Un extremeño en la Curia

Carlos Simón Vázquez cumple cinco meses al frente de la Subsecretaría del Pontificio Consejo para la Familia, en el Vaticano

PABLO CALVO
El sacerdote extremeño Carlos Simón en el patio del Obispado de Coria-Cáceres. / MARISA NÚÑEZ/
El sacerdote extremeño Carlos Simón en el patio del Obispado de Coria-Cáceres. / MARISA NÚÑEZ

Carlos Simón Vázquez se ha levantado esta mañana en la Residencia de Santa Marta, dentro de la estructura de edificios que componen la Ciudad del Vaticano, y se ha dirigido al barrio del Trastevere, lleno de veladores que cada noche ocupan miles de turistas. Es la misma ruta que hace cada día, de lunes a sábado, porque la semana laboral de los miembros de la Curia romana es de seis días y el descanso, se reduce, efectivamente, a la jornada dominical.

Este cacereño de 43 años, sacerdote y licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra, es desde hace cinco meses subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia, el dicasterio que en términos políticos sería el equivalente al Ministerio encargado de gestionar los asuntos relacionados con el matrimonio, la reproducción o el complejo debate de la bioética.

«Mis estudios de Medicina me están sirviendo, los utilizo para mi trabajo», asegura instantes antes de posar para la fotografía, en el patio del palacio que ocupa, en la Ciudad Monumental, el Obispado de Coria-Cáceres. Simón agota aquí sus vacaciones, visibles en el bronceado de su rostro, del que sobresalen una gafas de diseño moderno, antes de regresar el martes 29 de julio a Roma. Sólo se coloca el alzacuellos cuando aparece la fotógrafa, tal vez por el calor.

Preguntas

Son las ocho y media de la mañana y el subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia llega al palacio de San Calixto, donde se encuentran la oficinas del dicasterio, en ese popular Trastevere, y comienza «una actividad muy variada».

Sobre su mesa, Carlos Simón tiene diversos documentos que abordan el tema de la familia o la «vida humana naciente», para su repaso y estudio. También debe dar respuesta a las preguntas y dudas que se suceden desde las nunciaturas y conferencias episcopales «de todo el mundo».

La preparación de las visitas ad limina que deben hacer los obispos a Roma cada cinco años es otra de las tareas de este Consejo Pontificio, que informa de gran parte de su actividad a través de una revista, 'Familia et Vita'. «Publicamos artículos de diversos autores respetando las partes geográficas del mundo para que sea algo universal».

Y es que, sin duda, el Vaticano y quienes trabajan en los órganos de gobierno de la Santa Sede, observan los temas de su interés y deben trabajar sobre ellos con una perspectiva mundial, sin ningún atisbo de exageración. «Sí, es un observatorio privilegiado porque vemos la situación del matrimonio, la familia y la vida a nivel mundial. Ante esto, siempre hay luces y sombras».

Luces, por ejemplo, en América Latina. «La familia sigue teniendo mucho vigor allí, y también la sociedad y los gobiernos la valoran como un bien, no sólo para la Iglesia, para la que la familia es la célula fundamental, sino también como un bien de la sociedad civil, un bien que hay que promover y proteger porque da estabilidad a las personas y a las instituciones».

España, reconoce el subsecretario, entraría más en el campo de las sombras. «Se ve a veces con cierta preocupación por algunas políticas que a nuestro modo de ver pueden erosionar la estabilidad de la familia, el matrimonio y la vida».

Ahí se queda. El sacerdote extremeño, recién llegado a la Curia, evitar abrir cualquier asunto que pueda resultar inconveniente. Para eso está la famosa diplomacia vaticana. «Tenemos bastantes relaciones con el Parlamento Europeo. Invitamos a algunos políticos para que intenten defender los valores de la familia y la vida», explica.

Son la una y media, fin de la jornada, y Carlos Simón puede que dedique la tarde (si no es martes o viernes, días en los que debe regresar al palacio de San Calixto) a perfeccionar su inglés.

Objeciones

«Puse bastantes objeciones antes de aceptar», recuerda. «Estaba a gusto en la Diócesis, conocía mucho al obispo nuevo (Francisco Cerro) porque había coincidido con él en Roma, y estaba muy adaptado. Puse objeciones sobre mi capacidad para desempeñar el cargo y también de tipo lingüístico porque no hablo inglés fluidamente; lo entiendo, lo traduzco, pero no lo hablo con fluidez».

Carlos Simón no se molesta cuando se le indica su vocación tardía ¯«sí, sí, fue tardía, a los 24 años cuando lo normal es a los 18»¯ y en realidad tiene un currículum muy brillante, incluido el apartado de idiomas.

Una vez terminada la carrera de Medicina, ingresó en el Seminario, se marchó a Roma a ampliar estudios ¯se doctoró allí en Teología¯ y regresó a Extremadura en el año 2000, donde recibió el encargo de la Diócesis de Coria-Cáceres de impartir clases de Teología Moral a los futuros curas y ocuparse de la parroquia de Cañaveral, un pequeño pueblo a mitad de camino entre la capital cacereña y Plasencia.

En esto estaba (y en dar clases en Burgos, también de Teología), cuando recibió la llamada de Roma en noviembre. Era el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, fallecido pocos meses después, quien le fue «desmontando» aquéllas objeciones. En febrero recibió la confirmación definitiva a través de otra comunicación telefónica, esta vez del nuncio apostólico en España, Manuel Monteiro, porque el suyo es un nombramiento papal. «No es que le vea mucho (a Benedicto XVI), la última vez fue el día del Corpus. Pese a sus 81 años, le encuentro físicamente muy bien», señala Simón, que hoy desarrolla su labor con el cardenal Ennio Antonelli, nombrado nuevo presidente del dicasterio.

De vuelta a Roma, el subsecretario trabaja en la preparación del Encuentro Mundial de la Familia, que prevé reunir el próximo mes de enero en México D.F. a más de medio millón de participantes.

Distinta Roma

El sacerdote extremeño ha pasado de ocuparse de una pequeña parroquia de pueblo a superar todos los días los controles de seguridad que deben pasar los habitantes de la Ciudad del Vaticano.

Simón reconoce que ha encontrado distinta la Roma que conoció como estudiante de Teología hace una década a la que observa hoy. «Tenía una visión más concreta, ahora estoy más integrado en la vida de la ciudad, en la relación de la Santa Sede con todos los países y también me he metido los domingos en una parroquia para tomarle el pulso a la ciudad, pero me ha costado, sí, supone empezar una nueva vida con otras costumbres».

No está solo, en cualquier caso. Calcula que en Roma hay cerca de 40 religiosos extremeños. «Nos reunimos el día de San José y creo que el Día del Pilar también es costumbre de los españoles el juntarse. Para mí, es un privilegio estar cerca del Papa, en el centro de la Iglesia».

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