El Colectivo Vicente Paredes surge para intentar salvar los pabellones de la N-110

El desdoblamiento de la ronda sur, adjudicado ayer, contempla la demolición de estas singulares muestras de arquitectura de principios del XX, que el PGOU no protege

A.S.O.
El cenador de la antigua huerta de los Silos aún conserva la rica y cromática decoración exterior.|A.SOLÉ/
El cenador de la antigua huerta de los Silos aún conserva la rica y cromática decoración exterior.|A.SOLÉ

La alcaldesa va a tener que buscarse otro bar para ir a ver el fútbol. ¿Cuándo? Todo depende del comienzo del desdoblamiento de la ronda sur, anunciado para primeros de 2008. Si nada lo remedia, 'La Fragata', va a ser demolida. Así que a buscarse otro local en el que disfrutar con la peña de los goles del Barça.

Más, después de que ayer la Junta adjudicara la obra, por 23,1 millones y 32 meses de plazo, a la Ute Obrascon-Huarte-Lain Pinilla-Carija. 'La Fragata' es el conocido bar restaurante sito junto a la rotonda de la N-110. Ocupa un curioso pabellón de recreo, levantado a principios del XX. Es una de las escasas muestras de la arquitectura modernista de la ciudad. Pero de poco le vale.

Lo mismo que al edificado junto a la N-110, frente a la gasolinera de los Cerezos. Ambos tienen que ser expropiados y demolidos para dar paso a la ampliación del viario y a la de la rotonda de las carreteras del Valle y de la Vera.

Cenadores

Para tratar de salvarlos de ese negro destino surge el Colectivo Vicente Paredes (http://cvicenteparedes.blogspot.com/). Lo secundan técnicos, funcionarios y profesionales liberales comprometidos con la defensa del patrimonio arquitectónico local. Toma nombre del arquitecto que trazó el segundo de estos veladores o cenadores, como los llamaron siempre sus propietarios.

Concretamente, el levantado para a disfrute de la familia de Isidro Silos, en 1906, en la huerta de su propiedad, junto a la carretera. Para el colectivo, este edificio es el «más emblemático» de los cenadores existentes. Muy deteriorado y con el tejado en ruina, en el exterior aún se ven los esgrafiados que adornaban las fachadas. Toda una muestra de artes decorativas. Y de estilo, también patente en chimeneas, voladizos, forjas e impostas.

El segundo, edificado en 1912, fue construido para solaz de la de María Morales de la Calle, propietaria de otra de las ribereñas huertas. De menor riqueza, en la fachada oeste figura el año de la construcción en medio de un medallón decorativo. Fue rehabilitado hace años y convertido en terraza de verano, junto en el cuidado jardín bajo el nombre de El Paraíso. Separado del primoroso jardín de recreo que tuvo, hoy su propietario, Jose Prieto Parrilla, lo tiene arrendado, como restaurante 'La Fragata', a Francisco García. El tercer cenador, lo edificó Juan Sánchez-Ocaña Clavijo, junto al jardín y estanque de su huerta en esa época. Hoy forma parte de una vivienda particular habilitada junto con otras estancias de la propiedad.

En todos los casos se trata de edificios construidos por las familias más pudientes de la época. Y el nombre de cenadores deja claro el uso: acoger comidas nocturnas y disfrutar del fresco de la vega de Jerte en las calurosas noches estivales Todos constaban de una sala-comedor, en la que se celebran veladas familiares. En algún caso se complementan -el de los Silos, con planta baja- con alguna estancia más de servicio.

Para el Colectivo Vicente Paredes la desaparición de estos edificios supone una «pérdida de valores arquitectónicos de primer orden correspondientes al movimiento ecléctico y modernista de la arquitectura y de la sociedad placentina de finales del XIX y de principios del XX».

Mas protección

El Colectivo Vicente Paredes defiende la conservación de los dos pabellones amenazados por el desdoblamiento y su protección para el futuro. «Pobre e inaudita nos parece la justificación de la Administración», dice sobre la la respuesta a la alegación presentada, aunque fuera de plazo, por el dueño del que ocupa La Fragata. Y la hace suya y apoya.

Se resume en desviar hacia el lado contrario el desdoblamiento de la rotonda y la circunvalación. Hacia los terrenos de enfrente dedicados a uso agrario.

El colectivo no entiende que la Administración justifique la invariabilidad del trazado «en base a que existen expectativas urbanísticas importantes en la revisión prevista para el PGOU de Plasencia». O lo que es lo mismo, algo que aún no existe, ni tiene validez legal, ya que se trata solo de una expectativa o previsión de recalificación de unos terrenos para que su propietario pueda levantar viviendas, un hotel o un complejo de ocio, entre las diversas posibilidades que pueden existir para el futuro.

Soluciones

El colectivo cree que los aprovechamientos correspondientes a los 300 metros necesarios para salvar 'La Fragata' pueden mantenerse sin perjuicio para terceros. También ve que hay espacio para desviar el viario al lado contrario del pabellón de los Silos y conservar «esa reliquia» a base de sacrificar las plazas de aparcamiento previstas.

Además califica de «reprobable» la actuación de la Junta y del Ayuntamiento e «imperdonable» la de este último y sus servicios técnicos al no haber hecho alegación alguna, ni dado publicidad al proyecto.

Asimismo, se pregunta por qué alegan que unas futuras e importantes expectativas urbanísticas en la revisión del PGOU que no permiten que el desdoblamiento de la variante gravite hacia otro lado.

Y recrimina que los dos edificios no hayan sido catalogados por el Ayuntamiento, ni protegidos por el PGOU. También, la falta de gestos de los políticos para conservarlos. Por ello piden a las concejalías de Turismo y Cultura que se impliquen.

Posición oficial

La de Patrimonio ya ha expresado su posición oficial. Los dos cenadores no tienen ninguna protección por parte del PGOU y pueden tirarse. Por si fuera poco, el plazo de alegaciones ya se cerró. Y la obra está próxima a empezar. Pero sugiere una última posibilidad: todavía pueden hacerse «modificaciones puntuales», dice la edil Mónica García, con el replanteo de la obra.

La dirección facultativa tiene la última palabra. «Aunque una cosa es mover dos metros una carretera y otra es hacerlo cinco, ocho o cuarenta», agrega la concejala. «Si se puede, se hará», concluye crípticamente, sin mayor compromiso. Lo que sea, sonará.