El Badajoz acaba con la paciencia del 'santo' Job

El técnico pacense amenaza con irse Recital de Félix y Sota, en las bandas

JAVI PÉREZ
Félix, que dio dos de los goles, en una acción con Pinto. / E.P./
Félix, que dio dos de los goles, en una acción con Pinto. / E.P.

El Badajoz rompe moldes. Nada se le resiste. Es capaz de acabar con la paciencia de un tal Job, que unos aficionados gestionen un club que es Sociedad Anónima Deportiva, que el cielo se le caiga encima -en forma de canalización eléctrica- como tanto temían los irrreductibles galos o que jugadores imprescindibles abandonen el vestuario a mitad de temporada para irse a un equipo de inferior categoría. Tal y como está desarrollándose la temporada, hace realidad lo imposible. Vamos que si tuviera enanos podían irse a la NBA y no sería un drama. Lo que pasa es que esa tendencia sólo cae del lado negativo y ya puestos cabría esperar que diese un giro porque sólo faltaría que viniera un salvador y el Nuevo Vivero se convirtiera en lugar de peregrinación. Pero de momento, los milagros sólo se dan en Lourdes y Fátima.

Prodigio es lo que está consiguiendo Job en medio de tanta convulsión. Pero el técnico pacense ha puesto un límite. Como la próxima jornada tampoco pueda sentarse en el banquillo lo deja. Ayer vivió su quinto encuentro consecutivo desde la grada. Esta vez en soledad, en la zona de Preferencia. Desde allí vio cómo su equipo destrozaba al Pueblonuevo con una contra letal.

El equipo se divierte y hace disfrutar a la grada. Rai Ortega mostró el camino. De nuevo, lección de colocación, sacrificio y pegada. Germán se la puso en el área y el veterano delantero algo escorado batió de vaselina a Kouba.

Félix y Sota lo 'des-bordaron'. Los dos extremos dieron un recital de cómo se juega por banda. La esencia del fútbol en estado puro. Balón en profundidad, carrera del jugador pegado a la cal, centro a la olla y remate a gol. Esa acción tan vieja como básica la repitió Félix, fantástico como siempre, hasta la saciedad. En dos de ellas encontró al cazagoles pertinente. Primero se la regaló a Iván, aunque a su lado también estaba preparado Rai Ortega con la caña, para que colocara el 2-0 y después con un centro desde la misma línea de córner a Sota, que apareció en el segundo palo para marcar a placer y anular apenas un minuto después la mínima reacción visitante tras el gol de Antonio II.

Pudieron caer más. Sota también se sumó a la fiesta. Ofreció otra de sus exhibiciones y el Pueblonuevo cayó rendido a sus pies. Estaba en su salsa. Tanto es así que provocó el penalti, se levantó y corrió a por el balón para guardárselo bajo la camiseta. Quería tirarlo, sentía que era su tarde. Miró a la banda y acató las órdenes de equipo. Rai Ortega no perdonó.

El Badajoz se apuntó su triunfo más cómodo. Lo dicho. Fenómenos más extraños se han visto en el Nuevo Vivero. El fútbol es así de impredecible.