Fernando Alonso se ahoga en Fuji

Hamilton gana en el diluvio y asesta un golpe al Mundial después del accidente del asturiano

JOSÉ CARLOS CARABIAS
El coche destrozado del piloto español Fernando Alonso (McLaren-Mercedes) es retirado de la pista. / EFE/
El coche destrozado del piloto español Fernando Alonso (McLaren-Mercedes) es retirado de la pista. / EFE

«Llueve, sí, pero llueve más que en Nurburgring». La profecía del agua bendita se transformó en calamidad y desdicha para Fernando Alonso. En apenas tres horas, el tiempo que transcurrió desde esa afirmación del piloto hasta el desenlace de la carrera en Fuji, el planeta de la Fórmula 1 reordenó el escalafón, estableció nuevas prioridades y desbancó de su mirilla a Oviedo para dirigirse hacia Londres. Lewis Hamilton asestó un golpe terminal, de aspecto definitivo, al Mundial.

Alonso se ahogó en el monte nevado de Japón durante una carrera descoyuntada por el agua, gobernada por el caos, incontrolable salvo para Lewis Hamilton. El español estrelló su McLaren en la vuelta 41 por un charco y el inglés fue el primero de principio a fin. Con doce puntos de ventaja y dos carreras por delante, será campeón el próximo domingo en Shanghai si queda por delante de Alonso.

Salvo mejor disposición del mando a distancia de Bernie Ecclestone, una especie de gran hermano que parece controlar todo lo que sucede en la Fórmula 1, el Mundial se decide, en efecto, por pequeños detalles. Sucedió el año pasado en este lado del mundo. Venía Michael Schumacher con la aspiradora, rebajando la ventaja de Fernando Alonso como un tiburón atrapando boquerones. Cogió el maillot amarillo en China y lo defendió por primera vez en Japón. Faltaba sólo una carrera, iba en cabeza y el motor de su Ferrari dijo basta por primera vez en seis años, bajo el puente del parque de atracciones de Suzuka.

Alonso competía más apurado ayer que el alemán hace un año, con la fuerza moral de su remontada, pero sin la prestancia que otorga el liderato. Y abdicó ayer en la hendidura que dibuja el circuito nipón al otro lado de la recta de meta. Claudicación en el muro de la curva 100R, a medio camino de la ostentosa frenada del giro Hairpin, dos apelativos que para siempre quedarán registrados en el disco duro del asturiano.

La imagen fue la cortina acuosa, esa bruma confusa de la cámara portátil en la toma de refrigeración del McLaren a punto de estamparse contra la piedra. No hubo registro documental de la secuencia completa, sino la plasmación parcial en imágenes. Alonso patinó en un charco, perdió el control de su monoplaza y el MP4/22 fue carne de desguace.

Una furgoneta blanca recuperó a Schumacher de la soledad, antes de recibir el calor de un garaje destrozado. Alonso quedó pensativo frente a una valla, antes de subir a una moto, saludar desganado al público y llegar sudoroso al pabellón de McLaren, donde le esperaba una ducha caliente, el uniforme oficial de McLaren para las entrevistas y su séquito privado. Su pareja, Raquel, su preparador Fabrizio Borra y su representante Luis García Abad. Sin televisión en el camerino, no vio el desenlace.

No hubo salida entendida

Y sucedió que Hamilton gestionó con mano firme una carrera caótica, que había arrancado de forma caprichosa. No hubo salida entendida como tal, semáforo rojo y todos a escape hacia la primera curva. La lluvia decretó una salida lanzada con el coche de seguridad en la 'pole' y un pelotón de monoplazas a medio gas. Y así durante veinte vueltas, en procesión sin cambios.

Lo que vino a continuación fue una sinfonía de sobresaltos en montaña rusa. Salidas de pista, colisiones en plan coches de choque, fuego en los repostajes, coches sin alerones y el bólido dañado de Alonso en un apéndice aerodinámico después de impactar contra Vettel. Hamilton no se libró del estrés: percutió contra Kubica y casi se estrella contra Vettel y Webber.

El resumen de la locura se plasmó en la jornada laboral de Raikkonen. Pasó último por la vuelta cuatro, detrás de todos, y subió al podio a una décima de su compatriota Kovalainen, brillante segundo en Fuji. Nadie inquietó ya a Hamilton a partir de la vuelta 46. El inglés tiene una cita con la historia.

Si Alonso y el destino no lo impiden el próximo domingo, puede ser el campeón del mundo más joven de la historia y el primero en ganar en su debut.