El Womad, el Tous y el Cáceres

J. R. ALONSO DE LA TORRE

¿Cómo ha quedado el Cáceres en Plasencia? Esa era la pregunta más repetida el viernes por la noche en los soportales de la Plaza Mayor. Pero nadie tenía la respuesta porque el Womad lo llenaba todo. Fin de semana de euforia y fiesta con la ciudad convertida en un paseo multiusos donde había gente para todo. En Cánovas, decenas de puestos y miles de personas curioseando. «Mira, estos pendientes cuestan 300 euros en Tous, 6 euros en los 'chinos' y cinco aquí». Oportunidades negociables. «Por ese bolso de Gucci me han pedido 50, yo les he ofrecido 15, ellos me han bajado a 20, yo sigo en 15 y me he ido, pero no han venido a por mí y por mis 15 euros. En Roma sí venían». Es que esto no es Roma, esto es Cáceres, es el Womad y la gente compra con alegría. Del Gran Bazar al Gran Concierto. En la Plaza Mayor música para amenizar el botellón y las conversaciones. Se oía mejor que otros años, pero el sonido se perdía por callejas y explanadas. La plaza es un espacio poco womero, parece más un botellón con hilo musical. La gente está a lo suyo: ligar, beber, hablar mientras suena Concha Buika o quien sea. El Womad auténtico estaba en la parte antigua. Cruzabas el Arco de la Estrella y penetrabas en un ambiente de verdad alternativo: comidas con cierto exotismo, aunque no sea lo de hace años porque a nadie sorprenden ya ni el kebab ni el falafel; conciertos intensos con el público concentrado en bailar y en vibrar; espacios únicos de San Jorge, Santa María y Veletas; desinhibición, diferencia... El sábado por la mañana, un poeta barbudo y el 'ecce homo' que lidera la afición anunciaban en la portada del HOY que el Cáceres había ganado. Sigue la fiesta.