Talavera, extremeña y madrileña

EN LA PARADA. Una pareja de viajeros espera la salida del autobús a Madrid en la estación de Talavera el pasado sábado 9 de febrero.  /  ESPERANZA RUBIO./
EN LA PARADA. Una pareja de viajeros espera la salida del autobús a Madrid en la estación de Talavera el pasado sábado 9 de febrero. / ESPERANZA RUBIO.

EL PAÍS QUE NUNCA SE ACABA Por J.R. Alonso de la Torre El país que nunca se acaba termina por el Este en Talavera de la Reina. Desde que en esta ciudad, la segunda más poblada de Castilla la Mancha, se huele la llegada del AVE, la construcción se ha disparado, los pisos han subido de precio, aunque sin exageraciones, y para los extremeños que viven en Alcorcón o Móstoles, Talavera se ha convertido en una opción interesante: venden sus pisos en la periferia madrileña, compran vivienda por la mitad de precio en Talavera, viajan a diario a Madrid con un bonobús (6'15 euros el trayecto) y el fin de semana se trasladan a sus pueblos natales de la Siberia, las Villuercas, el Tiétar o Plasencia, que quedan, como mucho, a una hora.

Talavera cuenta con 93.000 habitantes de derecho, aunque todo el mundo en la ciudad habla de 100.000 de hecho. Desde que el AVE comenzó a ser una realidad más o menos inminente, la actividad comercial se ha relanzado. En el plazo de un año, esta ciudad sin grandes superficies comerciales ha visto cómo se instalaban en ella Carrefour y El Corte Inglés y cómo su calle de San Francisco y un centro comercial periférico se llenaban de franquicias.

Santos Saif Jerónimo Díaz es guía turístico. Se llama Saif porque su padre es astrónomo y lo bautizó con el nombre de una estrella. Compró por 84.000 euros hace siete años un piso nuevo de 100 metros cuadrados en la zona de Las Moreras, por donde Talavera crece, curiosamente, acercándose a Madrid.

«Desde entonces, la ciudad y el barrio se desarrollan de manera imparable. Llega continuamente gente de la periferia de Madrid que compra casa aquí y trabaja en la capital estatal. Muchos de ellos son extremeños», detalla. Después expone el caso de su amigo Sergio: es de Castilblanco y su madre de Herrera del Duque. Han comprado un piso en Talavera y viven equidistantes: a 120 kilómetros de Madrid y a 120 de Herrera del Duque.

En la céntrica agencia inmobiliaria Tecnocasa se aclara con cifras la irresistible atracción de Talavera de la Reina para los extremeños de la periferia madrileña. El precio medio de los pisos que se ofertan en Móstoles es de 200.000 euros, en Alcorcón sube a 220.000. En Talavera... menos de la mitad: 100.000 euros de media, siempre según los datos de esta inmobiliaria.

Saif detalla las ventajas de vivir en Talavera de la Reina, a 45 kilómetros de Extremadura: «Vamos a tener AVE y la estación no se va a mover del centro, de donde está, tenemos todos los servicios y una tranquilidad absoluta, en comercios y restaurantes hay de todo, desde la comida rápida de KFC (pollo frito al estilo americano) hasta el tapeo de la zona nueva, que atrae ya a más gente que la feria de ganado».

En La Sepulvedana

La ciudad parece animada. Un gentío recorre sus calles comerciales, El Corte Inglés con sus 13 plantas, la mitad bajo tierra, ha revitalizado el centro. Al lado, se construye una moderna estación de autobuses céntrica y subterránea. Mientras tanto, los autocares salen de unos barracones instalados junto a la Alameda, a un paso del Tajo. Cada media hora parte una expedición de La Sepulvedana hacia Madrid (60 minutos en los segmentos horarios más tranquilos) y su periferia. El bono de diez viajes cuesta 61'50 euros y los directos tardan 85 minutos.

A la espera del AVE, una clase media alta madrileña de profesionales toma posiciones comprando parcelas y levantando chalés en la urbanización Serranillos de Cazalegas. Talavera presume de este crecimiento que la distancia ya en 20.000 habitantes de Toledo, su rival histórica, y la acerca a Albacete, la ciudad más poblada de Castilla la Mancha. Esa rivalidad con Toledo viene desde tiempos inmemoriales, cuando Talavera pugnó con la hoy capital provincial por ser capital de España, pero ganó Toledo por razones de estrategias militar: estaba en un alto y era más difícil de conquistar.

