Barrancos, el pueblo más 'portuñol'

Barrancos es plenamente portugués desde 1893. Sus habitantes hablan castellano con acento extremeño y curan los jamones y matan los toros al estilo español. Durante la Guerra Civil, 1.020 extremeños refugiados en Barrancos salvaron su vida.

J.R. ALONSO DE LA TORRE
Isabel atiende tras  la barra del Café Currito, el más antiguo de Barrancos  y centro local del contrabando/
Isabel atiende tras la barra del Café Currito, el más antiguo de Barrancos y centro local del contrabando

Hoy es fiesta en Barrancos. Se presenta un libro y el pueblo anda alborotado. Es un libro raro: una parte está escrita en portugués y la otra en español. En Barrancos todo es así, medio hispano, medio luso. En Navidad, en las fiestas de quintos y en las romerías, se mezclan las canciones españolas con las portuguesas. En las corridas de toros, el animal muere estoqueado, caso único en Portugal. El jamón de cerdo ibérico, de 'porco preto' le dicen aquí, se elabora al estilo español, por las calles se escucha hablar castellano con acento extremeño y ahora, este libro con unos capítulos en portugués y otros en castellano.

Barrancos es teóricamente portugués desde el tratado de Utrecht de 1715, pero su territorio fue desde el año 1305 tierra de nadie, un espacio adehesado de 123 kilómetros cuadrados llamado La Contienda y compartido entre españoles y portugueses hasta que en 1893 se dividió entre ambos países y Barrancos se convirtió en un municipio plenamente luso.

Barrancos fue poblado durante la Edad Media por castellanos. En el siglo XIX conoció un exilio español de fugitivos que escapaban de los desmanes del ejército francés y en 1936 volvió a ser tierra de refugio para un millar de españoles republicanos que huían de la represión del ejército de Yagüe. A todos los acogió Barrancos con talante hospitalario y a todos les salvó la vida.

Una 'bica' de café

«¿Viene usted a la presentación del libro?». Isabel despacha una 'bica' de café negro, ardiente y dulcísimo tras la barra del Currito, el bar más antiguo del pueblo. «Es que mi padre, Antonio Segao, aparece en el libro, aunque no va a ir porque tiene 91 años y duerme unas siestas muy largas». El Café Currito es un ejemplo del histórico mestizaje hispano-luso de este pueblo. «Lo fundó mi tatarabuelo, que era español, y como su hijo se llamaba Francisco, le puso Currito, un nombre que no existe en Portugal. Es un bar centenario. Mire, esas mesas, con su hueco para el brasero, que aún ponemos en invierno, son del tiempo en que no había televisión y las gentes venían y se sentaban a hablar de las cosas del campo y del contrabando. Aunque para hablar del contrabando, preferían meterse aquí, bajo los arcos, en discreto», señala Isabel.

Efectivamente, el Currito tiene dos ambientes: uno da a la calle y el otro está escondido, para favorecer los negocios secretos, aunque muy secretos no debían de ser porque el ayuntamiento cobraba a los 'contras' una muy sui generis tasa de exportación, a pesar de que la frontera estaba cerrada casi todo el año.

Barrancos ha vivido durante siglos de espaldas a Portugal y de cara a España. Aún hoy, se tarda en llegar a la frontera tres minutos y una media hora, por carreteras enrevesadas, a los pueblos portugueses más cercanos: Santo Aleixo, Amareleira o Moura. Hasta hace nada, el autobús que iba a Moura parecía sacado de una exposición de vehículos de época.

El mejor jamón luso

Barrancos es un pueblo con cierto desarrollo: discopubs, restaurantes, un moderno hotel, casas rurales, bancos, tiendas, parques... Pero el ambiente de fin de semana es más hispano que luso. En Portugal, Barrancos es un pueblo famoso por su jamón, señalado por consenso como el mejor del país, y por sus corridas de toros.

Durante siglos, los toreros han matado los toros en la plaza de Barrancos al estilo español. Los 'touros de morte' eran una fiesta inconstitucional que cada verano, a finales de agosto, sacudía Portugal. La diatriba se cerraba siempre igual: los barranqueños, que llegaban a meter en la plaza el estoque a escondidas y lo enterraban en el albero, obligaban a los toreros a matar a los toros y la autoridad imponía la correspondiente multa, que era sistemáticamente recurrida y los tribunales la dejaban en suspenso.

