El carrusel millonario

Los inspectores de Hacienda declaran que se creó un sistema defraudatorio del que se aprovecharon empresas de toda España

M.M.

El millonario fraude del IVA que se juzga en Badajoz no se produjo porque algunas empresas se 'olvidaran' de declarar a Hacienda, o cometieran errores en su declaración, sino que se creó un gran sistema defraudatorio para robar al Estado. Ésta es una de las conclusiones del testimonio que prestaron ayer en el juicio los inspectores de Hacienda que hicieron la investigación.

Desde el pasado martes, nueve personas están siendo juzgadas por este fraude del IVA. Los acusados han declarado que eran meros testaferros en la trama y que los verdaderos responsables no se sientan en el banquillo. El fraude que se les imputa está cercano a los 40 millones de euros. Hay procesos judiciales abiertos en Andalucía, Ciudad Real, Cataluña, País Vasco y Madrid por el mismo tipo de delito.

De cuello blanco

A preguntas del fiscal y de los abogados defensores, los inspectores de Hacienda explicaron que el fraude que han podido documentar es una pequeña parte del que existe. El primero de los inspectores en testificar señaló incluso que este fraude 'carrusel' supone entre el 15 y el 18% de la economía de la Unión Europea.

El 'modus operandi' de estos delincuentes de cuello blanco consiste en crear un 'carrusel' de empresas que se dedican a generar facturas por la venta, muchas veces ficticia y otras real, de material informático.

Se simula que se vende a empresas portuguesas porque así se obtiene la devolución del 16% del IVA al aprovechar la normativa sobre ventas entre países comunitarios. Ese IVA nunca se ingresaba en Hacienda. La razón de que estas empresas eligieran Badajoz como uno de sus centros de operaciones está en la cercanía con Portugal. Así se podía simular que había compra-venta con el país vecino. En realidad, esos envíos no salían del territorio español, aunque participaran en la compra-venta empresas radicadas en Portugal. Eran también empresas ficticias.

Ordenadores rotos

Los inspectores contaron cómo, en colaboración con Vigilancia Aduanera, hicieron un seguimiento de las mercancías cuando llegaban a Badajoz desde Ciudad Real. Comprobaron que los equipos informáticos que contenían los camiones estaban destruidos por los muchos viajes que hacían. Pero no importaba: se le quitaban las etiquetas, se ponían otras y se volvían a enviar a otra empresa. Así se generaban facturas. «Cada vez que se mueve la mercancía se defrauda al Tesoro Público, porque hay una empresa que se va a deducir el IVA», añadió el inspector. Hacienda también intervino las cuentas desde las que se hacían los pagos y de las que eran titulares los acusados. Se hacía un ingreso en las cuentas, y a las dos o tres horas se ordenaba el pago. «De 8.000 movimientos que controlamos, sólo en dos o tres casos vimos que el dinero 'dormía' en el banco», declaró uno de los inspectores. El juicio por el fraude del IVA concluye hoy.