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Extremadura se queda sin niños

23.06.13 - 00:30 -
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Extremadura se queda sin niños
Evolución de la natalidad en Extremadura 1975-2012 | GRÁFICO: MARCOS RIPALDA

El ginecólogo Carlos Llamas cuenta que hace treinta años, en una de sus guardias en un hospital de Badajoz atendieron 39 partos. La media hoy en el hospital Materno Infantil, centro de referencia a nivel regional, es de 6,9 alumbramientos al día. El salto ilustra a la perfección la evolución de la natalidad en Extremadura y también en España en las últimas décadas.

Los indicadores demográficos de la población española, dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística esta semana, indican que nuestra comunidad, junto a Madrid, Castilla-La Mancha y Cantabria, ha registrado uno de los mayores descensos en número de nacimientos (superior al 5%).

Echando la vista atrás, la bajada es todavía más vertiginosa. En 1975 nacieron en Extremadura 16.287 niños, mientras que en el último año finalizado (2012) vinieron al mundo 9.418 extremeños. Una caída del 42% que esconde una realidad social y económica poco alentadora, según los expertos consultados por HOY.

Ellos parecen tener claras las claves de esta tendencia. Mané López Rey, profesora de Sociología de las Relaciones de Género y la Familia en la Universidad de Extremadura, reconoce que la crisis ha sido un factor decisivo, pero insiste en que en realidad hace años que la pauta de natalidad es baja en Extremadura y en España. «Ese descenso está directamente relacionado con el desarrollo, que a su vez está marcado por muchos factores: tiene que ver con la inmersión de la mujer en el mercado laboral, con que la mortalidad infantil es mucho más baja, casi nula, con la planificación familiar, con la secularización de la sociedad...», enumera la socióloga.

Sin embargo, puntualiza que a mediados de la década de 2000 eso se revirtió gracias a la llegada de las inmigrantes. «Ellas tienen una pauta de natalidad muy diferente a la de las mujeres españolas, por eso yo creo que el descenso de ahora está relacionado con la crisis y su regreso a sus países de orígen».

Añade también que la sociedad del bienestar ha contribuido a que los hijos se planifican teniendo en cuenta otras cosas. «Hoy en día la gente no tiene 'los hijos que Dios le mande' como hace 50 años. Se tienen los hijos que se cree que se pueden mantener y además bien, sin que repercuta en el nivel de vida de la familia. Se tiene en cuenta a lo que se va a tener que renunciar: ocio, vacaciones... Calidad de vida y bienestar en definitiva si se tiene otro hijo».

Irene González tiene 33 años y un hijo de tres. Reconoce que ella y su marido están pensando en tener otro, pero confiesa que después se plantan. Desde su experiencia, es cierto que la cuestión económica tiene su peso a la hora de plantearse traer un hijo al mundo, pero para ella lo más determinante es la falta de tiempo.

«El ritmo de vida que llevamos es bastante incompatible con la maternidad. Los padres ahora nos implicamos mucho en la educación y la crianza de los niños y eso supone mucho más compromiso. Y claro, si todo va bien, y los dos miembros de la pareja trabajan, es complicado de compatibilizar con los horarios de los niños. Todo eso supone un desgaste personal importante. Por eso solo tengo un hijo, de momento», admite.

Esta pacense es un ejemplo claro del prototipo de madre de hoy en día. Universitaria y trabajadora, se planteó tener descendencia una vez se sintió más o menos instalada en el terreno laboral y eso retrasó la edad en la que finalmente decidió quedarse embarazada.

La edad media a la que las mujeres empiezan a tener hijos se sitúa en la actualidad en 31,6 años para el primer bebé, un dato que ha aumentado desde que empezó la crisis (era de 30,8 en 2008).

El ginecólogo Carlos Llamas asegura que esa es una realidad fácil de constatar si se visita cualquier planta de maternidad de un hospital extremeño. Sin embargo, no le deja de parecer llamativo. «Hace veinte años, si teníamos una primeriza de 27 años la denominábamos 'añosa' por considerarla ya mayor. Ahora sería joven comparada con el resto», subraya este veterano especialista.

La explicación de nuevo está relacionada con la actual situación económica. «Cuando mi madre tenía mi edad ya tenía tres hijos. Y también había estudiado una carrera, se había preparado unas oposiciones... Nosotros accedemos mucho más tarde al mercado laboral y eso lo marca todo. Nuestros padres tenían unas perspectivas de estabilidad laboral mucho más favorables que nosotros. Mi generación se siente mucho más amenazada por el paro. Ahora mismo hay muchas incertidumbres y da mucho miedo asumir el compromiso que supone la maternidad sin una estabilidad mínima. Sabes que en cualquier momento te puedes quedar en la calle y es difícil volver a encontrar otra cosa. Nuestros padres no tenían esos miedos», reflexiona Irene.

Teodora Castro, secretaria de la Mujer de CC OO en Extremadura, afirma que si una persona no tiene recursos y el Estado tampoco se los facilita, es complicado que se exponga a traer un niño al mundo. «Sobre todo porque no tienes unas mínimas garantías de poder darle una vida digna». «Los expertos dicen que los países que tienen mejores datos en natalidad resultan ser aquellos que tienen mayor índice de empleo femenino con políticas de conciliación y de corresponsabilidad», apunta Teodora Castro. Lamenta que en nuestra región esta máxima «no forme parte del acervo político».

