Hamish Fulton, el arte en el hecho de caminar

La Fundación Ortega Muñoz trae hasta el Meiac de Badajoz una muestra de este artista inglés que se ha pasado más de treinta años caminando por el mundo

A. GILGADO
Hamish Fulton realiza sus obras mientras camina con los pies descalzos./ E.P./
Hamish Fulton realiza sus obras mientras camina con los pies descalzos./ E.P.

Cada paso que da, y son muchos desde que empezó a principios de los 70, traza una pincelada en su particular universo.

Hamish Fulton (Londres 1946) se echó a andar por el mundo cuando estudiaba arte en busca de su propio concepto artístico. Parte de las caminatas que ha cubierto desde entonces componen hoy un legado que aterriza en el Meiac de Badajoz. La exposición 'El camino. Rutas cortas por la Península Ibérica 1979-2008', producida por la Fundación Ortega Muñoz, parte de dos publicaciones, una sobre los recorridos a pie de Fulton por la Península Ibérica y otra sobre su particular visión del tramo extremeño de la Vía de la Plata.

La experiencia extremeña de este «artista caminante», como el mismo se define, se gestó en 21 días del pasado mes de enero. La obra se titula 'Río-Luna-Río' en referencia al Guadiana, que fue su punto de partida, y a la luna llena, que salió a su encuentro antes de llegar a Guadalupe, justo en mitad del trayecto.

El material que cuelga en el Meiac supone una reivindicación contra el sedentarismo y un mundo «dominado por Internet» .

Cree que la gente que hoy camina «va a contra corriente» de los demás. En esta idea radica el punto de partida de su caminar como arte.

Para él la soledad de la tienda de campaña, las piedras del camino, la gente con la que se encuentra, las huellas de sus pasos sobre la arena componen la palea policromática con la que da forma a su obra. Aunque la propia experiencia de caminar también la concibe como expresión artística. Fulton reconoce que al principio poca gente entendía esta doble intencionalidad, pero su ya dilatada experiencia le ha valido para dejar claro uno de sus máximas: «hay que hacer arte sobre lo que uno cree realmente que debe hacerlo». Además asegura que nunca ha pretendido hacer «nada deliberadamente difícil», y por si hay dudas aclara: «soy un artista que camina, no un caminante que intenta crear arte».

Por eso nunca renunció a trasladar su arte al hecho de caminar, ya que equivale, según él, a experimentar varios aspectos de la vida, como el ejercicio, la meditación, la salud, la naturaleza o la filosofía. De hecho cada caminata que cumple la concibe como una crítica a «una sociedad dependiente del automóvil».

Cuando empezó su trayecto por Extremadura ya sabía de antemano que partía por una zona «de muchas posibilidades y que en realidad cualquier ruta por la que hubiera optado sería igual de enriquecedora».

Valora sobre todo su paso por Guadalupe. Pero además de la naturaleza, del paisaje y del entorno natural retrata a gente que encuentra por los caminos. «Cada vez menos gente anda», advierte alguien que lleva tres décadas haciéndolo.

En Extremadura por ejemplo ha encontrado a pastores con su ganado, persona, que «renuncian a estabular sus animales o a desplazarse por el campo en cualquier vehículo, y representan en sí mismo la fuerza de lo singular».

Precisamente este elemento de singularidad le vale para ligar a los pastores extremeños que retrató con él mismo. «Tan inusual es encontrar a un pastor con su ganado como un caminante por una carretera de coches».

Por eso en esta muestra pretende llamar la atención sobre formas y modos de vidas destinados a desaparecer por la evolución de una sociedad que destierra a los que no se mueven en coche.

En su peregrinar también se encontró con un pastor que iba a Madrid en burro desde Extremadura. «Ejemplo que alguien que va contra el sistema», dice el artista.

El mundo que no tiene cabida en lo convencional forma parte del mundo de Fulton. Sobre todo cuando se trata de elementos naturales. Sospecha que mucha gente ignora «los fenómenos que ocurren en la naturaleza y la belleza que ofrece la propia naturaleza».

En su obra encontramos fotografías de caminos vacíos, algo que muestra su afán por «saborear cada paso» de cada experiencia y de mantener constantemente la sensación «de que queda mucho camino por realizar». Fulton no se obsesiona por llegar al final del trayecto, más bien por no perder detalle de todo lo que acontece mientras lo realiza.

Otro elemento característico de la obra de Fulton lo protagonizan los senderos que se pierde en la infinidad del horizonte que simulan la incógnita de lo que nos espera en un futuro próximo.

En muchos casos las imágenes van acompañadas de un texto en el que fija su visión de la naturaleza o del arte. Así por ejemplo a un sendero salpicado de charcos le acompaña un 'axioma Fulton': «Las caminatas son como las nubes vienen y se van».

El artista no pierde posibilidad de expresar su opinión a través de su obra y quiere que quien aprecie los retazos de sus caminatas no tenga duda de lo que quiere decir en cada momento. En las palabras se revela el verdadero Fulton crítico y consciente del mundo por el que camina.

Miedo

Uno de los retos a los que se enfrenta en cada proyecto es el miedo. Con el paso de los años ha aprendido a controlarlo y ha convertirlo en un compañero más de su trabajo. Recuerda por ejemplo como en el norte de la India quedó atrapado en un bloque de hielo. «Mucha gente puede tener miedo de pasar la noche a la intemperie en mitad de un bosque, para mi esto es una ingrediente habitual en cada caminata, he aprendido a verlo como algo normal».

Aunque se aprecian elementos comunes a todos los caminos, Fulton tiene claro que no ha transcurrido por dos iguales. Cada uno tiene pasos propios que les hace distintos. Así por ejemplo la Vía de la Plata la considera un trayecto «concebido para caminar, porque cuenta con un sendero para ir a pie y no todos los caminos ofrece esta posibilidad». Sin embargo, el deja claro, que no lo hizo de forma lineal, su trayectoria fue circular.

Los 21 días de este trayecto llevó un equipaje ligero, se hospedó en hostales, compraba agua en gasolineras y comía en bares. Destaca lo del agua, porque también realiza 'collage' con las etiquetas de las botellas. De forma indirecta expresa el valor de este líquido en su obra. Sabe que una deshidratación daría al traste con su empeño. Aunque la lectura del 'collage' no se queda ahí. También le sirve para manifestar las injusticias que le preocupan. «Hubo una época en la que el agua era gratuita; ahora, por la demanda y el cambio climático tenemos que pagar por ella. Mientras parte del agua no consumida se va por el desagüe, en otras partes del mundo la gente se muere de sed».

Sus caminatas también le sirven para analizar y filosofar. La contemplación, la lectura plácida de un libro en la tienda de campaña o la observación del mundo por el que anda le han formado su propia visión crítica. Su arte le ha permitido conocer varios países del planeta.

En España también ha practicado varias formas de caminar, «desde pasar horas enteras a andar solo una noche». Incluso hizo el Camino de Santiago en sentido inverso. En su caso no le empujó el sentido religioso.

Para Fulton el concepto de religión está íntimamente ligado a la naturaleza. No habla de dioses, sino de nubes, viento, lluvia, estrellas sol o luna. «Necesito la experiencia física de caminar».Viendo la pasión con la que habla de su obra es fácil entenderlo. Galería Más imágenes en HOY.es

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos