Una tradición medieval

Los alburquerqueños pueden ya recoger bellotas del arbolado comunal Este año ha aumentado el número de familias que hacen uso de su derecho

FRANCISCO JOSÉ NEGRETE

Cientos de alburquerqueños varean estos días encinas y alcornoques y recogen bellotas del arbolado comunal para engordar los cerdos ibéricos que guardan en sus corrales o huertas. Esta tradición fue autorizada por el alcalde de Alburquerque, Ángel Vadillo, tras la publicación del «pregón de la bellota», merced al cual se autoriza a los vecinos a recoger el preciado fruto en las fincas que ocupan las 7.500 hectáreas que conforman los Baldíos y de otras muchas sobre las que el derecho del vuelo es comunal.

El bando que autoriza la de este alimento tan abundante como cotizado en las dehesas alburquerqueñas advierte que «por tratarse de un fruto que corresponde por igual a todos los vecinos, está prohibido el señalamiento de árboles», algo que hacían antiguamente los vecinos para quedarse con los más frondosos y cargados de bellotas. Además, añade, «serán sancionados severamente los contraventores a esta norma». Sólo los vecinos empadronados en esta localidad pueden ejercer este derecho, pero se hace la vista gorda y personas de otras localidades, especialmente de Villar del Rey, se abastecen de las encinas baldías.

Aunque la tradición sigue viva en Alburquerque desde hace más de 5 siglos, en los últimos años había decaído considerablemente el número de personas que aprovecha los meses que van de noviembre a enero para hacer uso de sus derechos sobre el fruto de las encinas. Sin embargo, este año se ha incrementado de manera espectacular dicho número, a juzgar por la gran cantidad de familias que se ven por los Baldíos, debido, según apuntan, al elevado precio de los piensos.

En la finca Los Cantos, primera que se expropió por parte de la Junta de Extremadura para configurar la dehesa de 7.500 hectáreas que es propiedad de los vecinos y donde existe un complejo de turismo rural, se veían el día que se «abrió la veda de las bellotas» a varias decenas de personas vareando los árboles y apañando sus frutos, algo verdes aún por la escasez de lluvias del otoño. Todos habían acudido días antes para echar un vistazo a las encinas más cargadas de bellotas, con el fin de madrugar lo más posible y coger sus árboles preferidos.

Por lo general, son familias enteras las que preparan sus coches, la mayoría con remolques para poder cargar un mayor número de sacos, y preparan los aperos: un palo largo del que pende, atado por una cuerda, otro de menor tamaño con el que atizan a las ramas de los árboles y una sábana enorme donde caen las bellotas. Suelen ser los hombres quienes varean y las mujeres y niños los que se agachan para recoger los frutos, que alimentaran a los cerdos que tienen en sus casas o huertos, uno o como máximo dos por familia.

Bellotas para los cerdos

Una de las familias que acudió a los Baldíos de Alburquerque, en concreto a Los Cantos, para recoger bellotas es la de Alfonso Dosuna Muriel, quien acudió con su esposa Dionisia Díaz, un hijo, una nieta y un amigo. El primer día recogieron 9 sacos de 45 kilos cada uno, esto es, 405 kilos y, desde entonces, acuden a diario a distintas fincas, que previamente han inspeccionado, y cuyo derecho de vuelo pertenece al común de vecinos. El número irá decreciendo dado que las encinas más cargadas de frutos habrán sido ya vareadas.

Aún así, esta familia ya no parará hasta que llegue la fecha de las matanzas -entre finales de diciembre y principios de enero- y sacrifiquen el cerdo que han alimentado durante más de dos meses únicamente con bellotas.

En un pequeño corral que posee en un olivar cercano a Alburquerque, Alfonso, conocido en el pueblo como el 'salmantino', tienen dos cochinos, el mayor, de 8 meses, será sacrificado en la próxima matanza y el otro tendrá la suerte y el privilegio de disfrutar de dos montaneras, o lo que es lo mismo, comerá el rico manjar que para estos animales es la bellota durante un par de meses este año y otros tantos el próximo, cuando le habrá llegado la hora de pasar a mejor vida.

