La Caja redacta el proyecto de rehabilitación de las Carmelitas

Va a convertirse en la sede permanente de la colección de arte 'Pinacoteca del Salón de Otoño de Plasencia'

A.S.O.

De palacio a convento. Y de cenobio... al olvido. Roto el eco de las vísperas, laudes y maitines con la partida de las descalzas, el silencio habita en los recovecos del viejo caserón de María de la Cerda.

Así lleva 14 años. Sin oírse el dulzón sonido del armonio, ni los cadentes pasos de las hermanas en el coro. Sin rechisteo está el claustro, sin lumbre los fogones, comido por la maleza el jardín y vacía la capilla.

Solas las laudas sepulcrales; y las golondrinas y vencejos que rompen el aire en la estación de la alegría. Es el viejo palacio de los Arcos, futura pinacoteca del Salón de Otoño de Plasencia.

Ubicado en la esquina de la plaza del Salvador y la calle Santa Ana, el caserón cambia su destino. Caja Extremadura obra el milagro. Y lo rescata para rehabilitarlo. En él va a cobijar su pinacoteca. Jesús Medina lo hizo público en la entrega de este premio. El antiguo convento de las Carmelitas ya es de la entidad. El empresario de comunicación Moll de Miguel lo ha vendido después de meses de negociación.

Ahora no se quiere perder tiempo. Los arquitectos responsables trabajan ya en la redacción del proyecto que va a convertir al antiguo cenobio en una gran sala de arte moderno. En Caja Extremadura no se dan plazo. Pero hay mucho interés porque la obra esté hecha cuanto antes. Aunque no es de poca envergadura.

La consolidación está hecha en parte. El anterior propietario ya renovó cubiertas y saneó lo necesario para evitar el deterioro que anuncia la ruina. Articulado en torno al pequeño claustro, jardín y la iglesia, el convento es sencillo. Como la orden que lo habitó durante tres siglos y medios. Aparte de la monumental portada y templo, no hay muchos más elementos de destacable valor artístico.

En 1993 lo dejan las carmelitas para irse al nuevo carmelo de Santa Bárbara. Una historia insólita. Tanto como la de la fundación del viejo. Moll de Miguel hace de mecenas y regala a las monjas un nuevo convento, con iglesia cementerio, jardín, huerto y olivares. A cambio de la histórica casona que habitaban. Todo por puro altruismo después de ver las difíciles condiciones en que desarrollaban su ya dura vida las monjas. Entre ellas, algún familiar.

Fundación del XVII

Con su marcha la comunidad deja atrás el convento fundado en 1628 en la casa de la noble Teresa de la Cerda Porcallo. La mujer que negó a Santa Teresa de Jesús convertir su casa en cenobio. Lo dice la tradición local recogida por los autores placentinos. Sucede en una estancia de Teresa de Cepeda y Ahumada en Plasencia. Decidida a que la ciudad tenga un convento de monjas carmelitas descalzas se lo pide a la dama. Y como no accede, la santa andarina predice la fundación.

El tiempo le da la razón. En 1628 se crea. Así figura en la inscripción del coro bajo. «En este mismo lugar predijo nuestra Madre Santa Teresa de Jesús la fundación de este convento que se efectuó el 27 de enero de 1628». 46 años después de morir la reformista avileña.

Del exterior destaca la portada del templo, con dos grandes columnas jónicas y frontón partido con las armas de la noble fundadora y el escudo de la orden carmelitana. En la antigua capilla, las losas sepulcrales de María de la Cerda y sus padres. Muerta en 1616, la lápida prohíbe que nadie más se entierre en la sepultura. También hay otras del XVII, de la familia de un confesor del convento y del capellán Juan Jiménez Moreno, testamentario de María de la Cerda, párroco del Salvador y amigo de Santa Teresa.

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