hoy.es
Miércoles, 22 octubre 2014

1.609.691 lectores. Datos marzo 2014 comScore

claros
Hoy 7 / 20 || Mañana 9 / 17 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
«La vida es inverosímil»

FEDERICO MAYOR ZARAGOZATODA UNA VIDA

«La vida es inverosímil»

Hijo de un empleado de zapatería, ha tratado a los grandes líderes mundiales. Asegura que se siente ciudadano del mundo y que su mayor preocupación es el ser humano

30.03.14 - 00:27 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios

Cuando tenía doce años, Federico Mayor Zaragoza (Barcelona, 1934) recibió dos consejos de su madre: «La vida hay que vivirla intensamente; ya descansaremos cuando muramos», fue uno. Y el otro, «si quieres ser feliz, no aceptes nunca lo que creas que es inaceptable». Durante casi siete décadas, los ha seguido a rajatabla. Ha vivido con una intensidad inusitada, desarrollando una amplia labor investigadora y docente y tomando parte muy activa en la política, entendida como el arte de tratar de resolver los problemas de la sociedad y del mundo. Ahí están su paso por la Unesco, que dirigió en una etapa especialmente compleja, y por un puñado de organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos en el más amplio sentido del término. Y se ha negado a dar por bueno lo inaceptable. Lo demuestra sumándose a campañas de denuncia de situaciones que considera injustas o mostrando su indignación ante el rumbo tomado por un capitalismo que se ha olvidado de las personas para servir solo a ese concepto engañoso y deshumanizado que es el mercado. Mayor Zaragoza tiene su agenda repleta desde que se levanta, a las seis de la mañana, y toma un desayuno muy ligero que siempre incluye un chocolate, hasta que da por concluida su jornada de trabajo, bien avanzada la noche. Pero no se olvida de lo fundamental. Lo dice sentado en su austero despacho de la Fundación Cultura de Paz, en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid de la que tanto tiempo ha sido catedrático: «Ahora todos tenemos que sacar más tiempo para pensar. Hay muchos asuntos de la realidad española y mundial que requieren pensar. Las soluciones vendrán desde abajo». Habla el hijo del empleado de una zapatería que durante muchos años se ha codeado con los más poderosos del mundo.

- Nació en Barcelona, pero en Granada lo consideran de allí.

- Amo Granada y Andalucía entera. Fui allí donde me nombraron catedrático y nos enamoramos de la ciudad. Andalucía es el arte de la amistad. Tenemos una casita en Salobreña, aunque ahora debemos pedir permiso a las nietas para ir... (se ríe)

- Usted estaba emparentado con un ministro de la República.

- Sí, el hermano de mi abuela era Marcelino Domingo, que fue ministro de Instrucción Pública con Azaña. Después de la Guerra Civil, mi familia, que era republicana, lo pasó muy mal. Un enfrentamiento fratricida es un disparate. Creo que de ahí, de aquellos años, viene mi aversión a la violencia. Pero guardo un buen recuerdo de entonces: el de los estupendos maestros que tuve. La calidad de la educación depende de ellos: de que haya personas que formen seres libres y responsables. Lo de saber inglés o no, que tanto se discute ahora, no es el problema.

- Procede de una familia modesta cuya situación cambió radicalmente. ¿Qué sucedió?

- Mi padre pasó de empleado de una zapatería a director de la empresa que fabricó los primeros antibióticos en España. Lo que sucedió fue que él y un grupo de médicos y farmacéuticos trajeron la penicilina. Empezaron en 1947 en Barcelona y en 1949 la empresa ganó un concurso nacional y toda la familia se trasladó a Madrid. La situación económica mejoró muchísimo, claro, pero mis padres siguieron siendo personas de gran modestia.

- En Madrid estudió Farmacia pero pronto desvió su interés hacia la Bioquímica. ¿No se veía preparando fórmulas magistrales en la rebotica?

