Hielo para el vodka y el asfalto

Kimi Raikkonen, que había sido subcampeón en dos ocasiones, es un piloto famoso por su brillantez, sus fiascos, su carácter gélido y su gusto por las fiestas

J. GÓMEZ PEÑA

Le preguntan por una bebida y no lo duda. A Kimi Raikkonen le tira el «vodka». Pero no ese el motivo de su apodo: 'Iceman (hombre de hielo)'. Viene de su actitud: fría, casi indolente en su modo de afrontar la Fórmula 1. Como ayer tras ganar el Mundial. Apenas una escueta sonrisa. Sin quitarse siquiera el casco para saludar a sus mecánicos. Cuentan que tras uno de sus fiascos en el circuito urbano de Mónaco se le vio luego en la cubierta de un yate copa en mano. Para Kimi no hay preocupación que no cure una dosis de vodka. Un piloto de hielo. De Copas. De 'Smirnoff' y de asfalto. Ayer tenía fiesta en Brasil. Doble ronda: gran premio y título.

A Kimi también se le puede preguntar por sus ídolos. ¿A quién admira? Nada de grandes nombres, ni históricos ni deportivos. «Me quedo con mi familia», apunta. La de los Raikkonen es la historia de otro hogar común. Modesto. La meta era llegar a fin de mes. Matti, el padre, trabajó primero en la construcción y luego en el taxi. Al volante. Un anuncio. Y cuando el benjamín, Kimi, le vino con el 'hobbye' de los 'karts', tuvo que buscar una segunda ocupación. Nocturna. En un 'nightclub'. Entre copas. Otro anuncio. La madre, Paula, andaba en una empresa de mensajería. A vueltas todo el día. Por eso, de Kimi y de su hermano mayor, Rami, se ocupó Paavo, el abuelo. El viejo que les contó las primeras historias de gasolina. El que les dejó por primera vez pisar un acelerador. La chispa sobre la mecha.

Carreras de 'kart'

También de su hermana guarda buen recuerdo. Cuando los gastos de su afición al motor ahogaban a Kimi, ella se echó un novio rico. Providencial. Dinero para seguir. Para que hoy todos se pregunten por la biografía de un joven finlandés que nació hace 28 años en Espoo y que ya de crío jugaba a las carreras con un 'kart' -coincidió en algunas competiciones con Alonso-. Era bueno.Veloz. Lo corroboraron pronto sus resultados: fue subcampeón de Europa de Fórmula Súper. Con 20 años buscó fortuna en Inglaterra, en la Fórmula Renault. Le habían invitado a una de esas carreras. La ganó. Abrumó: siete victorias de diez pruebas del torneo. En la grada, el magnate suizo Peter Sauber le clavó un ojo. Con el otro había descubierto tiempo atrás a un tal Michael Schumacher. Sauber confió en su vista y le dio a Raikkonen un volante de Fórmula 1 sin haber pasado antes el trámite de la Fórmula 3000. El finés conducía a saltos.

A la estela de Hakkinen

Debutó en Australia, en 2001. Y logró puntuar. Eso acalló las críticas lanzadas contra su cicerone. Esa temporada el equipo Sauber acabó cuarto en el Mundial de constructores. Su puesto récord. La escudería McLaren, siempre pendiente del talento, le reclamó. Quería a otro finlandés para cubrir el asiento vacante del bicampeón Mika Hakkinen. Raikkonen se subió a esa huella en 2002. Acabó sexto en el Mundial y escaló en cuatro ocasiones al podio. Un año después, Kimi ingresó definitivamente en la elite. Sólo el mejor Schumacher pudo batirle. Y por apenas dos puntos. De esa temporada data su primera victoria en un gran premio, el de Malasia: arrancó séptimo en la parrilla y acabó primero. En 2005 repitió subcampeonato, esta vez por detrás el nuevo monarca, de Fernando Alonso. Sin embargo, su carrera parecía frenada. Ya entonces, su fama de piloto gélido y, en ocasiones, gafado, le rodeaba. Vivía -y vive- en su burbuja. Necesitaba una mudanza. Al color rojo.

A Ferrari. A ocupar ahora el hueco de Schumacher. Fue su apuesta para 2007. El cambio. Y ha sido fructífero: seis victorias en grandes premios y la guinda del título mundial. Por fin. Fue el primer líder el año (Australia), pero se desinfló luego tras un fallo mecánico en el G. P. de España. Después viajó a rueda de los McLaren, hasta que los fallos ajenos le pusieron ayer el triunfo al alcance. Y lo agarró como es: con calma. Seguro. 'Iceman'. Como si nada. Título mundial para el marido de miss Escandinavia 2000; para un chaval que antes que nada soñó con ser estrella del hockey sobre hielo. Siempre el hielo. Su elemento. Con vodka o sobre ruedas. Le gusta la fiesta y ayer la llevó a la Fórmula 1. Privada. Ni de Alonso ni de Hamilton. Sólo de Kimi.