Cada tarde, Dosuna echa a sus dos cerdos unos 15 kilogramos de bellotas y no utilizará ningún tipo de piensos, lo que quiere decir que el animal -ibérico puro- que sacrifiquen tendrá una grasa saludable. De éste sacarán dos jamones, dos lomos, salchichas, chorizos y demás chacina. Las paletas suelen convertirlas en carne de gran calidad.

Disputas

La tradición del «pregón de la bellota» tiene más de cinco siglos de antigüedad. Se inició en la Baja Edad Media, cuando el infante don Enrique de Aragón ocupaba la villa de Alburquerque y, viendo que perdía sus heredades ante el acoso de don Álvaro de Luna, condestable del rey Juan II de Castilla, por medio de una carta ejecutoria fechada el día 15 de julio de 1430, hizo entrega al pueblo de las tierras que estaban en su poder y que constituyeron los Baldíos de Alburquerque.

Poco tiempo después, una ordenanza municipal aprobada por don Beltrán de la Cueva, clavero de la Orden de Alcántara, regulaba la recogida de bellotas del arbolado comunal. A pesar de esta importante cesión a los vecinos de la villa, la imagen de los infantes de Aragón no es precisamente positiva en la localidad, dadas las penurias sufridas por los vecinos durante el asedio al que fue sometido la villa por don Álvaro de Luna, al negarse don Pedro y don Enrique a entregar Alburquerque al rey Juan II.

Sin embargo, actualmente, un gigantesco cuadro de Adelardo Covarsí que refleja el acto en que don Enrique de Aragón entrega los Baldíos al pueblo, preside el salón de actos del Ayuntamiento.

Pero nadie podría predecir entonces que las cerca de 43.000 hectáreas que el infante cedió a los lugareños iban a causar tantos problemas a lo largo de los siglos, siendo los más importantes los acaecidos en la pasada centuria. En 1916 se produjo el hecho más grave. Cuatrocientos obreros agrícolas se plantaron en una finca comunal que se hallaba en manos privadas, provistos de burros, sacos y varas, para recolectar las bellotas. Y lo hicieron en presencia de la Guardia Civil y la Policía Local, que no intervinieron, pero sí presentaron la correspondiente denuncia. Al día siguiente, ante las protestas de los obreros en la puerta del juzgado de la villa, tuvieron que desplazarse refuerzos policiales desde Badajoz y 60 guardias civiles más.

Se produjo un fuerte enfrentamiento con disparos de las fuerzas del orden y lanzamiento de piedras por parte de los vecinos, con el resultado de un obrero muerto y varios heridos.

Poco después, en 1922, ante una nueva revuelta, el gobernador civil de Badajoz envió un telegrama al Ministerio del Interior para solicitar que dejaran a los vecinos recoger el fruto de los árboles comunales, argumentando que «tres mil familias dependen de las bellotas gratuitas de los baldíos para sus cerdos». El último hecho notorio acaeció en los años 80, cuando unos cuantos jornaleros recogieron la bellota en una finca cuyo derecho de vuelo era comunal, pero su propietario negaba la entrada a los alburquerqueños. Los sacos recogidos los depositaron en el Ayuntamiento en señal de protesta.

Invasiones de fincas, enfrentamientos con las fuerzas del orden, juicios, odios ancestrales... todo ello por el derecho del vuelo del arbolado que, por ley, corresponde a los vecinos.

Actualmente, aunque tras la ley expropiatoria de los Baldíos, promulgada por la Junta de Extremadura en el año 1991, el pueblo recuperó sólo 7.500 de las 43.000 hectáreas donadas por el Infante de Aragón. Los alburquerqueños no sólo pueden recoger la bellota en las fincas resultantes de la parcelación de esas 7.500 hectáreas, sino en todo el conjunto de tierras, la mayoría en manos privadas, en las que el derecho de vuelo sigue siendo comunal.