- Me matriculé en Farmacia porque solo en esa facultad se podía estudiar Bioquímica como disciplina y, por otra parte, a mí siempre me había interesado saber cómo somos. La ciencia tiene como objetivo paliar o evitar el sufrimiento humano. Por eso los científicos estamos bien vistos. En 1956 visité un centro para niños con enfermedades mentales irreversibles, que en su mayor parte se habrían podido evitar. Por eso, años después, propuse un plan para prevenir muchos de esos males.

Un 'rojo' en el franquismo

Fiel al consejo de vivir con intensidad, se doctoró a los 24 años, a los 29 era catedrático en Granada y a los 34, rector de aquella Universidad. Entonces, comenzó una carrera política en las Cortes franquistas que parecía del todo improbable para alguien cuyos vínculos familiares con la República eran notorios. Mayor Zaragoza se arrellana en su sillón y explica con detalle cómo se sintió cuando, en calidad de representante de la Universidad, se sentó en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, rodeado por franquistas, muchos de los cuales no destacaban precisamente por su aprecio a la cultura.

- Mi padre me preguntó cómo podía ser aquello, y lo cierto es que yo me sentía muy extraño. Sin embargo, ya entonces estaba convencido de que las soluciones siempre vienen de dentro, no de fuera. Suárez y Gorbachov desmontaron los sistemas desde dentro.

- ¿Nunca tuvo problemas?

- En tres ocasiones me llegaron a dar unas horas de plazo para que dejara el cargo de rector, por rojo. En Granada, tomé decisiones inesperadas, que es la forma en que se desmontan las cosas que hay que desmontar si existe una gran resistencia a hacerlo. Cuando se está en un cargo, hay que hacer lo que se considera necesario, aunque eso dé problemas. Los grandes cambios los hacen quienes conocen en profundidad los temas y las organizaciones.

- Fue ministro de Educación con Calvo Sotelo durante un año. ¿Había en aquel Gobierno sensación de provisionalidad, de que estaban allí solo para entregar el poder a los socialistas?

- Teníamos esa sensación y muchos lo deseábamos. Un Gobierno del PSOE era la prueba de que la Transición era posible. Antes de aquello, cuando nombraron a Suárez, yo no le tenía una simpatía especial. Pero enseguida me di cuenta de su capacidad de convencimiento.

- ¿Por eso aceptó ser su asesor?

- Me llamó para que fuera como número 1 de UCD por Granada. Le dije que no iba a seguir unas pautas de partido y él me garantizó mi independencia y me ofreció incluso formar la lista con las personas que quisiera. Luego, tras la victoria electoral, hubo presiones de los 'barones' para que no me diera la cartera de Educación que incluso había anunciado y me nombró primer consejero del presidente. Yo iba a clase, me pasaba el día en la Autónoma y a las seis de la tarde me encaminaba a La Moncloa. Allí vi lo difícil que es hacer una Constitución cuando muchos ciudadanos creen que a un militar debe sucederle otro.

Ideas en evolución

Fueron años en los que asistió en primera fila al devenir de la Historia, así, con mayúscula. España dejaba atrás una dictadura paseando con frecuencia por el borde del abismo, liderada por un político que, como el general De la Rovere, se creyó su propio papel y lo ejecutó mejor que si no fuera una actuación. Lo ha visto al menos dos veces. La primera con Suárez, devorado por los suyos nada más acabar su tarea y, hasta su muerte, abocado al olvido de la sociedad que tanto le debía. La segunda, con Gorbachov. «Un día, en mi casa de París, me dijo que ya lo había hecho todo, pero que su esposa le pedía que se presentara a las elecciones en Rusia. Le recomendé que no lo hiciera porque no puede estar en el poder quien ya está en la Historia. A Suárez le había pasado a lo mismo». Lo dice con una cierta amargura. Suárez y Gorbachov aparecen muchas veces en la conversación. Tantas que es muy evidente que son dos personalidades políticas por las que siente gran admiración.

