Jocosa educación

LEANDRO POZAS
Los actores de 'Cum laude' durante la representación./
Los actores de 'Cum laude' durante la representación.

'Cum Laude' se inicia con un deliberado engaño. Sobre una pantalla se proyecta el acto de inicio del curso escolar de un colegio religioso de altos vuelos. El director desgrana un discurso que en nada envidia a los de tiempos predemocráticos.

Se juega con el equívoco y hacen creer al público que va a ver la secuela del 'Florido Pensil' que ponía en solfa la escuela franquista. Pero la proyección es la primera gran broma de la obra porque los jóvenes se percatan enseguida de que hablan de su mundo y los mayores de que las cosas no han cambiado tanto como creen: no es metodología educativa franquista, sino de ahora mismo. Nada de enseñanza pública, sino elitista. Este primer golpe de efecto introduce al espectador en un universo en el que la realidad se distorsiona, se simplifica y manipula para que el educando no se desmande y camine por la senda de lo establecido.

La sucesión de sketches examina con un sentido del humor descacharrante e irreverente las diversas disciplinas a las que son sometidos los niños.

Desde la absurda clase en las que las redacciones infantiles ponen en solfa la crisis familiar, hasta la hora de estudio en la que la memorización simultánea de materias como Religión, Ciencias, Lengua y Geografía dan lugar a un chocante caos digno de los hermanos Marx, pasando por una clase de física en la que lo más físico es el castigo corporal o por una de gimnasia con un patético profesor que, sin ningún pudor, enseña lo que no sabe.

Y, así, de absurdo en absurdo, de carcajada en carcajada, sin acritud, que dicen los políticos, Los Ulen se ríen de una pedagogía nada digna de nuestra modernidad. O a lo mejor intentan decir que, en el fondo, y en la forma, no somos tan modernos.

Se ríen del papanatismo. El espectador, reflejado en lo que ve, se ríe de sí mismo, disfruta con la catarsis cómica. Pero, entre risa y risa, reflexiona sobre las formas de entender el mundo que nos rodea, las formas en que se contempla a los falsos ídolos sociales o cómo el medio marca las aspiraciones de futuro despersonalizando al individuo.

En sus veinte años de trayectoria Los Ulen han bromeado con la muerte en 'Cadáveres exquisitos', con la pobreza en 'Maná-maná', con la locura en 'El mundo de los simples' y ahora bromean con la educación.

Los resultados son positivos, aunque alguna vez tropezaran. En cualquier caso, ahí están, para recordarnos que estamos vivos e invitarnos a pasar por aquí con una sonrisa.

El director da buen ritmo al montaje, con movimientos escénicos sencillos, ¿para qué más? Los diálogos son fluidos, frescos, chispeantes, como si elaboraran la creación colectiva durante la representación.

Los actores, excelentes en sus variadas encarnaciones, desde Paco Tous ('Los hombres de Paco'), Maite Sandoval, Mari Paz Sayazo y Rafael Erosa, hasta el mismo Quero como el director del colegio en el vídeo. Es el resultado de una larga labor de equipo. Se divierten con su trabajo y divierten al espectador El público estuvo la hora y media riendo y aplaudiendo, participando en alguna ocasión. Un largo aplauso cerró un espectáculo que puso calor en el López de Ayala.