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Avanza el acuerdo entre Euskaltel y Alonso

CICLISMO

Avanza el acuerdo entre Euskaltel y Alonso

En una memorable subida al Angliru, el americano bate con 41 años a Nibali, puro orgullo de campeón derrotado

15.09.13 - 00:21 -
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Pálido y en el suelo, con sus canillas temblando, con la escasa pelusa de su calva chorreando, con movimientos lentos. Es un ciclista vaciado por el Angliru. Igor Díez Pereda, masajista del RadioShack, le coge. Se lo echa al hombro. Entre dos se lo llevan en volandas. Ni para andar le queda. Así, devastado, deambula por la cima el que esta tarde en Madrid ganará la Vuelta a España: Chris Horner.

¿En qué piensa un ciclista cuando la sangre le revienta las venas de la cabeza, cuando se retuerce en la paredes del Angliru, cuando ni ve la niebla, ni oye los gritos de aficionados que le pasan a pie? Ahí, con los ojos velados por el sudor, exprimiendo la última burbuja de aire, Horner pensó en su hijo de doce años. Delante, Nibali no dejaba de azotarle. Tiene orgullo de campeón italiano. Más aún: siciliano. Alguien así no se rinde. Nibali, hachazo va y viene, estiraba una cuerda invisible. Horner, cabeza rapada y fría, la recogía. Una y otra vez. En la general solo les separaban tres segundos. Lo que dura un pedacito minúsculo de Angliru, la cuesta del infierno. Y Horner pensando en su hijo, en que se sintiera orgulloso. «Esta primavera, cuando a punto estuve de retirarme por una lesión de rodilla, mi hijo me dijo que de eso nada. Que le gustaba ir al colegio y fardar de su padre ciclista. Que qué les iba a decir a sus compañeros si yo lo dejaba», contó Horner en la meta. «Me motivaba eso, que mi hijo se sintiera orgulloso». Hoy lo estará. Mañana, de vuelta al cole podrá contar que su padre ha ganado la Vuelta.

El Angliru tuvo ayer dos edades. La de un niño, el francés Kenny Elissonde, ciclista de rostro infantil que se quedó la etapa con apenas 50 kilos de peso y 22 años recién cumplidos. Y la de un ciclista viejo, Chris Horner, que ha vivido el doble que Elissonde. A los campeones les talla la entidad de sus rivales. Y ayer, en el Angliru, Nibali hizo grande, enorme, la victoria que hoy celebrará en Madrid Horner, el primer estadounidense que gana la Vuelta, el primer ciclista que con casi 42 años pone su nombre a una gran ronda. El deportista que ha detenido el paso del tiempo.

El Angliru, ya se sabe, está a disposición solo de los mejores. Con Horner y Nibali separados por ese suspiro de tres segundos, la etapa salió zumbando desde Avilés. Era la última pelea en la montaña. El juicio final. Nibali, Valverde y 'Purito' colocaron a sus lanzadores en la fuga. Detrás, Horner puso al RadioShack al control, ayudado por el Euskaltel, que no había metido ni a Antón ni a Nieve en la escapada. Hasta ahí todo era táctica. El Angliru invalidó todas la teorías. Ni siquiera el vértigo del descenso del Cordal dijo nada. Era un día para el infierno. De la fuga, Elissonde, un parisino angelical, liviano e inquieto como una ardilla, fue el único que soportó la tortura. Es un pájaro. Alado. De los casi cinco minutos que ahorró antes del puerto, solo le sobraron 26 segundo. Suficiente para echarse las manos a la cabeza, incrédulo, y cruzar primero la niebla de la meta.

Detrás retumbaba la guerra. Coches, motos, ciclistas y público se mezclaban en la bruma. No cabían. El Angliru es así, el puro infierno. El Katusha de 'Purito', ya pasado el pueblo de Riosa, tensó las aletas de la nariz y apretó. Dani Moreno, con las manos engarfiadas en la parte baja del manillar, lo dio todo. A su espalda, cada sombra iba con su plan. 'Purito' aún quería soltar un órdago. Valverde, de reojo, le miraba. Son amigos, pero el Angliru no sabe de eso. Valverde no le iba a regalar a 'Purito' el tercer cajón del podio. En eso andaban cuando, nada más toparse con el primer muro, Nibali soltó un redoble de pecho. Hasta la bufanda de bruma se abrió para verle. Tenso, con la venas tejiéndole la piel. Tiene en esta Vuelta las piernas demasiado usadas tras su victoria en el Giro, pero es Nibali, el 'Tiburón'. El orgullo le propuso ir más allá del límite. El sello del campeón. El alma.

Así se marchó a seis kilómetros. Esa distancia en un abismo en el Angliru. Horner, siempre de pie y a unos metros, controlaba sus latidos. Era líder por tres segundos y Nibali le quitaba ya nueve. Duelo para la historia. Emocionante. Incierto. ¿Y si las bonificaciones en el Angliru deciden la Vuelta? Las emisoras de los directores relataban su histeria. Y en ese tumulto, ¿en qué piensan los ciclistas? Horner, ensimismado, recuperó aquella vieja conversación casera con su hijo. Por él. «Eso me ha motivado», confesó emocionado. Pero sin perder nunca la calma. Emoción gélida. Como su cara de maniquí. Recogió la cuerda que le separaba de Nibali. El italiano no cejó. Otra vez. Rabioso, se tragaba a bocados la niebla. Horner volvía a atraparle. El Angliru era un atasco. Lo de siempre. Y Nibali casi se dio contra un coche. Más rabia siciliana.

Pero ni eso le bastó. Horner le desbordó, le anudó el cuello con un ritmo a juego con el Angliru, infernal. Y se metió en la cortina gris. La descorrió para alcanzar la cima con 28 segundos sobre Nibali y Valverde, los dos que hoy le acompañarán en el podio. Al bajarse de la bici se desplomó, blando. Tuvieron que alzarle. Besó al masajista y, sin fuerzas para hablar, levantó las dos manos: en una sacó cuatro dedos, en la otra, solo uno. Cuatro y uno: 41, la insólita edad del ganador de esta Vuelta.

Al final no apareció Fernando Alonso. El equipo todavía no es suyo, aunque casi. La negociación avanza, aunque más lento de lo previsto, y el acuerdo no ha podido cerrarse este fin de semana, pero las dos partes tienen la voluntad de llegar a un entendimiento en los próximos días. Lo necesitan para iniciar la construcción de la nueva escuadra. «La negociación avanza. No hay peligro de ruptura. Es solo que todo hay que hacerlo casi a contrarreloj y quizá dure uno o dos días más de lo previsto», aseguran desde el equipo naranja. El nuevo Euskaltel será de Alonso.

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Horner, en pleno esfuerzo en la subida al Angliru, con Nibali a su estela. :: REUTERS

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