- A Gorbachov lo conoció durante sus años como director general de la Unesco. Muchos dicen que esos años en París cambiaron de manera muy notable su forma de pensar, que allí se hizo usted de izquierdas. ¿Lo ve así?

- Sucedieron dos cosas: hubo un cambio personal y una percepción distinta de lo que sucedía en el exterior. Mientras fui rector, por ejemplo, tenía que medir mucho las palabras. Cuando regresé de la Unesco, las cosas habían cambiado, y las ideas que tenía podían expresarse de forma mucho más fácil que en una dictadura.

- Fue una etapa crucial de la política en el mundo. ¿Cómo lo vivió?

- Fueron unos años en los que, por un lado, todo parecía encaminarse hacia la paz: la caída de la URSS y el telón de acero, el fin del 'apartheid', la conclusión del conflicto en El Salvador y las primeras negociaciones en Guatemala... El sueño de un mundo guiado por la convivencia y la dignidad estaba al alcance de la mano.

- Pero no fue así.

- No, porque Reagan y Thatcher lo cambiaron todo. Entonces, yo me radicalicé un poco. O un mucho. Occidente aceptó un neoliberalismo guiado por unos pocos países: ahí están el G-6, el G-8... Es un disparate que hayamos aceptado que unos países manden sobre otros. Frente al sueño de unas naciones libres, con derechos, unos pocos países mandan y se ceden los derechos al mercado. Nos están engañando. Hoy mismo, en lugar de defender la democracia estamos dando vueltas mientras el poder ejecutivo manda sobre el legislativo y el judicial.

- ¿Cómo encontró España después de doce años al frente de la Unesco?

- En plena burbuja neoliberal. Se privatizaba todo, se construía aún más y encima estábamos orgullosos de ello.

- ¿Se sintió desarraigado durante ese tiempo fuera de su casa y su país?

- Siempre me he sentido ciudadano del mundo. Lo que me preocupa es el ser humano y hoy los problemas son globales. Padecemos una situación de desigualdad total: cada día se gastan 4.000 millones de dólares en armas mientras mueren miles de personas por carencias de todo tipo. Es preciso configurar una ciudadanía mundial y crear la conciencia de que todo lo que pasa en el mundo nos concierne. La responsabilidad de cada generación es sobre la siguiente. Por eso me pregunto cómo hemos sido tan tontos de callarnos ante la proliferación nuclear, por ejemplo, mientras tanta gente muere de hambre.

Sueños y afanes

A medida que la conversación se adentra en la actualidad, Federico Mayor Zaragoza pone más pasión en sus palabras. Su carrera está jalonada de éxitos pero prefiere mirar al futuro más que al pasado, antes a los problemas actuales por resolver que a los logros ya superados. Expone con detalle iniciativas que podrían convertir a España en la California europea: «Con un pacto ibérico, tendríamos cuatro archipiélagos y un gran potencial». Pero eso es una utopía a largo plazo. En cambio, hay problemas mucho más inmediatos.

- ¿Qué opina un catalán del proceso abierto por la Generalitat?

- Soy muy catalán, muy andaluz y muy español. Lo único que detesto es el nacionalismo españolista que no reconoce la pluralidad del país. Me preocupa el mundo porque me preocupan mis nietos y biznietos.

- ¿Qué se está haciendo mal?

- Tantas cosas... Fíjese, qué urgencia por acabar con el déficit y pagar la deuda. ¿La deuda y el déficit de quién? El Gobierno aprueba una amnistía fiscal, pero qué disparate. Habría que decirles que no los queremos.

- ¿En la ONU deberían sentarse también las multinacionales?

- A mí los empresarios me encantan. Son gente que sabe usar el conocimiento, y eso es extraordinario. Eso sí, estoy en contra de los empresarios que ganan dinero y no cumplen con sus obligaciones. En cuanto a su pregunta, yo tengo un sueño sobre eso: refundar la ONU añadiendo un consejo medioambiental y otro socioeconómico, y una asamblea general con una mitad de estados y la otra mitad compuesta por empresas, instituciones, ciudadanía, sociedad civil, etc.

