El líder fue el Cacereño

El Don Benito se deja sus opciones de llegar al primer puesto y, en medio de un caos arbitral, cede ante un equipo entregado al estado de gracia de sus atacantes

MANUEL-M. NÚÑEZ

El Don Benito vino a Cáceres a por el liderato y se fue trasquilado por un Cacereño que tuvo mejor trato con el balón, y sobre todo mayor pegada. Su línea atacante, con Massoni clarividente y Sergio casado con la inspiración, fue un tormento para la retaguardia de Agustín Izquierdo. Toni, de nuevo goleador, apareció lo justo para liderar un triunfo que reivindica al Cacereño ante quienes le auguraban el desastre.

Ni la entidad ajena ni la condición de cita de altura cambió el diseño de Nacarino en los locales. El Cacereño es un soplo de aire fresco con su fútbol desinhibido y abierto, de máximo riesgo pero comprometido con el tono ofensivo que siempre ha proyectado su entrenador. Ayer no fue diferente. Cuando le llegó su hora, supo aprovecharlo con una eficacia digna de los grandes. Toni y Sergio catapultaron a su equipo hacia el cielo en un primer tiempo que dejó a los dombenitenses con la cara que se les queda a quienes hacen casi todo lo que está en su mano y se llevan un resultado catastrófico.

En ello tuvo mucho que ver la puesta en escena de un rival que enseña dos caras complementarias y engañosas a la vez. Su juego es abierto, de tiralíneas a veces. Tiene de medio campo hacia arriba futbolistas capaces para dominar el ritmo y adueñarse de balón. Cuando el contrario controla y le busca la espalda, surge el miedo. Y sufre. Se pone por delante, pero acaba 'aculado' en su portería. Así fue contra el Valdivia, contra el Cerro y contra el Díter. Ayer, con 2-0 a favor, volvió a suceder.

El regreso de Julio Cobos provocó un punto de nostalgia entre la animada parroquia cacereña. Un futbolista como él jamás debió despedirse de Cáceres. Ayer lo confirmó con varios detalles de calidad impropios, como su permanente batallar, de un jugador que se acerca como si tal a los 40. El partido se decidió en las cercanías de área contraria a la suya, la que defendía Pachi. Massoni, un jugador sacado de la agenda vieja de Pedro Rossi, volvió a emerger. Su jugada individual en la acción de primer gol fue para grabar en dvd y enseñarla a los meritorios una y otra vez. Se cansó de regatear rivales y se quedó sin el premio de gol por la estirada de Pachi. Apareció Toni en el territorio que mejor domina, el área chica, y definió. Gol y a otra cosa.

Trifulca y arbitraje

Descolocado, sorprendido y apabullado, el Don Benito vio como tras 485 minutos imbatido, el Cacereño necesitó sólo tres para marcarle dos goles y casi sentenciar. Sergio Sánchez puso sello de calidad en una acción de pura pillería, a la que dio el toque final para el 2-0. Ni la presión desde el área contraria, ni sus intentos por achicar espacios, ni Cobos, ni el oportunismo de Ordóñez. Ninguno de esos factores fue determinante. El Cacereño vivió de las rentas y se aplicó al contragolpe. El 2-1 de Cobos, en un penalti por manos en el área cacereña de puro misterio, animó al combativo Don Benito, pero el liderato ya andaba demasiado lejos.

El árbitro, el único elemento que no estuvo a la altura del encuentro, se perdió en su borrachera de tarjetas (hasta tres rojas) y se puso la venda en los ojos en plena batalla campal, tras una violenta entrada sobre Zalio que dio con Vilarchao en el vestuario. Hubo más, pero Nevado Rodríguez hizo vista gorda donde no le llegó la 'bono-loto' en que convirtió su arbitraje.