El éxodo obligado de Darío y Álvaro

A.J.A.

Darío y Álvaro están en Cáceres por el Womad. Llegaron el viernes, y hoy mismo se volverán a Madrid. En resumen: la familia y algunos amigos, en Cáceres. El trabajo, en Madrid.

El caso de estos dos hermanos sigue el guión de otros muchos, que tal como recoge el estudio del INEM trabajan en una provincia distinta a aquella en la que vivían. Darío y Álvaro Carballo Floriano escogieron los mismos estudios y los cursaron a la vez. «Yo tengo 26 años, soy dos mayor -matiza Darío-, pero repetí C.O.U. y mi hermano me alcanzó». Los dos hicieron el ciclo formativo de Delineación, y al finalizarlo, completaron su formación con otro sobre prevención de riesgos laborales. Antes de terminar su periodo de prácticas, a Darío ya le salió un empleo en su ciudad. «Me hicieron un contrato de seis meses trabajando como técnico en prevención de riesgos laborales, pero al cumplirse el contrato lo dejé». El motivo principal le resultará familiar a más de uno: le pagaban poco. «Sobre todo -amplía Darío- teniendo en cuenta la responsabilidad que tienes en un puesto así».

En esa situación, decidió buscar un trabajo relacionado con sus conocimientos como delineante. Durante un mes y medio se dedicó a mandar currículos a empresas cacereñas del sector, y el resultado fue más bien deprimente: ni una sola entrevista personal. «Tenía amigos que estudiaron el ciclo formativo de Delineación y estaban trabajando en Madrid -cuenta el joven-. Me dijeron que me fuera para allá porque iba a encontrar trabajo rápido».

Y acertaron. Darío se fue a la capital a probar suerte. Y a los diez días ya tenía un empleo. Incluso pudo permitirse algo que a muchos parecerá un lujo: rechazar una propuesta laboral. «En diez días hice cuatro o cinco entrevistas, y me llamaron de dos empresas» recuerda Darío, que tuvo más problemas en encontrar un sitio para vivir. «El trabajo lo conseguí en diez días, pero encontrar un piso me costó un mes», asegura.

Hoy, no se arrepiente en absoluto de la decisión de dejar Cáceres y afincarse en la capital del país. «El suelo en Madrid no es mucho más alto que el que me podían pagar en Cáceres -explica-, pero la experiencia que voy a tener, en una empresa grande, me va a servir para el futuro, y me puede valer para volver a mi ciudad, o a Toledo, o a algún sitio cercano, dentro de cuatro o cinco años y encontrar un trabajo, aunque bueno, nunca se sabe...»

Al margen de lo que le depare el futuro, se declara «muy contento» de cómo le van las cosas. «A Cáceres vamos cuando podemos -detalla-, normalmente una vez al mes». La cuestión cambia, claro está, cuando algún buen motivo hace cambiar los planes. Por ejemplo, el Womad.