Hoy

Año bisiesto y nefasto en San Isidro

Mujeres en la central frutícola de la sociedad. :: F. h.
Mujeres en la central frutícola de la sociedad. :: F. h.
  • La tormenta del 6 de julio, llevó a que sólo se entregara el 65% del tomate contratado a inicios de la campaña

  • La cooperativa villanovense facturará menos por culpa del mal tiempo y las fluctuaciones comerciales

villanueva de la serena. Dice el refrán «año bisiesto, ni viña, ni huerto, ni pan en el cesto». Pues bien, parece que en este 2016, que vino con un mes de febrero de 29 días, el dicho le ha venido como anillo al dedo al campo, a la vista del balance que ha realizado la cooperativa agrícola San Isidro de Villanueva de la Serena y que comparten la inmensa mayoría de agricultores villanovenses.

En estos días, algunos de los socios de la cooperativa están dando los últimos coletazos a la cosecha del arroz, sin embargo donde más se ha hecho notar este rocambolesco año ha sido en el cultivo estrella de la cooperativa, el tomate.

La climatología ya perjudicó mucho en el inicio de campaña, no pudiendo hacerse las labores como es debido. Incluso muchos agricultores no pudieron plantar los tomates en su fecha por no poder entrar en las explotaciones por el barro. Sin embargo, la inesperada tormenta sufrida a principios del mes de julio, resultó mortal para dar la puntilla al año agrícola.

Día fatídico

El presidente de la cooperativa San Isidro, Fermín Suárez, llegó a calificar de «día fatídico como no se recordaba nunca» el pasado 6 de julio, cuando al granizo y la abundante agua se sumaron los vientos huracanados.

Francisco Gómez, gerente de la cooperativa, recuerda que efectivamente la campaña de tomate «arrancó con ciertas dificultades en los trasplantes, pero a finales de junio se vislumbraba una situación del cultivo bastante normalizada». La contratación fue de 150 millones de kilos de tomate, con 1.700 hectáreas plantadas por 110 agricultores. Un contrato que se repartió entre las industrias Transa de Villanueva, que firmó el 77%, mientras que Tomates del Guadiana, de Santa Amalia, se quedó con el resto.

Sin embargo, la tormenta del día 6 de julio arrasó 500 hectáreas de tomate, además de otro buen número afectadas en menos porcentaje, lo que originó que las entregas finales supusieran sólo el 65% del total contratado.

Tras los daños y las pérdidas, llegó el tira y afloja con Agroseguros. A día de hoy, el gerente de la cooperativa villanovense valora el resultado: «Tras unos inicios en las peritaciones desalentadores, la realidad es que finalmente Agroseguros realizó una evaluación los siniestros con un resultado final razonablemente satisfactorio».

En este caso, la evaluación de pérdidas, cuantificadas simplemente en la merma de facturación ascendió en el tomate a 4 millones de euros. Si a esta cifra se suma la afectación, principalmente en maíz, con 100 hectáreas arrasadas, la cifra anterior se incrementa en 200.000 euros. En definitiva, unas pérdidas que se cifran en torno a los 4,2 millones para la cooperativa.

Y si pinchó en el tomate, la cooperativa agrícola villanovense, que cuenta con central frutícola propia, se tuvo que agarrar a la fruta para enderezar algo el rumbo. Y todo ello, pese al difícil arranque de la campaña: «En cuanto a la fruta, tuvimos un primer tercio de la campaña muy conflictivo, con problemas de calidad en la fruta, originados por la climatología, lo que originó merma de kilos y de precio en este primer tramo. Sin embargo, en el tramo medio y tardío tuvimos un mejor comportamiento en calidad y mercado. Por ello, se vislumbra una campaña similar, en medias generales, a la del año pasado, salvo el primer periodo».

En este caso, la cooperativa San Isidro tiene en producción 300 hectáreas, de las que se han entregado en su central 6,5 millones de kilos. El 40% de ciruela y el 60% entre melocotón, nectarina, paraguayos y algo de albaricoques.

En relación al maíz y el arroz, por cuestiones metorológicas también, «los rendimientos no están siendo buenos, todo ello unido, dentro del ambiente general del mercado de cereales, a la bajada de precios, que ponen a estos cultivos en una situación de rentabilidad nula o muy pequeña». En este caso, dado el incremento que hubo esta campaña en tomate, las hectáreas de maíz de la cooperativa se redujeron a poco más de 300 y en arroz está estabilizada en el entorno de las 200 hectáreas.

Por último, respecto al cereal de invierno, como trigo, cebada, habines., ha tenido en la cooperativa un comportamiento normal en cuanto a rendimientos, lejos de la euforia generalizada que hubo en las mejores campañas de los últimos años y que quizás se ha dado en otras zonas y países. Por el contrario, como apunta Gómez, «el nivel de precio es muy malo, lo que pone a este cultivo por debajo de los costes».

Año malo

Ante estos datos, Francisco Gómez es claro a la hora de sentenciar al año agrícola para la cooperativa: «Sin acudir al tópico de año bisiesto, es verdad que este 2016 agronómicamente, en el enclave geográfico de nuestras explotaciones y en base a los cultivos que manejamos, hay que calificarle de malo». Y es que los siniestros climatológicos y las fluctuaciones comerciales, harán que la merma en la facturación sea importante. El último ejercicio económico se cerró con una cifra de negocio de 25,7 millones de euros, una facturación que este año bajará considerablemente.

De lo que no cabe duda, es que la cooperativa agrícola San Isidro es uno de los motores económicos de la ciudad. No en vano, cuenta con 175 socios, una cifra que está estabilizada. En este sentido, Francisco Gómez lamenta que no se esté completando de la mejor manera posible el relevo generacional: «No nos estamos rejuveneciendo todo lo que deberíamos. Por otra parte es lógico, dada la enorme dificultad en la incorporación de los jóvenes a la actividad agraria, sobre todo si han de partir de cero, que es prácticamente imposible en ese caso. Vamos teniendo incorporaciones de la nueva generación que se va acoplando a la explotación, ya en marcha y consolidada por parte de los padres. De hecho, en algunos casos conviven incluso socios de dos generaciones, llevando la explotación conjuntamente, hasta que a medio-largo plazo cogen los más jóvenes totalmente el testigo. Creo que no es suficiente la actuación de las administraciones, aunque se destinen recursos para la incorporación de jóvenes. En la práctica, no está siendo efectiva».