriores estufas por las modernas calderas actuales, sino que se ha acometido un equipamiento totalmente nuevo, con 120 secaderos, que han costado cinco millones de euros.

Ser competitivos

El objetivo de esta serie de medidas las explicaba el gerente de Coolosar, Cándido Barrera, quién guió a HOY a través de las instalaciones que la cooperativa posee en la finca El Robledo, en pleno corazón de la producción tabaquera losareña. «Ha sido una apuesta arriesgada pero entendemos que es la única forma de seguir. Todo está subiendo: combustibles fósiles, abonos, fitosanitarios,... Esta era la única forma de concentrar esfuerzos, trabajando para obtener tabaco de mayor calidad a menor coste, siguiendo las tesis de la Junta de Extremadura», manifestaba.

En esta línea de conseguir un producto competitivo, Coolosar adquirió máquinas para la recolección y remolques para su traslado desde las explotaciones hasta las instalaciones de la cooperativa, completando la última fase del cultivo, desde el repele (así se conoce la cogida de la hoja) hasta el secado y empaquetado del tabaco. En este último equipamiento invirtieron 750.000 euros.

Naves por depósitos

La visita comenzó por la nave de almacenamiento de biomasa, que vienen a sustituir a los antiguos tanques de combustible. Se trata de pipos y cáscaras importados de Lérida, Jaén y Córdoba. «Este año llegamos un poco tarde, pero para la próxima campaña esperamos conseguirlo más barato y a ser posible de empresas de la región, para que el valor añadido se quede en Extremadura», aseveraba el gerente. La nave está ubicada en las traseras de las calderas y un sencillo mecanismo hace llegar el ecológico combustible a los quemadores, donde calientan el agua que circulará hasta los radiadores de los secaderos, subiendo la temperatura y haciendo circular el aire, al igual que en los antiguos secaderos. «Y además todo esto con tecnología extremeña», subrayaba.

Entretanto, en la fachada principal de las instalaciones, decenas de agricultores aguardan su turno para entregar el tabaco recién recolectado. Una gran plataforma inclina los remolques prácticamente hasta la verticalidad, mientras que tres cintas se encargan de separar la hoja para que quede debidamente colocada en los contenedores, que finalmente se insertarán en los secaderos. Cada una de estas unidades carga de 700 a 1.000 kilos de tabaco verde «dependiendo del piso foliar». De ahí al secadero, completando un ciclo de secado idéntico al de gasoil, con un periodo medio de ocho días. El propio presidente de Coolosar, Julián Suárez, mostraba la óptima calidad del tabaco de una de las estufas a la finalización del secado.

Transcurrido este proceso se selecciona, envasa en grandes cajas de cartón y se almacena en una nave industrial, desde donde directamente se vende a las empresas transformadoras.

«Dar un paso más»

Barrera recordaba los inicios de la iniciativa en 2006. Tras adquirir la maquinaria de la recolección pensaron en «dar un paso más» y comenzaron a visitar otras explotaciones en Italia, Portugal y España «cogiendo lo que más nos gustaba de cada modelo e introduciendo nuestras propias mejoras». Explicó que el proyecto se puso en marcha el pasado año con 24 secaderos y que estaba previsto ejecutar en tres años. Sin embargo los óptimos resultados obtenidos han propiciado que los socios de la cooperativa se animen y aceleren su implantación, finalizando en 2008 la instalación y puesta en marcha del total de 120 secaderos. Éstos sirven para dar cobertura al 80% de la producción total de la cooperativa, estando a la espera de 'rodar' esta fase para ampliar el sistema al cien por cien de la producción. Aun así se trata del proyecto de este tipo de mayor envergadura en Europa, dando servicio a 90 cultivadores que gestionan un total de 60 explotaciones tabaqueras.

Por otro lado, existen cultivadores que han iniciado una experiencia similar en sus plantaciones, tanto en resultados como en planteamiento, aunque a menor escala. Este es el caso de Manuel Fernández (en colaboración con el centro de investigación La Orden) y Tomás Sánchez Zabala, ambos con explotaciones en el término municipal de Jaraíz de la Vera.

Ayudas necesarias

Barrera aprovechaba para dejar claro que el objetivo de la iniciativa no es producir sin ayudas, sino sacar adelante un producto competitivo que permita llegar en la mejor condición posible al año 2013. «Nosotros no hemos hecho esto porque creamos que se pueda producir sin ayudas. Las primas son necesarias y apostamos por su mantenimiento al menos hasta 2013», apuntaba.

A este deseo se unía la reivindicación de los tabaqueros presentes, lamentando que las empresas transformadoras no incrementen el precio del tabaco, tal y como se está haciendo, por ejemplo, en Italia, entre otros países.