Cáceres despierta de su dulce sueño

La fatalidad de las lesiones más el juego duro impuesto por Illescas y permitido por los árbitros acaban con las aspiraciones de LEB Oro Panadero, Jones y Williams no pudieron terminar la semifinal

C. M. C.
Williams, Panadero, Gruber y Kitsouilis se lamentan tras la derrota ante Illescas.|MARISA NÚÑEZ/
Williams, Panadero, Gruber y Kitsouilis se lamentan tras la derrota ante Illescas.|MARISA NÚÑEZ

La realidad se le apareció ayer con toda su crudeza a una ciudad entera y la hizo despertar de golpe de un dulce sueño, el de alcanzar de nuevo la élite del baloncesto nacional. El despertador fue Illescas, y más concretamente un atleta de 2,05 llamado Duane Virgil, quien en un último cuarto sensacional arrebató al Cáceres 2016 Basket la posibilidad de luchar hoy en la final por el ascenso a LEB Oro. Hasta entonces el partido había sufrido altibajos y abultados parciales pero, había transcurrido por la senda de la igualdad.

La ventaja de campo, una afición entregada, una racha de victorias en casa que duraba desde la primera vuelta... El Cáceres 2016 lo tenía todo de cara para lograr el asalto a la nueva categoría, y la razón de que no lo lograra anoche es algo compleja. Sería fácil escudarse en que acabó el partido sin Harper Williams, eliminado a falta de tres minutos, o en la lesión de Panadero en un choque con Charquero nada más comenzar el segundo cuarto, que dejó a Piti Hurtado sin su anotador más regular, pero existe un motivo más de fondo que tiene que ver con los diferentes conceptos de este juego llamado baloncesto que manejan Cáceres e Illescas.

Defensa

El entrenador visitante, Javier Juárez, había declarado antes del partido que la clave de la semifinal iba a estar en su defensa y en no dejar corre a los hombres rápidos del Cáceres. El resultado de aplicar eso en la práctica fue lo que se vio ayer sobre la cancha del Multiusos: un partido duro y trabado, donde el músculo mandó sobre la técnica, y en el que para desgracia del Cáceres los árbitros dejaron jugar demasiado, es decir, que sólo pitaron lo muy evidente, lo cual iba a todas luces en contra de los intereses de un equipo técnico como es Cáceres.

Y eso que durante unos minutos pareció que no iba a ser así. Fue en el tercer cuarto, cuando la magia de Kelvin Peña se impuso al garrotazo de los jugadores de Illescas, en especial de Lyons y Charquero. 'El Pollito' salió enchufado y dio un recital con cuatro triples y canastas inverosímiles, un total de 19 puntos en ese cuarto que dejaba el marcador en un 51-58 a favor del Cáceres a falta de los últimos diez minutos. Nadie podía pararle, o al menos eso pensaban la casi totalidad de las 4.500 personas, que durante la exhibición de Peña vivían desde las gradas momentos de éxtasis.

Pero en el tercer cuarto el Illescas volvió a ponerse las pilas en defensa, neutralizó al Pollito y le dio el bastón de mando a Virgil, cuyos 14 puntos, unidos a las constantes precipitaciones en ataque del Cáceres y a unos árbitros que miraban paro otro lado, pusieron el partido en bandeja para los visitantes.

La decepción en la grada fue monumental, excepto en una de las esquinas del fondo, donde 200 seguidores toledanos celebraban la victoria de su equipo, el cual lleva camino, si no le para hoy Gijón, de celebrar un nuevo ascenso en la que ha sido su primera temporada en LEB Plata.

Los jugadores del Cáceres abandonaron la cancha cabizbajos en medio de la gran ovación de un público que les reconoció el mérito de haber llegado hasta aquí. Antes Piti Hurtado había desahogado toda la tensión acumulada durante el partido cuando, mientras los árbitros caminaban hacia el túnel de vestuarios, les acompañó gritándoles en la cara lo que pensaba de su manera de pitar. Allí lo dijo todo, porque unos minutos después, en la rueda de prensa, se negó a calificar públicamente la actuación de los colegiados.

Buen comienzo

Las caras de tristeza a la salida del pabellón eran muy distintas de las del inicio del partido. Desde una hora antes del comienzo los aficionados más activos habían convertido el Multiusos en el infierno que temían los toledanos. Durante el primer cuarto todo marchó a pedir de boca, con un gran Harper Williams y un Illescas diluido en el que el consumado especialista Joe Alonso fallaba sus tres tiros desde 6,25. El Cáceres terminaba ese primer cuarto con un 10-20 a favor que resumía los visto sobre el parqué.

La remontada de Illescas en el segundo cuarto, con un parcial de 27-13, metió el miedo en el cuerpo a la afición cacereña. Joe Alonso reapareció con tres triples, pero al mismo tiempo que él resucitó lo hizo la famosa defensa illescana, con acciones que veces rozaron la ilegalidad, pero que en cualquier caso impidió la fluidez anotadora de los de Piti Hurtado, algo perdidos en ataque mientras Panadero, un seguro anotador en estas ocasiones, permanecía en el banco con hielo en el hombro derecho y el brazo en cabestrillo.

La posterior contrarreacción encabezada por Peña no fue suficiente y al final ocurrió lo que ya sabemos ante la incredulidad de una afición que sabe perfectamente que el nuevo modelo de finales a cuatro va a impedir al Cáceres volver a tener la oportunidad, al menos en muchos años, de jugarse el ascenso ante los suyos. Pero eso no significa que sea imposible, de modo que, tras digerir la derrota, lo que ahora toca es ponerse a trabajar para que el sueño se haga realidad la próxima temporada. Porque, si algo ha quedado claro este año al baloncesto español, es que Cáceres ha vuelto.

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