Manolillo Chinato, el ganadero poeta

Manolillo Chinato se dispone a cortar troncos en su cobertizo./ ESPERANZA RUBIO/
Manolillo Chinato se dispone a cortar troncos en su cobertizo./ ESPERANZA RUBIO

Es Chinato por parte de padre y Manolillo por parte de madre. Chinato porque su abuelo paterno, un histórico ganadero de Puerto de Béjar, se adornaba con el sombrero típico de Malpartida de Plasencia. Manolillo porque su madre descendía de la familia cacereña de los Manolillos de Serradilla. En Puerto de Béjar, en Hervás, en Plasencia y en España entera todo el mundo lo conoce por sus dos motes y con ellos firma su obra, pero en realidad se llama Manuel Muñoz Sánchez.

Saltó a la fama cuando a sus 45 años apareció desnudo y montando a caballo en la carátula del superventas de aquella temporada: «Extrechinato y Tú. Poesía Básica», del grupo de rock Extremoduro. Robe Iniesta, Fito Cabrales (hoy con sus Fitipaldi), Iñaki Uoho y Antón cantaban sus letras y Manolillo acabó siendo portada de los suplementos dominicales de El Mundo y El País y de la revista Rolling Stone, además de cerrar telediarios de Antena 3 y La 2.

Pero antes de ser famoso, fue carnicero. «Con 22 años, me quedé con la carnicería y las vacas de mi padre, pero después, a lo que más me dediqué fue a la golfería. Tuve novias en todos los pueblos de alrededor, pero acabé casándome con Ana, una muchacha 20 años menor que yo con la que vivía puerta con puerta y a la que veía saltar a la comba», relata.

Vive justo en la frontera entre Salamanca y Cáceres. «Pero yo me siento extremeño. No renuncio a Salamanca ni a mi pueblo, pero mi corazón es extremeño y no me importa dónde esté la frontera porque mis fronteras las marco yo. En Extremadura he vivido, allí están mis genes. Si algún día me pierdo, que me busquen en las sierras de Extremadura».

Hace poco, su torso desnudo, su cara y sus puños aparecieron en un póster que ilustraba un concierto homenaje a Barricada. Chinato... Siempre desnudo en los carteles... «En el pueblo no hubo problemas por verme desnudo sobre un caballo en la portada del disco. Ya me han visto desnudo muchas veces. Cuando me comentan que estoy en pelotas, yo les respondo que no tiene nada que ver con el sexo, sino con mi libertad sin tapujos, como mi poesía y mis sentimientos, sin ley ni orden».

El anarquista

Escogieron su efigie para el póster de Barricada porque aún no ha perdido la imagen de rebelde, pero se le ve más asentado que otras veces. Sus comentarios suenan a equilibrio, aunque luego, al final de la frase, busque una coda radical que no empañe el crisol de sus máximas libertarias: «Mi diosa, definitivamente, es la naturaleza. Los políticos ya no me tientan como antes porque saben que soy de tendencias anarquistas. Me llevo bien con Jesucristo, pero estoy mosqueado con la iglesia. Como decimos los serradillanos: 'Yo no creo en Dios, creo en el Cristo'. ¿Quién es Dios? No lo sé ni le tengo miedo si intento seguir un camino que te marca Jesucristo que es ayudar al débil, al necesitado contra el poderoso».

Juega al futbolín, se sienta ante el piano, corta leña, atiende a los clientes. Y eso que anda resacoso. «Ayer estuve en Salamanca, en un concierto, tocaban los de Marea y salí a recitar con ellos al escenario. Hasta que vuelva Extremoduro, voy de gira con Inconscientes, que son los músicos de la banda sin Robe. A principios de año salió un disco y llevamos de gira desde marzo: 30 conciertos. Salgo a recitar 20 minutos antes que ellos, en medio del concierto tocamos dos canciones de 'Extrechinato y Tú'. Al final recito 'Ama' y se canta la versión de Robe. Nos han considerado mejor grupo del Extremúsika y del Viña Rock».

A pesar de que aún mantiene su energía y su rebelión, se nota que está haciendo algunas concesiones. Manolillo Chinato parece vivir el sosegado otoño del poeta, un tiempo de serenidad feliz. Hace unos años, tomando unas cervezas en su Chinato's Bar, contaba que llevaba 25 años fumando porros. «Ojalá hubiera fumado un porrito más y hubiera bebido un poco menos porque con la bebida he echado a perder preciosas noches de conquista. El alcohol me altera mucho y el porro me relaja. El alcohol me lleva a la blasfemia, el porro me lleva a la sonrisa».

