«Sin apoyo popular, mal le va a ir a una fiesta por mucho dinero que tenga»

Estudioso de todo lo que tenga que ver con la ciudad y su historia, Corrales ultima un trabajo que ya tiene título: 'Celebraciones y tradiciones populares cacerenses'

ANTONIO JOSÉ ARMERO

Alonso Corrales (Cáceres, 1956) desborda lo que se ha dado en llamar 'cacereñismo'. Tiene once títulos publicados sobre asuntos relacionados con el pasado de la ciudad, y está ultimando su próximo trabajo, un recorrido histórico por las fiestas populares. Ya tiene título: 'Celebraciones y tradiciones populares cacerenses'.

-¿Por qué escribe siempre 'cacerense' en lugar de 'cacereño'?

-Es un título que no se ha utilizado mucho. Viene de finales del siglo XIX y principios del XX, de Publio Hurtado y otros dos o tres investigadores y escritores que lo utilizaban en sus trabajos. Es un título que me gusta. Igual que en algún momento puede utilizarse, yo lo he hecho en alguna publicación, el de norbanos, por Norba en la época romana. Cacerense lo utilizo para referirme a la ciudad. Entiendo cacereño referido a la provincia. Lo he tomado principalmente de Publio Hurtado, que es el que más me atrae por su obra y su biografía.

-¿Por qué un trabajo sobre las celebraciones y tradiciones populares?

-Procuro buscar temas que no estén muy tocados. Me gusta lo original, no caer en lo repetitivo. Investigadores hay muchos, pero a veces copian, se repiten. He escrito sobre el Cristo Negro, las ermitas, las construcciones ocultas, los tesoros escondidos. Todos estos temas que he tocado en mis publicaciones, no es que no se hayan tocado nunca, pero no se han hecho monográficos sobre ellos. Siempre han ido incluidos en algún trabajo general. El de las celebraciones y tradiciones es un tema que bajo mi punto de vista, no se ha tocado en profundidad. Hay alguna referencia en guías de Cáceres. Yo las colecciono, tengo unas 35, y aunque tocan el tema, lo hacen muy de pasada. Se trata de potenciar lo que tenemos o lo que hemos tenido. Ahora que se está trabajando tanto y tan sin razón sobre Cáceres 2016... Ahora existe una filosofía de inventar algo nuevo, de crear festivales y certámenes nuevos, y yo creo que no es necesario. Es bueno volver a los orígenes de esas celebraciones que hay actualmente a lo largo del año, y de otras que se han perdido y recuperarlas para la memoria histórica. No hay que irse muy atrás. En algunos casos basta con consultar a nuestros padres y abuelos, que las celebraban. Son 36 celebraciones o tradiciones populares a las que acudía un vecindario bastante numeroso y en muchos casos la población entera de Cáceres.

-¿Es Cáceres una ciudad rica en tradiciones y fiestas?

-Sí. Comparada con otras ciudades de nuestra región y de fuera de nuestra región, tenemos mucho que ofrecer. Hay algunas que se han ido perdiendo por distintos motivos, la mayoría de ellas religiosas, como varias romerías. Dan una variedad cultural a la ciudad. Hay exposiciones, corridas de toros, bailes típicos, concursos de platos típicos, de trajes típicos... De todas esas tradiciones, dieciocho son actuales y sólo ocho han desaparecido. En este trabajo hay una segunda parte, que titulo eventos culturales, en la que entran Foro Sur, Womad y demás.

-¿Hay alguna fiesta que estuviera muerta y se haya rescatado?

-Tomando como referencia desde los últimos veinte o veinticinco años hasta hace un siglo, hay varias. Por ejemplo, la de San Blas, la de las Candelas, los Mártires, la Semana Santa, las Lavanderas, el Febrero... Quizás porque las han potenciado los ciudadanos, o las administraciones, asociaciones de vecinos o la Universidad Popular. Estudiar estas celebraciones es gratificante. Hoy se habla mucho de la memoria histórica, y yo creo que no se puede perder esa memoria histórica cultural de Cáceres.

-¿Y hay alguna que esté viva pero en peligro?

-Los carnavales quizás sea la más preocupante. Otras han superado épocas muy malas, como la fiesta de San Jorge o la de la Cruz de Mayo. Santa Lucía ha cambiado de fecha, estuvo en peligro, pero la gente de Aldea Moret la ha rescatado. Se ha perdido la feria de septiembre. La de mayo se ha potenciado y está cada vez más fuerte. Tiene ya más de un siglo, porque aparece de forma oficial en 1898. En todo esto hay materia para un estudio muy interesante, que es no sólo contar qué es lo que se hacía en aquella época, sino también por qué se hacía, las vinculaciones a un santo unas veces, a una tradición en otras. Algunas de celebraciones vienen del siglo XV y XVI. Todo esto es cultura, y es bueno hacer una recopilación.

-¿Hay alguna a la que se pueda colgar el título de la más vieja?

-La más vieja es Semana Santa. San Jorge aparece en el siglo XVI, a raíz de la creación de la cofradía de San Jorge. Posteriormente, pasa uno o dos siglos en el olvido. Se hace solamente un acto institucional en el Ayuntamiento. En los últimos años se ha rescatado, y aunque no hay una participación ciudadana masiva, sí que ha habido un gran cambio desde los años ochenta hasta hoy. Hay más actos, los fuegos artificiales que tanto gustan a la gente, que cada año participa en mayor número. La más antigua, al menos en lo que se refiere a las que no han dejado de hacerse, es la Semana Santa. Y luego la Virgen de la Montaña desde el siglo XVII.

-¿Las fiestas se pierden por falta de participación popular o porque la administración no las apoya?

-Yo creo que son ciclos. Una vez estudiadas todas, y sobre todo las ocho que han desaparecido y las que más se han transformado con el paso del tiempo, creo que no se puede echar la culpa sólo a las instituciones o sólo a la escasa participación. Si no tiene apoyo popular, mal le va a ir a una celebración por mucho dinero que tenga. Hay procesiones, corridas de toros populares como la de San Marquino, San Antón con los platos típicos, la de la Virgen de la Paz, que es el cuadro que está debajo de los soportales que se celebraba el 24 de enero. Estas tradiciones contaban con un apoyo económico de la administración sustancioso, iba el alcalde a los actos, pero en el momento en el que dejaron de asistir los vecinos y de ponerse los puestos, decayeron. Parece que hoy en día, cada vez que organizamos un acto estamos buscando la subvención. Yo creo que no es sólo cuestión de la subvención. Es cuestión de trabajárselo, de dar el callo, de que el ciudadano participe con su trabajo o su presencia. También la propia presencia de las autoridades da un respaldo moral a la fiesta.

-¿A qué fuentes ha recurrido?

-Fundamentalmente, lo que yo conozco y los de mis antepasados, a través de diarios familiares. Y después, en los libros. En las guías de Cáceres y en autores que nos han dejado datos dignos de tener en cuenta, como Miguel Ángel Ortí Belmonte, Publio Hurtado, Germán Sellers, Simón Benito Boxoyo, el conde de Canilleros, Antonio Floriano Cumbreño... Es una lista inagotable. Son personas que han vivido esas tradiciones. Cuando el conde de Canilleros te cuenta que ha estado en la romería de Santa Lucía de Aldea Moret, o de la ermita de Santa Olalla, o las ráfagas de don León Leal Ramos, que te comenta lo que él vivía con sus padres y que luego vivió con sus nietos. Eso te hace vivirlo en primer persona. Es más gratificante que cualquier otro documento sobre el tema.

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