Llerena, un pueblo sin gente necia

Tres miembros de 'Morrimer' grabando un testimonio sobre Barrancos./ E . Rubio/
Tres miembros de 'Morrimer' grabando un testimonio sobre Barrancos./ E . Rubio

En su «Libro de Cetrería», Luis Zapata de Chaves escribió en el siglo XVI que Llerena era un pueblo lleno de mujeres hermosas, de caballeros y letrados y que sus habitantes eran tan ingeniosos que «apenas necio podrá hallarse uno». Este texto está esculpido en una placa situada en la fachada del Palacio de los Zapata (ver foto de la página siguiente), que ahora es Palacio de Justicia y antes fue sede del tribunal de la Inquisición.

Y bastante razón tenía don Luis Zapata porque en este pueblo, en cuanto te descuidas, surge el ingenio. Recorremos la villa por su circunvalación, que aquí llaman la LL-30, rodeando torreones, paños de muralla con los restos de sus cinco puertas, y van surgiendo curiosidades: la estatua del Tumbaíto, que no es otro que Pedro Cieza de León, un llerenense que trajo la patata de América, la rotonda de Dalí, así llamada por su peralte imposible, el viento helado, porque la sierra impide la llegada de los vientos del sur y provoca que todos los años, curiosa estadística, nieve al menos un día...

Nos adentramos después en el casco urbano y nos topamos con la torre mudéjar de la iglesia. «Es como la Giralda, pero más especial porque ésta parte de la bóveda y aquella, del suelo», presumen en Llerena. Aquí, la imprenta Grandizo, que ya funcionaba hace 80 años. En ella se imprimía el material del partido trostkista POUM, que se repartía en Cataluña. Uno de sus principales dirigentes era el llerenense Luis Rastrollo. Allí, el barrio de El Coso, la calle Corredera de los toros, los arcos de la iglesia, desde donde se veían las corridas... Pero en Llerena no se celebran festejos taurinos porque el empresario estafó a los diestros hace dos años y el sindicato taurino ha vetado una plaza que no existe.

En la plaza principal hay una fuente diseñada por Zurbarán, que se casó dos veces en Llerena y aquí vivió y pintó. En el pueblo llegó a haber siete conventos de frailes y nueve de monjas. Llerena fue importantísima durante el Antiguo Régimen. Aquí estaba el Tribunal de la Inquisición, del que se dice que fue muy cruel, pero lo cierto es que cuando juzgaron a los Iluminados de Llerena, solo dos fueron ajusticiados. Y eso que pretendían llegar al cielo por la vía sexual, una herejía muy particular: la mística orgásmica.

Llerena llegó a ser tan importante que se dice que los llerenenses aún se miran el ombligo. Lo asegura Xosé Antonio Perozo, un llerenense convertido en escritor gallego y en gallego. Su madre visitó la compostelana Plaza del Obradoiro y opinó como buena llerenense: «Bueno, es bonita, pero una manita de cal no le vendría mal». Su hijo editó una enciclopedia gallega en la editorial Ir Indo y definió así Azuaga: «Localidad cercana a Llerena».

El pique con Azuaga es tradicional y tiene su gracia. En el blog de un poeta local, Agustín Romero Barroso, se lee que el enfrentamiento proviene de la Edad Media, cuando a Llerena le ponen muralla y a Azuaga la dejan en medio del campo. Hoy, Azuaga tiene más habitantes que Llerena (10.000 frente a 6.000), pero es en Llerena donde están los juzgados, el hospital, el tren.

«No caemos muy bien en los pueblos de los alrededores, pero es lógico. Aquí estaba la Inquisición y los vecinos de los pueblos cercanos venían a ser juzgados. En la Guerra Civil, en los pueblos de los alrededores estaban los muertos y aquí los ejecutores que los fusilaban. Aún hoy, se viene a Llerena si estás enfermo para que te ingresen en el hospital. Pero nosotros ejercemos de llerenenses, no podemos evitarlo, nos defendemos, nos unimos».

Los 'morrimer'

Ellos, los ejercientes, son miembros de la Asociación Cultural Morrimer. Julio Fernández, graduado social, Fernando Ramos, actor, Ángel Hernández, conserje e historiador con varias publicaciones, Antonio Navarro, funcionario y psicólogo... Esta asociación llerenense cuenta con 411 socios, lleva funcionando diez años, desde que Paco Freire, un realizador que ahora trabaja en una importante productora gallega, les inoculó el virus audiovisual. Desde entonces han grabado varios cortos y un documental, «La columna de los 8.000», proyectado en varias televisiones, en Viena, Londres, Roma y Nueva York y en casi todas las filmotecas de España, incluida la Nacional, excepto, ¿atención!, en la de Extremadura.

«La columna de los 8.000» narra las peripecias, que acaban en masacre cerca de Llerena, de 8.000 extremeños republicanos que intentaban escapar del avance de la llamada Columna de la Muerte de Yagüe. Ahora, los 'morrimer', como se les conoce popularmente, preparan otro documental sobre los campos de concentración de Barrancos, donde el teniente Seixas cobijó y salvó de la muerte a centenares de extremeños y andaluces. En sus documentales, los 'morrimer' son asesorados por historiadores como los extremeños José María Lama o Francisco Espinosa y la portuguesa Dulce Simoes.

La asociación Morrimer organiza también un festival de cortos llamado El Pecado. Se celebra en agosto. Las proyecciones se realizan en diferentes placitas de Llerena, que se llenan hasta la bandera. Se presentan alrededor de 250 cortometrajes y tienen tanta calidad que en la última edición, de los 10 cortos nominados a los Goya, siete se habían presentado antes en El Pecado. Un corto premiado en Llerena, «La ruta natural», ganó después el festival de Sundance.

Aquí ha ganado Nacho Vigalondo, nominado después a los Oscar, y el año pasado triunfó el equipo de Muchachada Nui. Como los 'morrimer' son más bien pobres y voluntariosos, suelen pagar las colaboraciones con paletillas de jamón ibérico, que también reciben los premiados en el festival de cortos.

Hoy, Llerena es un pueblo donde los servicios se imponen a la agricultura. Los olivares de la sierra están siendo comprados por vecinos de los pueblos cercanos, mientras el polígono industrial llerenense empieza a desarrollarse. Hay una empresa textil, Saycars, con más de 60 trabajadores en temporada baja, dos industrias cárnicas de cierta importancia, dos fábricas de pienso, y una de abonos.

Llerena cuenta con dos institutos que imparten algunas especialidades de FP únicas en Extremadura como Radiodiagnóstico. En la villa hay tradición educacional. Aquí estuvo el colegio de jesuitas, que hoy se encuentra en Villafranca. Tras ser expulsados de España, al regresar, cambiaron de ubicación. También había un popular colegio para estudiantes díscolos y cuenta con un importante centro de educación especial, con más de 30 trabajadores y más de cien usuarios, y una asociación puntera de lucha contra la droga, con residencia y granja de desintoxicación.

Llerena es el centro comercial de una quincena de pueblos. Siempre estuvo muy unida a Sevilla, tanto en lo laboral como en lo estudiantil, pero ahora, a pesar de la autovía, Mérida y Badajoz tienen más peso. En turismo, se ha pasado de tener dos hostales y una pensión a contar, además, con una hospedería de cuatro estrellas y dos hoteles de tres.

Llerena ya no es aquella capital de la Orden de Santiago cuyo gobernador controlaba, entre 1300 y 1835, más de 50 pueblos. Pero sigue siendo un pueblo de referencia. Ya no tiene gobernador, pero su alcalde, el socialista Valentín Cortés (tres mandatos con mayoría absoluta) preside la Diputación de Badajoz, aunque no parece que vaya a declarar Llerena ciudad 'independiente' como sucedió en 1835.

Ese año se produjo el cisma de Maeso, líder de la más importante familia llerenense, que se opone a que el pueblo dependa del obispo de Badajoz. Durante año y medio, los curas papistas son apedreados y encarcelados y no se legalizan los sacramentos.

Hubo otra rebelión en los años 70, cuando los hippies del pueblo se opusieron a que la Plaza se cerrara durante las fiestas porque era del pueblo. Y triunfaron. De aquella movida nació un grupo de teatro cuyos herederos son la compañía Teatro de Papel. En ella está Fernando Ramos, un actor, un 'morrimer' que se declara rebelde sin causa: «Soy de IU y del Bilbao. siempre a un punto del descenso». Hace años, la Guardia Civil lo denunció por cantar a las cinco de la mañana y él denunció a la Iglesia porque las campanas del convento lo despertaban a las siete. Es Llerena, sitio distinto. Llerena