Ante tan esperpéntica situación, el propio presidente de la República, a la sazón Jorge Sampaio, terció en la polémica prometiendo una solución. Y esta llegó el 11 de julio de 2002, cuando el Parlamento portugués aprobó en pleno un régimen excepcional para Barrancos que les permite torear legalmente 'a la española'.

Tantos siglos más pendientes de España que de Portugal ha provocado situaciones tan curiosas como que la Revolución de los Claveles llegara a Barracos con medio año de retraso. Lo recoge la investigadora María Victoria Navas en una comunicación presentada en 1991 en un congreso sobre minorías lingüísticas celebrado en Lisboa.

La comunicación se titula: «El barranqueño: un modelo de lenguas en contacto». Analiza la particular situación lingüística de este pueblo donde muchos ciudadanos son trilingües: hablan portugués, castellano con acento extremeño-andaluz y barranqueño, un dialecto románico mixto de portugués y castellano. En el Café Currito, Isabel charla con sus clientes cambiando el registro idiomático con facilidad pasmosa. «Entonces ha venido usted a la presentación del libro. Será una fiesta. Hay mucho público», comenta en perfecto castellano.

Un sábado a las cuatro

Efectivamente, en el auditorio al aire libre de la Casa de Cultura se congrega más de un centenar de personas. Mucho público para ser las cuatro de la tarde de un sábado y estar en un pueblecito pequeño. ¿Pero qué libro es este que tanta expectación despierta?

Para entender su trascendencia, hay que remontarse al verano de 1936. La Guerra Civil española acaba de estallar. La zona fronteriza de Badajoz y Huelva queda en poder de la República. Algunos ciudadanos partidarios del golpe de estado huyen a Barrancos. Es el caso de dos carabineros de Tui con sus mujeres y sus hijos. En el pueblo son protegidos por el oficial al mando de las fuerzas en la zona, el teniente Antonio Augusto Seixas, y pueden pasar a Galicia, en zona nacional. Pero será un mes después cuando la humanidad del teniente lo convierta en un héroe, en el Schindler portugués que salvará la vida de centenares de refugiados extremeños que escaparon gracias a Seixas de un seguro fusilamiento.

A finales de agosto de 1936, empiezan a llegar a Barrancos republicanos extremeños que huyen de la represión ejercida por las patrullas paramilitares falangistas y por las tropas del teniente coronel Yagüe, que marchan hacia Madrid a través de la provincia de Badajoz. Llegan sobre todo desde Jerez de los Caballeros (340), Oliva de la Frontera (294) y Villanueva del Fresno (68). Seixas habilita un campo de refugiados en la finca barranqueña de Coitadinhas, donde se instalan 616 huidos. Pero siguen llegando extremeños aterrorizados. En Coitadinhas no caben más. Seixas teme que los devuelvan y crea un campo de concentración clandestino en la finca de Russianas, donde llegará a haber 404.

Cuando el gobierno portugués decide trasladar a los refugiados de Coitadinhas a Tarragona vía Lisboa, aparecen los 404 de Russianas. La insistencia de Seixas acabará salvando a los 1.020 republicanos, pero el teniente es acusado de crear campos de concentración y de ocultar su existencia. Será condenado a pasar 60 días encarcelado en el Forte de Graça de Elvas. Cuando sale, tiene 45 años y ha sido degradado.

El libro que se presenta en Barrancos repasa esta historia. Está escrito por la investigadora portuguesa Dulce Antunes y tiene un capítulo en castellano que corre a cargo del historiador extremeño Francisco Espinosa, que había desvelado la historia de Seixas en su libro «La columna de la muerte». La particularidad del libro es que recoge las memorias de Gentil de Valadares, hijo del teniente Seixas. Su presentación será una fiesta tan 'portuñola' como Barrancos, un pueblo que es portugués, pero que a veces parece pertenecer a Extremadura, el país que nunca se acaba. Barrancos

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