«Me muero papá, me muero»

El novillero cacereño Jairo Miguel, de 14 años, herido de suma gravedad en Aguascalientes (México). Su segundo novillo le corneó por el torax, le partió el pulmón izquierdo y le rozó el corazón.

REDACCIÓN|BADAJOZ
Momento donde el toro cornea por el torax al jovencísimo torero. |LANDIMIRAN@MEXICO.COM/
Momento donde el toro cornea por el torax al jovencísimo torero. |LANDIMIRAN@MEXICO.COM

El jovencísimo novillero cacereño Jairo Miguel, de tan solo 14 años de edad, se encuentra en estado de máxima gravedad en un hospital de la localidad mexicana de Aguascalientes, donde el domingo por la tarde sufrió una espeluznante cogida cuando lanceaba a su segundo novillo. Nada más producirse el percance los más de dos mil aficionados que presenciaban el espectáculo se dieron cuenta de la gravedad de la cornada. Jairo quedó tendido en el suelo, sin apenas fuerzas para levantarse. Socorrido por sus compañeros y su propio padre, el ex matador de toros Antonio Sánchez Cáceres, fue llevado a la enfermería entre los gritos de dolor del herido.

Cuentan las crónicas de los medios especializados mexicanos que cuando Jairo Miguel entraba en la enfermería cogido a la mano de su padre le dijo: «Papa, me muero».

El crítico taurino Juan Antonio de Labra narró así lo acontecido en su crónica: «El novillo metió hasta la cepa del pitón poco más abajo de la boca del estómago, campaneó por largos instantes al novillero quien cayó boca abajo en la arena, mientras el astado seguía su viaje natural. Inerte quedó unos instantes hasta que las asistencias llegaron a auxiliarle y al momento de levantarle se dio una profusa hemorragia que le salía del abdomen».

«El burel, que seguía galopando a lo largo del anillo, provocó que la debida asistencia al novillero fuera un caos, e incluso el propio torero se levantó e ingresó al callejón por un burladero, en ese momento un desgarrador grito calló las voces de las poco más de dos mil personas asistentes. No es metáfora, respiraba por la herida y mientras su padre y un paramédico lo trasladaban a la enfermería de la plaza, lo único que se escuchaba era que me muero papá, que me muero».

Por su parte, Armando Landín Miranda, en su crónica del portal burladerodos.com explica con dureza la cogida del novillero extremeño: «Cuando Jairo Miguel se plantó de rodillas para dar una larga cambiada al octavo de la tarde, el drama de la fiesta irrumpió con una fuerza inusitada y se apoderó del espectáculo. El novillero cacereño no alcanzó a desviar lo suficiente la trayectoria de Hidrocálido que le enganchó por el pecho, llevándoselo varios metros por delante colgado de un pitón.

El rostro de Jairo tenía un rictus de dolor angustioso. Y todavía hizo un esfuerzo por levantarse y trató de refugiarse en un burladero. En la tronera del burladero consiguieron izar a Jairo. El joven novillero se quejaba tremendamente de la herida. Estaba lívido. Se notaba que aquello era grave porque un hilillo de sangre manaba por debajo del chaleco, a la altura del costado izquierdo. Las asistencias tuvieron que recorrer medio redondel por el callejón para conducirlo hasta la enfermería. Unos goterones de sangre quedaron en la arena.

Una cornada de esta magnitud siempre impresiona. Pero más aún tratándose de un chaval de 14 años de edad que llegó desde tan lejos a labrarse un camino como torero. El percance de Jairo sirve para recodar que la Fiesta tiene una fuerza tremenda; que es un espectáculo donde la vida de un hombre pende de un hilo. Y todo ocurrió en segundos, cuando parecía que el extremeño iba a remontar una primera faena de mucha importancia, sobrevino este terrible desenlace.

Juventud y fortaleza

Los médicos que atienden al novillero confían en que su fuerza y juventud podrán sacarlo adelante de tan duro percance

Luego de una intervención de casi cuatro horas comandada por el doctor Ruiz Romero, el novillero extremeño Jairo Miguel se encuentra sedado y en el área de terapia intensiva del Centro Hospitalario de Aguascalientes.

La cornada fue muy fuerte y provocó que su pulmón izquierdo se saliera de la cavidad torácica; el pitón estuvo a dos centímetros de llegar a la aorta.

Al hospital han llegado decenas de amigos y toreros preocupados por la salud del joven novillero; su padre, el matador de toros Sánchez Cáceres, estaba acompañado del también matador Mario Sevilla y a la medianoche estaban ahí José Manuel Espinosa, José María Luévano y Álvaro Borbolla quienes venían de Jerez, Zacatecas y al enterarse por la radio fueron directamente al hospital. Más temprano estuvieron varios miembros de Tauromaquia Mexicana.

Los médicos que atienden a Jairo Miguel indican que le tendrán bajo observación durante 72 horas para conocer su evolución. El cirujano cardiovascular Alfredo Ruiz Romero explicó que la vida del joven novillero está en peligro. «Sí fue una grave herida en la que perdió mil 500 mililitros de sangre, tiene un orificio de entrada de ocho centímetros y laceró completamente el pulmón. El torero es muy joven y está estable, pero no podemos descartar una complicación, que esperemos no se presente», señaló el doctor. Sin embargo, se muestran optimistas, ya que dada la juventud y fuerza del chaval esperan se recupere satisfactoriamente.

Bautizo de sangre

En términos prácticos éste es el bautizo de sangre de Jairo, ya que anteriormente sólo había sufrido una fractura en la muñeca izquierda.

Su padre comentó que le dolía el hecho de que se hubiese tratado de una cornada tan fuerte y siendo apenas un jovencito.

Estuvo aseado en su primero

Un aire enrarecido venteaba en la novillada inaugural en la que además del extremeño, torearon el colombiano Ricardo Rivera y los locales José Manuel Montes y Mario Aguilar, quien a la postre fue el único que cortó oreja.

Jairo había estado muy aseado en su primer novillo, de la ganadería de Chinampas, voluntarioso con el capote y ágil con las banderillas y pese a no tocar pelo, la gente entendió la faena del espigado joven y lo premió con una salida al tercio.

Necesitado de triunfos y contratos el hijo del matador Sánchez Cáceres salió dispuesto a entregar su vida, y en el afán de triunfo no midió los terrenos de Hidrocálido, pues quedó en el viaje natural del novillo y aunque quiso cambiarle con una larga de rodillas, no lo pudo lograr.

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