Estudian una norma para controlar la venta y rebusco de las aceitunas

Unexca, sindicatos agrarios y ayuntamientos se reunirán con la Delegación del Gobierno a finales de enero ante la preocupación de los olivareros por los continuos robos

PAZ SÁNCHEZ PINTOR
Los ayuntamientos autorizan el rebusco con un bando, que permite entrar en una propiedad privada. / HOY/
Los ayuntamientos autorizan el rebusco con un bando, que permite entrar en una propiedad privada. / HOY

«Los agricultores nos sentimos indefensos y desmoralizados. Tenemos la sensación de que no hay justicia», se lamenta Juan Pérez Ayuso, gerente de la cooperativa de Guareña, que fue saqueada el 5 de diciembre. Los cacos abrieron las tolvas y sustrajeron 11.200 kilos de aceitunas, más equipos informáticos. Ésta es una de las nuevas características de los robos del último año: ya no se producen en el campo, sino en las almazaras. «Se descarga en el campo y se retira en pequeñas cantidades», explica Pérez.

El alto número de robos de aceitunas tiene preocupados y molestos a los propietarios de las fincas. Son más abundantes que años atrás cuando el hurto no pasaba de la centena y ahora no baja del millar.

Ante estos hechos, la Unión Extremeña de Cooperativas Agrarias, Unexca, organizaciones del campo, y ayuntamientos se han reunido con la Delegación del Gobierno en dos ocasiones para intentar solucionar un problema que tiene como protagonista, una vez más, a una de las principales fuentes de ingreso de la región, la agricultura. En los encuentros se ha hablado de redactar unas normas que podrían entrar en vigor la próxima campaña.

Están basadas en un boletín de la provincia de Sevilla que se centra en el control del rebusco, el movimiento de aceituna y la venta. César Díaz, de Unexca, cree que al robar las aceitunas se comete un doble delito: el que lo ejecuta y quien los compra para vender, aún sabiendo que no es legal. Para evitar esto se pretende que los agricultores se identifiquen y especifiquen de dónde procede la aceituna. «Tiene que ser más exhaustivo y riguroso de lo que ya existe», apunta Díaz.

Grupos organizados

Los afectados sospechan de grupos organizados que cobran por el trabajo y se desentienden del producto, no son ellos quienes lo venden. Juan Pérez y César Díaz mantienen que suelen ser de nacionalidad rumana, difíciles de controlar, y que trabajan de noche.

La falta de vigilancia, porque 'al campo no se pueden poner puertas', hace que los infractores anden a sus anchas, sobre todo de noche. «Un tractor fue encontrado en la carretera de Alange a Almendralejo, había recorrido más de 40 kilómetros sin que nadie se percatara», cuenta Pérez.

La Guardia Civil está en jaque. En esta última semana ha detenido, junto con la Policía Nacional de Almendralejo, a 27 personas, todos de nacionalidad rumana. Algunos fueron sorprendidos in fraganti, a otros se les arrestó mientras transportaban o intentaban vender el material. Los hechos han ocurrido en las localidades de Talavera la Real, La Nava de Santiago, Usagre, Los Santos de Maimona, y Almendralejo.

Otro tema que se debate en las reuniones es el rebusco. Actualmente quien da la orden son los consistorios mediante un bando. El gerente de la cooperativa de Guareña no lo ve correcto, ya que mientras en una zona está autorizado, en otra aún no se ha terminado la recogida. Para solucionarlo algunos proponen que sea otro organismo quien dé la orden a todas las zonas al mismo tiempo, y además cuenten con el consentimiento del propietario, ya que se está permitiendo el acceso a una finca privada.

La provincia de Badajoz se ve más afectada por los robos por la simple razón de que hay más olivos en la zona sur de Extremadura. Los ladrones suelen comenzar su periplo por Tierra de Barros -Almendralejo, Solana, Fuente del Maestre- que es donde antes termina la campaña, e ir avanzando hacia Guareña hasta llegar, aproximadamente en esta época, a Monterrubio de la Serena, Peraleda o Cabeza del Buey.

Dinero perdido

Como se puede adivinar, las consecuencias son nefastas, tanto para la economía del año en que sucede, como para los sucesivos. Al no ser expertos, destrozan los olivos y la cosecha se pierde. Además, un robo cercano hace que el agricultor tema que a él también le puede ocurrir lo mismo, por lo que precipita la recogida de la oliva a un bajo rendimiento, y por tanto, bajos costes.

La impunidad ante los hechos desmoraliza a los trabajadores. «Está considerado como hurto y no delito. Las penas son muy bajas y no son suficientes para que el condenado esté tan arrepentido como para no volver a hacerlo», explica Juan Pérez.

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