Castro considera que las políticas 'pronatalistas' que se han llevado a cabo en los últimos años por sí solas no garantizan que la gente se anime a tener hijos.

La socióloga Mané López matiza esta afirmación. En su opinión las iniciativas planteadas contribuyeron en su momento a revertir la caída en el número de nacimientos. «Hubo gente con pocos recursos que se animó a tener hijos por el 'cheque bebé'. Personas que no se plantearían tenerlos ahora que no hay dinero de por medio», apunta.

Los datos le dan la razón. En Extremadura, en el primer año en el que el Gobierno de Zapatero instauró una ayuda de 2.500 euros por hijo, hubo un incremento significativo.

En base a estos datos, la socióloga señala que los incentivos económicos han demostrado empíricamente que son efectivos. «Es cierto que tal vez una ayuda económica cuando nace el niño es solo pan para hoy y hambre para mañana... Pero la realidad es que nacieron más niños en la época del 'cheque bebé'». También hay que tener en cuenta que cuando subió el número de nacimientos, 2007, la economía marchaba muy positivamente.

Pero no son solo las cuestiones económicas las que hacen que las mujeres extremeñas retrasen su maternidad o renuncien a ella en casos más drásticos. Mané López Rey también considera que la secularización de la sociedad ha sido determinante en este aspecto. «La sociedad es cada vez más laica. La Iglesia tenía muy inculcado a la gente el tema de la sexualidad reproductiva. Las relaciones tenían que ir encaminadas a ese fin. Sin embargo, hoy las cosas han cambiado. La sexualidad y la procreación están totalmente separadas», argumenta.

Cambio de roles

La sindicalista Teodora Castro incide también en cómo ha cambiado el papel que la mujer desarrollaba dentro de la familia y en la propia sociedad y asegura que eso ha influido en cuándo y cómo deciden convertirse en madres. «Mientras que nosotros éramos las cuidadoras y los hombres los sustentadores no había ningún conflicto ni social ni privado. En el momento en que eso cambia y las féminas adoptan un papel mucho más activo dentro de la sociedad, marcado por su acceso al empleo, es cuando empiezan las tensiones», constata.

Desde su punto de vista, si esa 'transformación social' hubiese estado acompañada por políticas sociales y económicas y de una red de servicios públicos potente, las familias contarían con la tranquilidad de saber que sus hijos están bien atendidos y no habría problemas.

Para Castro también es importante la consideración social que tiene convertirse en madre. «No solamente como una decisión individual, que ha de serlo, también como una cuestión de Estado, de manera se pongan los recursos necesarios para animar a los hombres y a la mujeres a tomar decisiones con un apoyo externo, que garantizaría que no va a suponer un sobreesfuerzo o una renuncia para ninguno de los dos. Porque ahora mismo lo es, sobre todo para la mujer», sostiene.

Irene González considera que ella ha sido muy afortunada. «No es que me facilitasen especialmente las cosas, pero tampoco me pusieron trabas. Yo pedí una reducción de jornada y me la concedieron. Está claro que legalmente no podían negarse, pero yo conozco casos en los que ha pasado. Pero para mí era importante contar con ese tiempo 'extra' para estar con mi hijo, porque ése no se recupera. Vamos a trabajar muchos años durante nuestra vida, pero la infancia de nuestros niños solo la vamos a vivir una vez», plantea.

En este sentido, Teodora Castro subraya que «la maternidad en el ámbito laboral sigue estando penalizada». Afirma también que la recesión económica ha agudizado ese problema. Lamenta que si bien siempre ha sido muy difícil que las afectadas denunciaran la situación, ahora es todavía más complicado.

«Aunque siempre han sido muy reacias, ahora es imposible que denuncien y menos judicialmente. Sin embargo recibimos muchas consultas sobre el tema... Pero se quedan solo en eso, en meras consultas. Por más que les decimos que jurídicamente tienen todas las de ganar porque los despidos relacionados con la maternidad son despidos nulos. Pero se puede asegurar que en estos momentos hay un repunte de mujeres que, tanto por quedarse embarazadas como por los permisos que se cogen una vez han nacido las criaturas, porque además solemos hacerlo siempre en lugar de nuestras parejas, ven peligrar su empleo».

Desde el punto de vista de la socióloga Mané López Rey, solo hay una fórmula para cambiar todas estas cuestiones y revertir la tendencia: invertir recursos en políticas que fomenten la natalidad apoyando a las mujeres y a las familias.

«Hoy en día la conciliación es solo teórica. Los hombres pueden coger permiso de paternidad, pero la realidad es que la mayoría no lo coge. De manera que no es una cuestión de legislar, hacen falta resolver cuestiones más prácticas como habilitar más guarderías. Y además, hay que ir al fondo del asunto: hay que concienciar y educar a las personas», sostiene.

fueron los años en los que estuvo en vigor el 'cheque bebe' y la ayuda autonómica

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