Ahora es distinto. «Sí, he dejado los porros, no por su preciosa influencia para mi espiritualidad, sino porque estoy atascado con el tabaco». Entonces reflexiona, como si se negara a ser buen chico, y apostilla: «Pero nunca dejo de dar unas caladas».

Ir de veraneo

Antes se negaba a ir de veraneo. «¿Pero dónde voy a estar mejor que aquí?», se preguntaba. Después se autoconvencía: «Me levanto a la hora que me da la gana, me voy a mi campito, donde no me obliga nadie, con mis vacas y mis caballos. Salgo cuando me parece. No tengo ninguna necesidad de irme de vacaciones. A veces me dicen mi mujer y mi hija que nos vayamos, pero les digo que se vayan ellas. Yo soy feliz aquí».

¿Cinco años después?... «Bueno, sí, he acabado yéndome de veraneo por ellas. A Ibiza, a cualquier lugar donde haya mar. Pero a mí lo que me interesa son los acantilados y los chiringuitos de la playa». ¿Y las juergas de Chinato, serán tan apoteósicas como antes? Mientras en el bar suena Tabletán cantando a las hojas del otoño, el ganadero poeta muestra su vis madura: «¿Las juergas...? Más tranquilas, sí, más tranquilas. Ya no las necesito tanto». Después, otra vez la comezón de lo que fue: «Pero que conste que de vez en cuando saco los pies de las alforjas».

Entra en el bar su hija. Es preciosa, muy simpática, muy educada... El poeta es padre: he ahí la cuestión. «Mi hija me conoce perfectamente. Desde pequeña le pongo la mano en el hombro para decirle que quiero ser su amigo. La aconsejo lo mejor que puedo para que sea digna y libre. Me da pena que crezca, aunque si crece, me gustaría que fuera como su padre y no dejara nunca de ser niña», se desahoga Manolo.

La niña tiene 12 años, estudia Primero de ESO en Béjar y se llama como quiso su padre: Alba María de las Nieves. «Es mucho mejor estudiante que yo. Aunque yo también lo era hasta que me empezaron a gustar las mujeres». Para Chinato, las mujeres son las reinas de la naturaleza, «aunque si te metes en profundidades con ellas, como decía mi padre, mal rayo las parta».

De su padre heredó el poeta un rebaño de vacas que tuvo que vender en los años de más golfería. «Es que se me escapaban». Con el dinero que sacó de su boda, retomó la faceta ganadera. «Compré vacas negras y recias, de la tierra. Me decían que era tonto por no comprar limusinas o charolesas, que dan más, pero yo prefiero ir contento cada mañana a ver las vacas que me gustan, a ir a ver vacas que no me gustan, aunque rindan más».

En poesía existe cierta tradición de poetas pastores. Chinato asegura que a él le surge sin intentarlo, de manera automática, sin saberlo. «He leído a muy pocos poetas: a Gabriel Galán, a Juan Ramón Jiménez y, sobre todo, a Lorca, Miguel Hernández y Neruda. A mis amigos de golfería les leía uno que escribí sobre una tormenta que viví en el campo: 'Pasa la nube inmensa, toda suya, todo suyo, huracanes de viento, lluvia andante (...) y en todo el monte, funerales alegres'. Pero mis colegas se partían de risa porque la poesía se entiende mal. Sin embargo, sus hijos se acercan, me entienden y me piden que les recite versos».

Huracanes de viento, lluvia andante... El invierno será duro en la sierra: para las vacas y para el poeta. Pero la primavera próxima se anuncia venturosa. «Sí, en primavera vuelve Extremoduro. Sigo manteniendo buenas relaciones con ellos. A Robe lo he visto hace 15 días y hablé con él por teléfono ayer. Lo veo ilusionado. Si no han salido antes es porque Robe necesita su sosiego. Ha tenido ganas de sacar algo antes, pero el duende llega cuando llega y Robe Iniesta no saca un disco por sacarlo si no está de acuerdo con lo que va a decir y cantar», aclara Manolillo.

En algo no ha cambiado Chinato: sigue viviendo en el campo. «Mi patria continúa siendo mi cachino de valle y mi sierra». ¿Tanta radicalidad es pose o es verdad? Manolo se mesa la barba, mira la nada y se reafirma: «Eso es rebeldía. Aún hay motivos para ser rebelde». Puerto de Béjar EL PAÍS QUE NUNCA SE ACABA Por J.R. Alonso de la Torre

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