- Acaba de hablar de sueños. Además de ese proyecto político, ¿cuál es su sueño particular, para su propia vida?

- Seguir defendiendo estos valores. Antes no podíamos luchar por los valores éticos; ahora sí, y hay que hacerlo. Estamos en un momento fascinante de la Historia. Podemos decir que ahora mandamos los pueblos. Podemos tomar muchas medidas.

- ¿Cómo cuales?

- Veamos un ejemplo: la droga. Podemos autorizarla y decir a todos 'ojo, que es mala'. Pero como está asociada a un negocio formidable que de esa forma se debilitaría mucho, no se hace. Podemos acabar con los paraísos fiscales. El G-20 dijo que los iban a quitar, pero están colmados. Mire Suiza: no puede ser que haya un país al que vayan todos los insolidarios del mundo. Cuando miro los ojos de mi biznieta, me convenzo de que hay que seguir. La vida es inverosímil y también podría serlo la muerte. Me gustaría que algunos aprendan de lo que una vez vi en una capilla cerca de Montpellier.

- ¿Qué fue?

- Una leyenda que decía: 'Las mortajas no tienen bolsillos'. No te llevas la riqueza al otro mundo. Por eso recomiendo a todos que hagan algo, aunque sea poco, que cada día tengan un gesto de solidaridad. Es como plantar semillas: lo importante es que crezcan, no que las veas crecer.

en Barcelona el 27 de enero de 1934. Es hijo de una familia modesta y está emparentado con un ministro de Instrucción de la República. Doctorado en Farmacia por la Universidad de Madrid.

Consiguió una cátedra en la Universidad de Granada en 1963. Fue rector de 1968 a 1972. Trasladado a la Autónoma de Madrid, fue cofundador y director del Centro de Biología Molecular.

Fue procurador en las Cortes por su cargo de rector. Luego, fue elegido diputado por UCD y más tarde europarlamentario por el CDS. Fue consejero del presidente Suárez, ministro de Educación con Calvo Sotelo y, tras un período como subdirector, director general de la Unesco durante dos mandatos, entre 1987 y 1999. Preside la Fundación Cultura de Paz, la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte y participa activamente en distintas organizaciones en defensa de los derechos humanos, tanto nacionales como internacionales. Ha publicado un puñado de libros sobre temas de su especialidad académica y diversos ensayos sobre paz y derechos, e incluso algunos poemarios.

«La imaginación al poder. Convenció a todos a través de la televisión».

«El disparate, la ambición hegemónica».

«Lo mismo, pero haciendo de acólito de Reagan. La Historia la enjuiciará».

«Un gran presidente de Francia y heredero de una visión que da un gran papel a su país en Europa. Su esposa Danielle era la insumisión. Me encantaba».

«Un presidente que no ejerció el poder que habría podido tener porque no se atrevió».

«El maestro de lo inesperado, y de la conciliación».

«El hombre que nunca se ha hincado. A quienes lo critican les diría que si se han puesto alguna vez en su lugar. Las palabras 'absoluta' y 'democracia' son incompatibles. No ha habido proceso de paz en América Latina que no haya tenido en él a uno de sus componedores».

«Fue capaz de comprender que solo el diálogo y la conversación eran vías de solución. También lo vio Rabin. Ambos estuvieron a punto de culminar la paz. Ya sabe lo que le pasó a Rabin: lo mismo que a Gandhi, John y Robert Kennedy, Martin Luther King y algunos más».

«Una persona que se desvivía por los demás».

«Ejemplar. En su 'hoja de vida' pone 'Empleada doméstica. Premio Nobel de la Paz'. Creo que eso lo dice todo».

TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
«La vida es inverosímil»

Federico Mayor Zaragoza, fotografiado en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid. :: JOSÉ LUIS NOCITO

«La vida es inverosímil»
Videos de Cultura
más videos [+]
Cultura

Hoy.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.