En este punto de las rivalidades y la autoestima, los talaveranos tienen su particular grado de chauvinismo, que se hace patente en detalles como presumir de que su campo de golf es uno de los cinco mejores de Europa, que sus ferias de la tercera semana de mayo son las segundas mejores de España tras las de Sevilla o que la cristiandad universal se confiesa de rodillas por culpa de uno de sus paisanos: fray Hernando de Talavera, confesor de Isabel la Católica, que fue el primero que dejó de arrodillarse ante los reyes a la hora de administrar el sacramento penitencial diciendo: «Soy el representante de Dios en la tierra y ante mí han de arrodillarse todos, desde el más humilde hasta el rey».

Chauvinismos aparte, Talavera tiene carencias turísticas como el hecho de contar tan solo con tres hoteles de tres estrellas (Ebora, Perales y Roma), aunque se construyen en estos momentos otros tres. La vida cultural gira alrededor de los teatros Palenque y Victoria, el uno situado frente al otro. Los museos etnográfico y de cerámica son interesantes (40 céntimos la entrada) y aunque las murallas lindan con edificios de ocho pisos, se han derribado casas que la afeaban y el casco antiguo tiene su gracia, conservando ocho de las 21 torres albarranas de los tiempos de Abderramán III.

Talavera tiene tres puentes sobre el río, que aquí se conoce retóricamente como el padre Tajo. En las afueras, junto a la autovía, el mercado de ganados, uno de los tres más importantes de España con Santiago y Torrelavega, se celebra los miércoles. En su campus universitario se pueden cursar seis diplomaturas, siendo las de Logopedia y Trabajo Social las más demandadas.

Los primeros sábados de cada mes se celebra un animado mercado medieval en la parte antigua y cada miércoles tiene lugar el llamado mercadillo de los gitanos en La Alameda. Destacan las empresas relacionadas con los sectores del aluminio y el cuero y cuestión aparte es su cerámica.

Según Saif, en la ciudad no hay ni un solo aprendiz de ceramista, lo cual aboca esta artesanía a la desaparición. Aún funcionan unos 50 hornos, pero son negocios familiares y los hijos no quieren continuar la tradición. En el siglo XVI, la mitad de la población de Talavera se dedicaba a la cerámica. Hoy, la cerámica que se hace no es para usar, sino decorativa y por encargo para mansiones y edificios privados o públicos.

La cerámica típica talaverana es de color blanco y azul: sobre esmalte blanco se pinta con azul cobalto. Después llegó el color verde, que la tradición sitúa como originario de Puente del Arzobispo y se conseguiría con óxido de cobre. El amarillo se introducirá posteriormente y será Juan Ruiz de Luna, en cuya memoria se ha abierto el museo de la cerámica, uno de sus propagadores. El gran impulsor de la cerámica de Talavera habría sido el rey Felipe II, que la llevó al monasterio de El Escorial, donde aparece en las paredes de la zona de los Austrias en forma de cenefa.

¿Pero por qué se llama de la Reina, Talavera? La ciudad fue Caesar Obriga en el siglo I, Ebora o Elbura de la Carpetania con los visigodos y Talagoira o Talabura a partir del siglo VIII con los árabes, nombre que degeneraría en el actual Talavera hasta que el rey Alfonso XI, en el siglo XIV, según narra Saif, le entrega la ciudad como regalo de bodas a la reina María de Portugal y de ahí le viene a Talavera su 'apellido'.

Otra curiosidad es que un área de descanso de la autovía cercana a Talavera coincide con el espacio donde se desarrolló, en 1809, la importante batalla de Talavera entre ingleses y franceses, durante la llamada Guerra de la Independencia.

La patrona de la ciudad es la Virgen del Prado, una talla del siglo X de 24 centímetros en madera de álamo, una virgen morena cuya basílica alberga un verdadero museo de cerámica de los siglos XVI al XIX. La basílica está unida a la plaza de toros y en medio estaba el llamado hospital de Joselito, que ya no existe.

La cercanía de la plaza a la basílica ha convertido a esta virgen en una de las favoritas de los toreros, que se encomiendan a ella antes de las corridas y la obsequian con ricos regalos. La iglesia está decorada con aparejo toledano (mezcla de piedra y ladrillo), al igual que el ayuntamiento y la plaza de toros. En esta basílica está enterrado Fernando de Rojas, autor de La Celestina.

Talavera, en fin, ha dejado de ser una ciudad de tránsito. Ahora es una ciudad para instalarse, una capital próspera donde muchos ciudadanos miran a Extremadura y a Madrid mientras esperan la llegada del AVE. Talavera de la Reina

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