Al Forma le salva la campana

En un partido espeso, el equipo de Gustavo Montero logró ante el Fuentemar su primer triunfo casero, que peligró hasta el último instante

MANUEL-M. NÚÑEZ

Los sábados-tarde iban a ser una fiesta cada 15 días en el Multiusos y, de momento, se han quedado en un sinvivir. Los 500 espectadores que se reunieron ayer en el pabellón cacereño con la esperanza de asistir a la primera victoria casera de su equipo se retiraron al término del partido con el miedo metido en el cuerpo, en una perfecta fila de a uno o a dos ante la puerta principal y con el rictus de sufrimiento en la cara. Y todo ello en medio de un silencio desgarrador que revelaba el vía crucis del equipo de Gustavo Montero sobre el parqué y el de los propios aficionados en sus asientos. Hubo que dejar pasar unos minutos para creerse que el 3-2 que exhibía el electrónico era real. Tanto como que la fiesta aún se hace esperar.

Al Forma se le acumuló la presión que conlleva tener que sumar. Los encuentros en casa van camino de convertirse en un drama si los jugadores no sueltan lastre y se quitan el corsé de encima. A las cuestiones psicológicas se pueden añadir variantes puramente físicas. Hombres como Cassio, que se retiró lesionado, Coria, Barroso o el mismo Thiago andan lejos de la frescura necesaria para marcar diferencias. Al equipo le sobra responsabilidad y le falta desinhibirse, soltarse la melena de ese fútbol sala eléctrico, imaginativo y rápido que se presupone a una plantilla hecha para asumir retos importantes. Ayer, el Fuentemar -Virgili- de Cádiz sólo necesitó una pizca de fortuna (Rugama y Adri enviaron dos balones a la madera) para firmar otro sábado de luto para los cacereños. Con un equipo de la casa, cargado de ilusiones y de buena voluntad, Juan Carlos Gálvez tejió una maraña que enredó de tal manera a los futbolistas de Gustavo Montero que ni con el 3-1 hubo un solo espectador que respirase tranquilo.

La tarde ya arrancó con dificultades. El 0-1 de Francis fue un golpe demasiado duro para un grupo que no anda sobrado. Sin embargo, de las buenas intenciones del Forma tampoco quedan dudas. Raúl Rodríguez rompió la maldición de los postes y selló el empate a uno. Más tarde (minuto 17), José coló el balón en la portería de Juaki después de un centro envenenado de Thiago Paz. Apenas pasados cinco minutos, Cassio puso el 3-1 en contraataque. Iba para celebración y se quedó el asunto a medias. El Fuentemar tiró la casa por la ventana, colocó a Del Amor como portero-jugador, tuvo ventaja numérica y encontró premio a su dominio cuando quedaban menos de dos minutos. A falta de 12 segundos, Haro deshizo el posible empate de Adri con una de esas paradas que justifican un fichaje. Sonaba la bocina y el primer triunfo en casa era un hecho. Pero apelar a la campana resulta excesivo para una afición que sueña con disfrutar tranquila.